Región
Lunes 20 de agosto de 2012 - 03:01 PM

La casa en la que el amor se quedó congelado

El único habitante de la parte alta del Cañón del Chicamocha conserva los objetos de su esposa. Se hallan intactos en su casa, como queriendo inmortalizar el amor por ella.

Don Jesús prepara el café en la olleta que lo ha acompañado durante dos décadas. (Foto: César Mauricio Olaya/VANGUARDIA LIBERAL)
Don Jesús prepara el café en la olleta que lo ha acompañado durante dos décadas. (Foto: César Mauricio Olaya/VANGUARDIA LIBERAL)

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Publicado por: SULLY CATHERINE SANTOS H.

Quienes han atravesado el Cañón del Chichamocha desde el teleférico de Panachi seguramente se habrán detenido a observar una casa de tapia pisada que se levanta perdida en medio del verde. Ahí vive Jesús Moreno Rey, un aratoqueño de 74 años.

Es la única de la parte alta del Chicamocha y se rumora que en sus adentros hay objetos que quedaron congelados en el tiempo, como prendas de vestir y utensilios de cocina, que reflejan la historia del amor que don Jesús aún vive por su esposa.  Pero ¿cómo se llega a esta vivienda construida hace más de 100 años?

Arriba, en la montaña, hay un camino de herradura que no es transitado con frecuencia. Las ramas se inclinan y hacen que la marca de los pasos no se visualice, solo se ven las piedras blancas y caracoles pequeños que se pegan a las hojas, según dicen, porque están a punto de morir.

El olor a orégano invade todo el camino y se convierte en guía para llegar a la casa de don Jesús, a las 9 y 45 de la mañana, después de dos kilómetros de recorrido. 

-  Buenos días

Saluda don Jesús. Un hombre ni bajo, ni alto, que luce un pantalón caqui, una camisa manga larga rosada y una gorra deportiva, prendas que tienen las huellas del trabajo, al igual que sus líneas de expresión.

- ¿Quieren un poco de ‘gualanday’?

Pregunta mientras sirve de una pimpina la bebida que es un guarapo.

- Solo un poco.

Contestan algunas personas que lo visitan, mientras otros desisten, ante el temor de que pueda estar fuerte.

- ¿Entonces un tintico?

Ofrece y se le apuntan todos. La bebida es preparada en una olleta que ha estado en las manos de don Jesús por dos décadas. Luce negra por las brasas, lo que seguro le da el sabor especial a la bebida.

- Nadie se quiere perder cómo se prepara el tinto en esa olleta, en la que quién sabe cuántas historias se habrán contado luego de colar el café.

Ahí está Pedro Ribero Ferreira, pensionado y apasionado a la fotografía, quien en uno de sus recorridos por el Cañón del Chicamocha se enamoró de la gentileza de don Jesús y de la historia de amor que encierra su casa.

Y es porque su vivienda color ladrillo no es como cualquier otra del campo. Esta tiene recuerdos desde que perdió a su esposa Florinda Rueda Romero, quien murió en un accidente de tránsito, luego de que se volcara la camioneta en la que se subió con su hijo en la vía que conecta Aratoca con San Gil. Ella fue la única víctima fatal.

- Mi mujer se mató un 15 de noviembre.

Afirma con tono fuerte, mientras termina de servir el tinto en varios pocillos, al mismo tiempo que mira una olla en la que puso a cocinar su almuerzo, que será también su comida.

Don Jesús enviudó hace 15 años, tiempo que tienen los objetos de su esposa colgados en diferentes partes de su casa, como un reflejo del amor que inmortalizó, dejándolos intactos.

Uno de esos objetos es un bolso de los años ochenta que ha perdido el color; quizás fue blanco o gris, ahora luce amarillo. Se halla en una de las esquinas de la cocina, de donde no lo cambia de sitio, ni nadie jamás lo ha limpiado, ni él, ni sus cinco hijos, ni los 14 nietos que a veces lo visitan.

Al lado del bolso está un canasto hecho con fique, en el que a lo largo de los últimos 15 años se formaron telarañas. Dentro de él puede haber utensilios de cocina, don Jesús no lo sabe con precisión, solo dice que siempre estará ahí. Un objeto que no estorba, por el contrario, le hace compañía en los momentos de soledad.

El canasto encierra una historia de amor entre un hombre y una mujer.

- Menciona el fotógrafo, César Mauricio Olaya, quien parado en la cocina ve el canasto y lo inmortaliza obturando su cámara.

Don Jesús asegura que a veces se siente enfermo, no escucha bien, por eso pide que le repitan las frases, sin embargo tiene suficiente energía para caminar de un lado a otro.

Se sienta en una banca donde está una grabadora azul con botones amarillos y morados. La toma e intenta prenderla.

- ¡Ya me di cuenta qué le hicieron: la aguja está suelta. Con razón no suena!

Cuenta el único habitante de las laderas del Cañón, quien no tiene electrodomésticos, aunque no niega que le gustaría que sirviera la grabadora.

- Me hace falta escuchar noticias.

Don Jesús se levanta de la banca y se dirige al caney donde en 10 minutos pica 80 hojas de tabaco, que luego colgará para que se sequen.

Regresa a la cocina y saca de su bolsillo los dos únicos objetos modernos que lo acompañan: un reloj de mano que no tiene una manilla, y su cédula, la amarilla con hologramas.

Luego reafirma que aunque hace dos años se cayó la parte alta de una pared de su casa y las demás están agrietadas, ahí estará hasta sus últimos días.

- Yo no me voy de mi casa. Tiene daños, sí, es vieja ya, pero aquí tengo todo lo que necesito.

Descalzo va hacia su cuarto, donde cada día se acuesta a las siete de la noche y despierta a las cinco de la mañana. En ese lugar que tiene una pequeña ventana siempre acompañará a don Jesús una imagen del Divino Niño, un jarrón con flores marchitas, cuadros religiosos y un bolso negro que también fue de Florinda: un altar junto a su cama.

Eso, y el recuerdo de su esposa que está pegado en cada rincón, en las colchas, en la almohada y en todo aquello que le perteneció y que don Jesús se niega a dejar ir, para que no se vaya con ellos el amor.

En un rincón de la casa ha estado por 15 años uno de los bolsos de Florinda. (Foto: César Mauricio Olaya/VANGUARDIA LIBERAL)
En un rincón de la casa ha estado por 15 años uno de los bolsos de Florinda. (Foto: César Mauricio Olaya/VANGUARDIA LIBERAL)

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En un rincón de la casa ha estado por 15 años uno de los bolsos de Florinda. (Foto: César Mauricio Olaya/VANGUARDIA LIBERAL)
En un rincón de la casa ha estado por 15 años uno de los bolsos de Florinda. (Foto: César Mauricio Olaya/VANGUARDIA LIBERAL)
Colgado en la cocina, el canasto que fue de Florinda. (Foto: César Mauricio Olaya/VANGUARDIA LIBERAL)
Colgado en la cocina, el canasto que fue de Florinda. (Foto: César Mauricio Olaya/VANGUARDIA LIBERAL)

Publicado por: SULLY CATHERINE SANTOS H.

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