Comunera
Viernes 03 de enero de 2020 - 12:00 AM

En Santander, 987 familias se quedan sin sembrar tabaco

Una de las mayores preocupaciones de Fedetabaco es que los cultivadores abandonen el campo y empiecen a emigrar hacia las ciudades, un fenómeno que ya se está evidenciando.

Suministrada/ VANGUARDIA
Suministrada/ VANGUARDIA

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Publicado por: Jorge Rios

A los 56 años de vida, ya con un cuerpo cansado del trabajo duro y sin las fuerzas que lo acompañaban en su juventud, Luis Álvarez Bohórquez cambió de vida, dejó el campo por la ciudad, pasó de producir tabaco en su finca a vender cigarrillos en una tienda.

Ahora vive en Barranquilla, allá llegó hace tres meses con una de sus hijas. Arrendó una tienda y como él dice “está aprendiendo”. Extraña sus animales, la tranquilidad y sus cultivos, pero sobre todo a su esposa, que se quedó cuidando la finca con el resto de la familia.

Álvarez es uno de los productores de tabaco de Santander que en 2019 sembraron su última cosecha y este año deben cambiar de cultivos o de profesión, porque su comprador, la multinacional Philip Morris International (PMI), ya no está. “La característica de este negocio es que solo se siembra cuando la compra está asegurada”, aseguró Heliodoro Campos Castillo, gerente de la Federación Nacional de Tabacaleros, Fedetabaco.

De acuerdo con la agremiación, por esta decisión se está afectando el sostenimiento de 1.340 familias en el país dedicadas a esta actividad, de las que 987 están ubicadas en Santander, especialmente en los municipios de Curití, Villanueva, San Gil, Barichara, Jordán y Aratoca. En total, se dejarán de sembrar 1.096 hectáreas, 602 en el departamento.

La preocupación ahora es cuál será el futuro de estos pequeños campesinos que tenían en el tabaco su principal fuente de ingresos y que ahora buscan nuevas opciones.

Campos explicó que al Ministerio de Agricultura se le presentó un plan de trabajo solicitando incentivos para hacer la transición a cultivos permanentes como el fríjol -ya conocido en la región- y el limón tahití que es exportable, pero aún no hay respuesta. El mayor temor del directivo es que muchos decidan irse, como ya lo hicieron algunos.

Precisamente, Álvarez seguirá probando suerte y espera poder regresar a su casa en la vereda Limoncillo de Villanueva. Cree que si le va bien, se llevará al resto de su familia, pero en el fondo quiere volver a su “lomita”, donde sabe que no cultivará tabaco y tampoco fríjol, porque ya lo intentó y no es muy rentable.

Publicado por: Jorge Rios

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