230 jóvenes del país acudieron a un campamento de verano en El Socorro. Encontrarse con un municipio en el que se vive sin agua fue una realidad con la que jamás habían lidiado. Una de las jóvenes cuenta su experiencia.

¿Alguna vez te has imaginado la vida sin agua?
El 8 de enero de 2016 nos reunimos en la finca la Buena Semilla un grupo de 230 jóvenes para participar de un campamento juvenil. La finca, ubicada a 10 minutos de Socorro, Santander (localizado a 121 kilómetros de Bucaramanga y 291 km. de Bogotá) fue el centro de la aventura que empecé emocionada y con muchas ganas de disfrutar. Al llegar y luego de registrarme, me dirigí a la cabaña que me habían asignado, abrí la puerta y me encontré con un pequeño letrero en la puerta del baño que anunciaba: “tres minutos en la ducha”.
Mientras me acomodaba en la habitación y esperaba a mis compañeras de cuarto, en mi mente rondaba la idea de cómo haríamos para bañarnos ocho mujeres, en un solo baño y con tan sólo tres minutos cada una… Pero mientras eso pasaba en el campamento, en Colombia se estaba viviendo una de las peores sequías de toda la historia debido al Fenómeno de ‘El Niño’ catalogado por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) como de categoría fuerte.
Socorro está ubicado sobre la cordillera oriental, que hace parte del sistema montañoso de los Andes y es por ello que el municipio es un epicentro del turismo de aventura, entre los que se destacan deportes como el parapente, ‘rafting’ y ‘rappel’. En la finca los árboles adornaban el pastizal verde, montañas se divisaban a lo lejos y un cielo con nubes cargadas de agua que hacía meses no caía en la región completaban el paisaje.
En el campamento, los líderes nos organizaron en grupos identificados con colores para hacer todas las actividades en equipo. Nos dieron instrucciones sobre la puntualidad, el uso del tiempo en las duchas, los horarios de las comidas y las actividades que haríamos; cada actividad se premiaría con puntos para los grupos.

El sábado 9 de enero, al finalizar una jornada llena de juegos en la que participamos todos, los líderes informaron que los tanques de agua que la logística había dispuesto para consumo se podrían agotar si no hacíamos buen uso del preciado líquido. El agua que utilizan los socorranos proviene de dos embalses llamados La Honda y Aguilitas.
Usualmente La Honda abarca ocho hectáreas (que se surten de cinco afluentes), pero durante los periodos intensos de ‘El Niño’ llegó a disminuir hasta un 70%, cuenta el ingeniero ambiental Haimar Vega. Esto afectó, además, la calidad del agua. Según investigaciones lideradas por el ingeniero, el agua que se perdió en el embalse entre enero y marzo de 2016 pudo haber surtido a 12.836 personas por dos o tres días seguidos. Las enormes pérdidas de agua han llevado a que se necesiten lluvias de más de 30 mm para surtir y aumentar los caudales de la zona. A pesar de que hubo lluvias esporádicas en abril y mayo, fueron cortas y no pasaron de 10 mm; además, no cayeron donde están los embalses, lo que aumenta el riesgo de que se sequen.
Pensar en la sequía era nuevo para mí pero no lo es para la gente de este municipio que ha sufrido por años la escasez. Es por ello que los 8.500 usuarios a los que se les da el servicio de agua siempre tienen reservorios en sus casas. “En Socorro el servicio es intermitente, ya que no tiene fuentes hídricas”, afirma el gerente de la Empresa Aguas del Socorro, Orlando Millán Aguilar. En el municipio los racionamientos pueden durar hasta tres días.
Al respecto, Ricardo Lozano, experto en asuntos climáticos, indica: “las personas no deben acostumbrarse a vivir de carrotanques, ya que esto es un ejemplo de malos sistemas de adaptación y pérdida de recursos. Deben exigir un mejor manejo de los recursos”.
Una historia que no termina
Amaneció el domingo 10 de enero, en la programación estaba una carrera de obstáculos, y yo estaba ansiosa porque me habían contado que trabajaríamos en equipo buscando pistas en terrenos con barro y sin más ayuda que nuestras manos. Me puse ropa deportiva y comenzamos el recorrido. Al llegar a la meta todos estábamos sucios y cansados, pero satisfechos. El cuerpo de bomberos del Socorro nos visitó ese día para regalarnos un poco de agua y así poder hacer uso de las duchas.
En tres minutos tuve que enjabonarme y luego enjuagarme lo más rápido posible ya que esperaban siete mujeres más. Ese día muchos gritaban “se fue el agua, alguien por favor tráigame un poco”. Mientras disfrutábamos de lo que quedaba del campamento, la intensidad del fenómeno de ‘El Niño’ llegó a su máximo nivel de maduración, generando una alerta roja en 20 de los 32 departamentos del país, incluido Santander.

El lunes 11 de enero llegó el final de la aventura con la premiación a los mejores equipos. En medio de la nostalgia, yo sentía una profunda ansiedad por llegar a casa y bañarme en una ducha en la que pudiera durar el tiempo que quisiera. Al llegar, me recibieron mis familiares, quienes querían que les relatara todo lo que vivimos. Se los conté entre risas. Entonces empecé a sentir una sensación de desasosiego, un vacío que no entendía. Tomé mi toalla, me dirigí a la ducha y entonces me encontré cerrando la llave para enjabonarme, luego abriéndola para enjuagarme; sólo pensaba en los miles y miles de colombianos que no tenían y aún no tienen el privilegio de recibir agua todos los días.
A finales de abril mientras escribía esta historia, el Ideam comunicó que ‘El Niño’ finalmente se estaba debilitando. Comenzó mayo y aunque llegaron las lluvias, la situación del abastecimiento de agua aún no mejora.
Nada cambiará en El Socorro mientras no exista un acueducto adecuado.
Al finalizar esta historia, el Ideam indicaba que para el segundo semestre las probabilidades de que llegara ‘La Niña’ (exceso de lluvias) estaban en 70%, lo que podría dar lugar, tal como sucedió en los años 2010-2011, a un nuevo riesgo: deslizamientos, avalanchas e inundaciones. Con ‘La Niña’ asomándose en la ventana esta historia de seguro continuará.













