Emiliano Salazar recorre casi a diario el Páramo de Santurbán, un lugar que alberga más de 200 especies de animales, 400 de plantas y es hogar del cóndor, el oso de anteojos y miles de frailejones. Esta es su historia.
Emiliano es un hombre joven que vive en Berlín, Santander, en lo alto de la provincia de Soto Norte, y desde hace diez años trabaja como guía local. Hablar con él es escuchar a alguien que lleva el amor por su tierra en cada palabra. Su oficio nació de ese orgullo: de querer mostrar lo bonito de su región, pero de una manera distinta.

“Yo quería hacer un turismo diferente, un turismo responsable”, expone.

Uno en el que las personas no solo se lleven unas fotos o un buen recuerdo, sino también el conocimiento de dónde están, qué pueden hacer y qué no.
El recorrido que él lidera empieza con la calidez de la gente de Berlín. Después, los visitantes disfrutan de la gastronomía local: una trucha fresca o un cordero recién preparado. Luego comienza la caminata: pasan por el nacimiento del río Tona, el mismo que surte el 90% del agua de Bucaramanga. El camino termina en una zona del municipio de Vetas, donde las lagunas se abren paso entre la neblina, guardianas silenciosas de las reservas de agua del páramo.
Cuando se le pregunta por el futuro, Emiliano no duda. Sueña con que muchos jóvenes de Berlín sigan su ejemplo y encuentren en el turismo una forma de vivir. “Que se empoderen —dice—, para que el dinero que empiecen a generar se quede en nuestra región”.
Pero no todo ha sido fácil. Emiliano también levanta la voz por una causa que los habitantes de la zona han esperado por más de quince años: la doble calzada en la vía Bucaramanga–Cúcuta.

“Con una vía de doble calzada podríamos tener un mayor flujo de turismo y no habría tantos accidentes”, afirma.

Y no lo dice por casualidad. Apenas unos días antes de contar su historia, un accidente estremeció a la comunidad: en el kilómetro 57, sector de Berlín, un camión tipo turbo y un bus intermunicipal chocaron de frente y cayeron al abismo, dejando a los dos conductores heridos.
Aun así, Emiliano no pierde la esperanza. Sonríe al imaginar que, cuando por fin llegue la doble calzada, se construya también un mirador desde donde locales y visitantes puedan disfrutar de la vista, respirar el aire frío del páramo y tomarse una foto con Berlín de fondo.Porque para él, cada rincón de su tierra merece ser contado, cuidado y compartido.















