“Cuando no haya peces por pescar”, la nueva exposición del artista santandereano Sebastián Gómez Vargas, inaugura Salas Abiertas 2025 en Bucaramanga con una potente reflexión sobre pesca, memoria y crisis ambiental.

Publicado por: Redacción Cultural
En el centro de una sala, más de 300 canaletes flotan en el aire. No navegan. No reman. No avanzan. Suspendidos como si fueran peces detenidos en el tiempo, los remos recolectados a orillas del río Magdalena conforman Bogando, una de las piezas centrales de Cuando no haya peces por pescar, la exposición con la que el artista santandereano Sebastián Gómez Vargas inaugura este año la 15ª edición de Salas Abiertas y la 11ª de VisitArte, dos de las plataformas más importantes para el arte contemporáneo de la región.
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La escena ocurre en la sala Jorge Mantilla Caballero de la Biblioteca Gabriel Turbay, donde la instalación ocupa un espacio de cuatro metros de alto por cuatro de ancho. Es un cardumen de madera que no nada, pero que resiste. Cada remo, una huella. Cada huella, un oficio en riesgo. Porque esta exposición, más que mostrar, advierte. Es un gesto artístico, sí, pero también un acto político que surge de una pregunta simple y devastadora: “¿Y si un día ya no hubiera peces por pescar?”
Con este interrogante como punto de partida, Sebastián gesta una cartografía visual sobre la relación entre los pescadores del Magdalena y el Caribe colombiano con un ecosistema que se agota. Las piezas de la muestra combinan materiales recolectados en campo canoas en desuso, trampas tejidas, artes de pesca retiradas, para construir esculturas e instalaciones que dialogan con la memoria, el conflicto ambiental y la resistencia territorial.
Una de las obras más elocuentes se titula El pez muere por su boca. Se trata de una canoa abierta, dispuesta como la boca de un pez que parece devorarlo todo y a la vez ser devorado. La pieza se enfrenta al adagio popular que responsabiliza al pez de su propia muerte, desplazando la culpa del pescador, y abre una discusión sobre las lógicas extractivistas que han regido la relación entre humanidad y naturaleza. Otra obra, “Trampas vacías”, presenta una serie de estructuras tejidas en palma que evocan redes artesanales de pesca, pero esta vez sin capturas: sólo el vacío como presagio.
“Cuando no haya peces por pescar entrelaza tres tiempos superpuestos: el pasado de los saberes ancestrales sobre el equilibrio ecosistémico; el presente, marcado por una catástrofe iniciada hace más de un siglo; y el futuro, como visión distópica y de adaptación forzada”, escribe el curador Alberto Borja en el texto que acompaña la muestra.

Esta es una memoria tejida con madera, metal y fibra natural. Una instalación que pone en escena la historia de quienes dependen del agua y hoy enfrentan su vaciamiento.
Sebastián Gómez Vargas es artista visual y abogado nacido en Bucaramanga. Desde hace casi una década explora materiales naturales y objetos cotidianos para resignificarlos en clave plástica y política. Su trabajo ha sido seleccionado en espacios curatoriales como Imagen Regional del Banco de la República, Artecámara en ARTBO y el Salón Regional de Artistas del Ministerio de Cultura. Actualmente se desempeña como Consejero Departamental de Cultura de Santander, representando el área de artes plásticas y visuales.
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La exposición estará abierta hasta el 2 de octubre de 2025 y marca el inicio de Salas Abiertas & VisitArte 2025, cuya inauguración oficial será el martes 2 de septiembre a las 9:00 a.m. en el Teatro Santander. Allí, Sebastián ofrecerá una intervención titulada “De la orilla al centro y de regreso: inmersiones en comunidad”, donde compartirá su proceso creativo y de investigación en territorio.

Organizado por el Centro Colombo Americano, la Alianza Francesa, la Fundación El Libro Total, RUTA, la Gobernación de Santander, el Instituto Municipal de Cultura y Turismo y otras entidades, Salas Abiertas celebra este año su decimoquinta versión, consolidándose como una vitrina fundamental para las artes visuales en la ciudad.
Y aunque las salas se abren, lo que esta muestra deja flotando es otra imagen: un futuro sin peces, sin canoas, sin remos. O peor aún: sin pescadores. Un porvenir en el que Bogando ya no sea una instalación artística, sino el retrato exacto de una ausencia.















