Cultura
Lunes 01 de septiembre de 2025 - 09:52 AM

Romance del jornalero, la obra santandereana que conmovió al país

La escuela de danza folclórica Cañabrava, de San Vicente de Chucurí, ganó dos premios nacionales en Aguadas, Caldas, con una obra que rinde homenaje al campo santandereano y a su historia de resistencia.

Romance del jornalero, la obra santandereana que conmovió al país. Foto suministrada/VANGUARDIA
Romance del jornalero, la obra santandereana que conmovió al país. Foto suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

Desde hace 35 años, un grupo de hombres y mujeres decidió resistir al conflicto no con fusiles, sino con pies descalzos, pañuelos de colores y memoria viva.

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En San Vicente de Chucurí, tierra labrada por generaciones de finqueros, nació Cañabrava: una escuela de danza folclórica que este 2025 volvió a coronarse campeona nacional en Aguadas, Caldas.

Lo que en otras regiones puede sonar a un simple premio, para Cañabrava representa mucho más. Es la confirmación de que, en un país donde la guerra borró tantas huellas, aún es posible trazar caminos desde la cultura.

En la edición número 34 del Festival Nacional del Pasillo Colombiano, esta agrupación chucureña se llevó los dos primeros puestos, tanto en la modalidad de coreografía grupal como en la de pareja de bailadores, dejando en alto el nombre de Santander y reafirmando que la danza también es una forma de decir “aquí estamos”.

Romance del jornalero, la obra santandereana que conmovió al país. Foto suministrada/VANGUARDIA
Romance del jornalero, la obra santandereana que conmovió al país. Foto suministrada/VANGUARDIA

Cañabrava no se formó en salones de espejos ni academias privadas. Nació en un municipio que durante décadas fue noticia por razones muy distintas al arte: tomas guerrilleras, presencia paramilitar, cultivos ilícitos, desplazamiento forzado. Pero mientras eso sucedía afuera, dentro de una casona vieja, un grupo de jóvenes ensayaba danzas campesinas y soñaba con escenarios que no fueran trincheras.

“Nosotros somos una respuesta de resistencia a todo ese factor violento que en alguna época existió en nuestro territorio”, dice su director, Manuel Enrique Hernández Gómez.

“Hoy, 35 años después, seguimos descontándole a Colombia y al mundo un poco de lo que somos desde la esencia de nuestros hombres y mujeres de la tierra del cacao”, señala.

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Desde entonces, la danza se convirtió en un refugio, pero también en una trinchera poética. Cañabrava ha trabajado desde lo cotidiano: las faenas del jornalero, las fiestas campesinas, el canto a la tierra fértil, el respeto por la memoria. No se trata solo de mover el cuerpo: se trata de contar una historia.

Romance del jornalero, la obra santandereana que conmovió al país. Foto suministrada/VANGUARDIA
Romance del jornalero, la obra santandereana que conmovió al país. Foto suministrada/VANGUARDIA

Así es “Romance de jornalero”

La pieza que los consagró campeones en Aguadas se llama “Romance de jornalero”, y es, como su nombre lo indica, un homenaje a los trabajadores del campo. En sus nueve minutos de duración, la obra logra mezclar destreza técnica con narración escénica: los movimientos del pasillo colombiano se entrelazan con imágenes del amanecer campesino, la siembra, la cosecha, el sudor y el orgullo.

La obra pasó por tres rondas eliminatorias. Primero, un pasillo caldense cargado de fuerza y precisión; luego, un pasillo santanderiano, con rasgos propios del territorio; y finalmente, el “Romance”, una pieza que, más que competir, conmovió. “Pusimos en escena nuestras formas particulares de vivir. Cada gesto, cada prenda, cada silencio está inspirado en nuestra realidad cacahotera. Creo que fue eso lo que nos hizo distintos, lo que nos dio el primer puesto”.

Pero el logro no terminó ahí. En la modalidad de pareja de bailadores, los jóvenes Liliana Chacón Moncada y Juan Manuel Hernández Ochoa, formados desde niños en la escuela, también se alzaron como campeones. Bailaron tres piezas: pasillo caldense, pasillo de salón y una joya santandereana: “Café Centenario”, del maestro Pedro Nel Martínez, cuya interpretación fue tan limpia y conmovedora que venció a las otras cuatro parejas finalistas.

La historia de Cañabrava es también la historia de un pueblo que no se rinde. A lo largo de su trayectoria, han obtenido reconocimientos nacionales e internacionales: dos veces campeones en Aguadas, subcampeones, becarios del Ministerio de Cultura en 1998, ganadores de becas departamentales, representantes de Colombia en muestras de danza en Centroamérica y Suramérica, y protagonistas en festivales de Cali, Medellín, Ibagué, Cartagena, San Andrés y Bogotá.

Pero más allá de las medallas, lo que importa, y ellos lo saben, es lo que se siembra en los corazones de quienes los ven. Porque ver a Cañabrava bailar no es solo ver una obra bien ensayada: es presenciar una ofrenda a la memoria, un grito estético desde la periferia, una apuesta por la vida en medio de la historia.

Romance del jornalero, la obra santandereana que conmovió al país. Foto suministrada/VANGUARDIA
Romance del jornalero, la obra santandereana que conmovió al país. Foto suministrada/VANGUARDIA

“Nuestra danza es una forma de decirle a la patria quiénes somos realmente en la tierra de cacao. Somos finqueros, descendientes de campesinos, y eso nos da una sensibilidad especial para seguir creando. Donde antes hubo miedo, hoy hay color. Donde hubo violencia, hoy hay movimiento”.

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Cañabrava ha demostrado que el folclor no es solo tradición, sino también presente y futuro. Que desde la danza se pueden construir relatos actuales, con estética cuidada, conciencia política y amor por el territorio. En un país que aún busca salidas a sus conflictos, propuestas como la suya nos recuerdan que el arte también puede ser camino, no solo testimonio.

Este año, desde un pequeño pueblo de Santander, volvimos a aprender que hay muchas formas de ganar una batalla. Que en lugar de armas, se puede empuñar un pañuelo. Y que cuando un grupo como Cañabrava pisa el escenario, lo que se escucha no es solo la música del pasillo: es el latido profundo de una comunidad que ha decidido bailar, resistir y seguir diciendo, con cada paso: “Aquí estamos”.

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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