Durante un año, Luis Gómez dejó atrás a su familia en Santander para combatir en las trincheras de Ucrania. Expiloto de Policía, terminó convertido en mercenario, enfrentó drones, temperaturas extremas y el fuego ruso, y regresó a Colombia con recuerdos que todavía lo persiguen.

Publicado por: Hernando Rueda Hine
No hay país, por más bello, rico y culto (en Alemania cada casa tenía un piano y estaba llena de filósofos), a donde no llegue la violencia y la guerra. Desde la Guerra de Troya, donde la “alada muerte” llegaba, hasta aquí, en esta maravillosa tierra, esa guerra no se ha ido.
Ucrania es el segundo país más grande de Europa. Tiene fértiles llanuras llamadas estepas, ricas en cereales y extensos cultivos de girasol. También posee montañas de densos bosques, los Cárpatos, donde se dice que estuvo el paraíso, si es que alguna vez existió.
Allí, entre sus 43 millones de habitantes, estuvo nuestro protagonista: un expolicía que llegó del Llano a Suratá (Santander), en donde constituyó su familia en medio de montañas cargadas de agua, conocidas como el páramo de Santurbán. De allí viajó a la guerra… a esa aventura, de la cual salió vivo, afortunadamente.

En Ucrania se cansó del borscht, una sopa caliente de remolacha acompañada de buñuelos de ajo, rollos de col y pan salado, lucios, de comer esturiones, de comer urogallos y perdices en los frentes húmedos y fríos donde se enterraban hasta la rodilla. Añorando en la soledad la jugosa llanera, la yuca y la arepa de maíz pelado. Estuvo cerca de ese apocalipsis devastador que generó Chernóbil, que contaminó la tierra por miles de años. Historia de un país invadido en toda su historia. La última, la rusa. Lea: “No vayan para allá”: madre de un santandereano que murió combatiendo en guerra entre Rusia y Ucrania
Las vírgenes, la puntería y la muerte están estrechamente ligadas. Como relata el maestro Fernando Vallejo en su libro La Virgen de los Sicarios (1994), durante los 80 y comienzos de los 90 (siglo XX) en Medellín, los sicarios de Pablo Escobar se encomendaban a María Auxiliadora para dar en el blanco en cada uno de sus atentados. Acertar, es decir, matar, era requisito para cobrar las recompensas ofrecidas por su patrón y, a veces, para conservar sus propias vidas.

Colombianos en Ucrania: librando una guerra que no les pertenece
Treinta años después, los mercenarios colombianos en Ucrania se encomiendan a la Virgen del Carmen para que sus disparos de fusil AK-47 den en la humanidad de un militar ruso, pues solo así justifican los dineros que reciben de ese gobierno por participar en un conflicto que no les pertenece; pero, además, para salvar su propio pellejo.
Luis Gómez, de 37 años, es uno de esos colombianos que durante un año y por unos 12 millones de pesos mensuales arriesgó su vida y el futuro de su familia en un conflicto que aún no entiende ni le interesa entender. Además: Familias de santandereano y nortesantandereano desaparecidos en Ucrania claman ayuda tras cinco meses
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Solo sabe que mató muchos rusos, que esquivó la muerte durante 365 días, que los euros ahorrados le sirvieron para pagar culebras en Colombia y comprar cosas para su familia, que la Virgen del Carmen salvó su vida y que los drones son el arma más letal en ese campo de batalla.

El dron es el rey de la guerra moderna
Durante 12 meses permaneció en trincheras en la región del Donbás, adscrito a las brigadas 3 y 14 de Ucrania, combatiendo junto a 20 colombianos y unos 100 soldados ucranianos. Nacido en Casanare, calcula que 12 de sus paisanos murieron en cumplimiento de misiones.
“Las trincheras son rotos que se abren en la tierra, más o menos de 3x3, por unos 2 metros de profundidad. Como combatientes, apenas sacamos la cabeza hasta la altura de los ojos, para mirar por todos los costados y frenar las acciones del enemigo. El que saca la cabeza más de la cuenta es probable que pierda la vida, tanto de un bando como del otro. Para los relevos y avanzar posiciones, se utilizan drones cargados con explosivos, el dron es el rey del avance. Es la guerra moderna, como halcones. En invierno, las temperaturas bajaban de 0 grados y, entonces, nos tocaba cubrirnos con chompas especiales; en cambio, en verano, solo utilizábamos franelas. Los momentos más difíciles eran cuando herían a alguno de nuestros compañeros, pues nos tocaba sacarlo del lugar y buscar atención médica”, explicó.
Luis estimó que el número de colombianos combatientes en Ucrania es más alto porque son incontables los frentes de combate y, por lo general, en todos hay nacionales, especialmente boyacenses, santandereanos, llaneros y antioqueños. Lea también: El drama de una familia santandereana que busca respuestas tras la muerte de su hijo en la guerra de Ucrania

Él se desempeñó durante 12 años como Policía en Colombia. Aunque, inicialmente, había pasado su hoja de vida para trabajar como conductor de camión en Estados Unidos o Canadá, terminó combatiendo en el Donbás, gracias a que había incluido como tercer destino a Ucrania. Su destreza en el manejo de las armas largas (fusiles) le facilitó ser contactado como mercenario y le salvó la vida. Le puede interesar:Joven santandereano muerto en la guerra entre Rusia y Ucrania será repatriado: ya hay fecha
“En la Policía estuve en zonas rojas, participé en varios combates con la guerrilla y eso me dio experiencia para enfrentar a los rusos. En Ucrania nos capacitaron y familiarizaron con los drones, que sirven para atacar al enemigo, pero, también, para defender posiciones. Los expolicías y exmilitares colombianos están bastante cotizados en Ucrania por su experiencia en diferentes campos de batalla”, señaló.
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Luis reconoce que durante el año (diciembre de 2024 a diciembre de 2025) que permaneció combatiendo contra los rusos siempre contó con las municiones, armas, comida y apoyo necesarios para defender su vida y avanzar hacia posiciones enemigas.

Contrastando la realidad
Durante el amplio diálogo que sostuvimos, en una reconocida cafetería de Bucaramanga, Luis aclaró que “es mentira que a los colombianos nos mandan como carne de cañón en el campo de batalla en Ucrania, eso no es cierto, nosotros vamos como combatientes con experiencia e, incluso, podemos opinar sobre estrategias de combate. Después que aprendemos lo relacionado con el manejo de drones, la situación mejora y nos respetan mucho más por lo aguerridos y sin agüeros que somos los colombianos”. Le sugiero leer: Firma británica habría reclutado mercenarios colombianos para la guerra en Sudán
Igualmente, aclaró que, al igual que en la Policía y el Ejército, allí también se puede ascender, dependiendo del desempeño en el conflicto. En su caso, dice, recibió dos ascensos por su gallardía y haber salvado a un soldado ucraniano herido en una pierna, a quien debió cargar en hombros durante día y medio hasta que recibió atención médica. Su grado en Ucrania equivalía al de sargento en Colombia.

“También es mentira que, si uno se va a combatir, no se puede venir cuando quiera. Conocí compañeros que solo estuvieron un mes o dos meses y por temor se devolvieron para Colombia. Algunos llevan más de tres años allá, combatiendo, han hecho escuela y, todavía, no piensan regresar. En mi caso, me vine por la incertidumbre que representaba para mi familia el que estuviera participando en una guerra por allá tan lejos. A veces, el recuerdo de la familia puede más que cualquier dinero. En las trincheras pensaba en mi esposa y en los dos hijos y… eso me entristecía, pero tocaba sacar fuerzas de lo más profundo del corazón”, agregó. Se recomienda: Hay 670 colombianos desaparecidos y 173 fallecidos por cuenta de la guerra entre Rusia y Ucrania
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Luis combatía 10 días, durante 24 horas, y descansaba otros 10 días. “En cada trinchera estábamos cinco personas: en mi caso, dos colombianos y tres ucranianos, uno de ellos hacía las veces de traductor. Aunque, con el paso de los días, aprendimos las palabras claves, las que necesitábamos para entendernos. La comida y el agua nos las enviaban en drones y nos turnábamos para reposar”.
Recuerda que, durante los días de descanso, en pueblos cercanos a la zona de combate, bebían vodka y comían cerdo. Reconoce, eso sí, que en más de una ocasión se excedió de tragos.

El futuro de Luis Gómez tras combatir en el frente de batalla en Ucrania
Por su desempeño en el campo de batalla, Luis dejó grata impresión entre sus compañeros y superiores, quienes aún lo llaman e intentan convencer para que se devuelva a la región del Donbás.
“Tengo contacto telefónico con algunos colombianos y ucranianos que me animan a devolverme a la guerra. Amigos que deja uno en cada camino que transita. A algunos de ellos les salvé la vida y otros salvaron la mía”, dijo. Tenga en cuenta: Colombiano viajó por trabajo a Rusia y desapareció tras ser enviado a Ucrania
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Sin embargo, Luis estudia otras dos posibilidades de trabajo, ambas en el extranjero. Hace apenas un mes lo contactó un amigo colombiano y lo invitó a viajar a México a enrolarse como combatiente en el Cartel de Jalisco, en donde recibiría el equivalente a unos $14 millones mensuales. Sin embargo, la propuesta que más le atrae es la más reciente y consiste en viajar a Israel a trabajar como integrante de un grupo de expertos militares, encargados de cuidar pozos petroleros. Por esta labor ganaría unos $16 millones mensuales.

“La verdad, uno no puede descartar nada en la vida. Vamos a ver cómo se presentan las cosas durante estos dos meses y tomaremos una decisión. Por fortuna me he dado a conocer en el extranjero y por eso me llaman a trabajar y ganar mucho más que en Colombia”, aseguró.
De lo que sí está seguro Luis es que, en la trinchera en que se encuentre, siempre seguirá encomendándose a la Virgen del Carmen para que la puntería no le falle y pueda dar de baja a su enemigo.

















