De los cuatro megaproyectos que se ejecutan en la provincia de Guanentá, dos recibieron modificaciones y tendrán un menor impacto al anunciado. Por su parte, la Variante de San Gil está paralizada y a la espera de recursos.

Publicado por: Jorge Andrés Ríos
La falta de una planeación estructurada es el principal causante de los diferentes problemas que se presentan en los principales proyectos de infraestructura de la provincia Guanentina. Esta es una de las conclusiones del primer informe del año de la veeduría de la Cámara de Comercio de Bucaramanga.
De los cuatro proyectos a los que el organismo le hace seguimiento, solo uno avanza sin muchos cambios y de acuerdo con las condiciones especificadas en el contrato. Del resto de megaobras, dos recibieron modificaciones y tendrán un menor impacto al anunciado y la más importante, la Variante de San Gil, está paralizada y a la espera de recursos.
El caso más conocido dada su relevancia y por convertirse en el centro de la opinión pública tras los retrasos en la ejecución de los últimos años es la Variante de San Gil, cuyas obras de la llamada primera fase terminaron en el segundo semestre de 2024 y dejaron un trayecto que no tiene ninguna funcionalidad al estar incompleto.
Marcela Gualdrón Forero, profesional de la veeduría de la entidad cameral, dijo que la expectativa está en que el Invías cumpla con la inversión de $80.000 millones con los que se reiniciarían las obras en el segundo semestre del año. Pero hasta ahora son solo anuncios.

Hablando de la historia de la variante y como se presentaron retrasos por diferentes razones, Gualdrón recordó que este fue un proyecto contratado en fase 1 que durante la ejecución se tuvo que llevar a fase 3 y ahí se generaron varios de los inconvenientes. Al final, problemas de planeación.
Estas obras tendrán menos pavimentación de la proyectada
Los dos proyectos que vienen sufriendo cambios en sus objetivos son la pavimentación de la ruta 55 o antigua Ruta del Petróleo entre Barichara, Galán y Zapatoca; y de la vía Mogotes – San Joaquín – Onzaga (Onsamo). En los dos se hizo una reducción de los kilómetros a intervenir, explicó Gualdrón.
En el caso de la antigua Ruta del Petróleo el contrato se firmó con el propósito de pavimentar 52 kilómetros y tras las cuatro modificaciones realizadas al contrato en los 25 meses que lleva de ejecución, se bajó a 32 kilómetros con los mismos $143.942 millones.

Todo esto porque al parecer no se tuvo en cuenta que durante los 7 años del proyecto el contratista debe asumir costos de mantenimiento y mejoramiento del tramo vial, y en ese caso los recursos deben salir de la pavimentación, así como otros temas que no se contabilizaron, lamentó la profesional.
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En cuanto la pavimentación de los 25 kilómetros entre San Joaquín y Onzaga en el proyecto de Onsamo, la cuota nueva meta sería de 14 kilómetros. En los dos casos “volvemos a temas de planificación”, afirmó Gualdrón
Buen avance, pero limitados de recursos
Frente al proyecto de intervención de la vía San Gil – Charalá – Duitama, todo avanza de acuerdo con el cronograma y un contratista eficiente. Tanto que el año pasado, en agosto ya había ejecutado la mayoría de los recursos de la vigencia 2024, por lo que tuvo que reducir el ritmo de trabajo.
La obra que inició en 2021 y finalizará en diciembre de 2030 tiene un presupuesto de $324.627 millones, de los que se aprobaron para 2025 solo $13.817 millones, lo que dificulta pensar en que este año se presentarán avances en pavimentación en las carreteras de Santander.
















