Por lo menos 15 arrobas de pescado aseguraron los pescadores barranqueños están capturando con sus redes durante las faenas diarias.

Publicado por: Marcelo Ricardo Almario Chávez
Lo que para chaluperos, tripulantes de grandes embarcaciones y campesinos es una tragedia cuando los niveles del río Magdalena disminuyen de manera dramática, para los pescadores es una bendición.
“Dios no castiga ni con palo ni con rejo”, reza el adagio popular que a voz en cuello cacareaba Miguel Cortez mientras negociaba un bagre, la mañana de ayer en el muelle de Barrancabermeja, las bondades que la sequía trajo a los pescadores.
El fenómeno conocido como subienda significó la contradictoria multiplicación de los peces, en medio de los cientos de kilómetros de playa que se ‘tragan’ el caudal del principal afluente de Colombia.
En el puerto de Barrancabermeja un verdadero jolgorio viven compradores y pescadores.
Miguel, a una altura de siete metros, parado en la tablestaca recibe los pescados, que su compañero de faena le hace llegar a través de un cordel.
Lo pesa, lo negocia, él mismo lo arrolla, lo pica, y se lo entrega al cliente.
La labor la repite varias veces, la bonanza en tiempo de sequía, como mínimo al final del día le dejará en sus bolsillos unos $200.000.
Regalo de la naturaleza, que el hombre de 33 años valora al recordar lo que le cuesta ganarse el sustento para alimentar a sus cuatro pequeños hijos, con los que vive en el barrio El Cerro.
Y es que Miguel se para de su cama todos los días a las 4:00 de la madrugada, con atarraya en mano surca las aguas del Magdalena, lejos de su familia arriesga la vida para atrapar las especies, que durante algunos meses del año son esquivas.
Pero el milagrito se le hizo desde diciembre, desde cuando las redes no han dejado de llenarse, paradójicamente, en una de las temporadas de verano más bravas de los últimos años.
“Cuando hay sequía el bocachico sale, cuando hay mucha agua el bocachico se pierde. Gracias a Dios en esta temporada la subienda ha sido buena”, manifestó alegre el pescador, mientras atiende a sus clientes.
Hay problemas
El caño Cardales, brazo del río Magdalena, se convirtió en un cementerio de canoas.
Al Puerto de Embarcaciones Menores, que colinda con el caño, el pescado no llega, porque el cauce está seco.
“Para poder traer desde el muelle un timba'o de 50 libras de pescado, los coteros tienen que desplazarse en carretas y vehículos desde la Bomba La Abuela, en Puerto Águila, recorrer más de un kilómetro para surtir los expendios del sector de La Rampa, eso hace que el precio del pescado se haya incrementado”, lamentó en tiempos de bonanza el presidente de la Asociación de Comerciantes de la Rampa de Barrancabermeja, Ulfram Zambrano.




“La pesca está bien, a pesar que el río está bajo. Pero se está vendiendo pescado”.
“Muchas veces los pescadores no respetan las tallas mínimas, pero en sequía hay bonanza por la subienda”.













