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Miércoles 12 de junio de 2024 - 11:56 AM

Los sonidos del folclor en manos de Israel Atuesta

Quiribillos, esterillas y la emblemática ‘carraca de burro’, hacen parte de las creaciones de Israel Atuesta, que se mezclan en medio de historias que narran una pasión, mientras le dan vida al folclor y a las tradiciones santandereanas.

El legado sonoro de Israel Atuesta, la ‘carraca de un burro’ y los instrumentos típicos de Santander.
El legado sonoro de Israel Atuesta, la ‘carraca de un burro’ y los instrumentos típicos de Santander.

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En las alegres ferias y fiestas santandereanas, es todo un deleite encontrarse con talentosos artesanos cuyo legado se ha forjado a lo largo de décadas. Desde los sombreros y trajes típicos hasta las elaboradas canastas. Una amplia variedad de artesanías e instrumentos típicos, son producto de las manos de los maestros artesanos.

En la provincia de Vélez, no puede faltar quien provea a los veleños de los instrumentos típicos que protagonizan los eventos folclóricos celebrados durante todo el año a lo largo y ancho del país.

Al adentrarnos en el hogar de uno de estos artesanos, encontramos a Israel Atuesta Nieves. Con 71 años, Israel ha dedicado tres décadas de su vida a la meticulosa elaboración de instrumentos de percusión, piezas fundamentales que dan vida a los conjuntos folclóricos característicos de la provincia de Vélez.

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Su vida artesanal tuvo un comienzo inesperado, cuando sus hijos tuvieron que llevar instrumentos al colegio. “Vea usted cómo es la vida,” relata, “cuando mis hijos estaban en la escuela, les pedían comprar instrumentos como quiribillos, esterillas, alfandoques o incluso un chucho. Pero no teníamos con qué,” añadió, haciendo un ademán con la mano que ilustra la falta de dinero.

“No tenía plata para eso”, recuerda Israel. “Al principio los hacía y los regalaba”. Inspirado por los instrumentos que veía, añadió: “Trataba de conseguir los materiales, observaba otros instrumentos y trataba de hacerlos. Y bueno, sonaban. Una vez fuimos a una parranda y había que llevar algo para tocar, así que hice algunos. Sin embargo, me parecían feos, con la cabuya suelta”.

Después de esas fiestas, se propuso mejorar sus creaciones. “Ahí los fui perfeccionando, pero fue por los muchachos en la escuela. Yo hacía los instrumentos, y la gente empezó a comprarlos”.

Cada instrumento requiere un esfuerzo meticuloso. Las esterillas por ejemplo, se elaboran a partir de caña castilla, seleccionando cuidadosamente cañas maduras que garantizan un sonido distintivo y especial.

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Instrumentos típicos de percusión en la provincia de Vélez./ Foto: Kelly V. Moya.
Instrumentos típicos de percusión en la provincia de Vélez./ Foto: Kelly V. Moya.

La elaboración de cada esterilla consume una cantidad considerable de cabuya. “Se gasta mucha, cada cañita lleva el doble de este material”, explica Israel, refiriéndose a la relación entre el tamaño de la caña y la cantidad de cabuya utilizada.

El proceso comienza con la selección del grosor adecuado, seguido por el corte de las cañas en un tamaño uniforme. “Las cañas se unen una a una”, explica. Cada caña se amarra mediante un tejido elaborado con cabuya, entrelazando la cuerda a través de cada caña hasta ensamblar aproximadamente 30 cañitas, alineadas perfectamente una al lado de la otra.

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Es un instrumento delicado... pero si se trata bien, puede durar muchos años.

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Israel Atuesta, artesano veleño

En cada extremo de la esterilla sobresalen dos terminales, lo que permite manipular el instrumento con ambas manos. Y luego de dos horas de meticuloso trabajo, al frotar la esterilla, se genera un sonido potente, seco y característico del resonar de la madera hueca.

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“Es un instrumento delicado”, continúa Israel, “pero si se trata bien, puede durar muchos años”, afirmó mientras buscaba una esterilla que había elaborado hace más de diez años.

Israel Atuesta elabora las esterillas a partir de caña castilla./ Foto: Kelly V. Moya.
Israel Atuesta elabora las esterillas a partir de caña castilla./ Foto: Kelly V. Moya.

Siempre pensando en los detalles, Israel selecciona cañas más delgadas para que los niños tengan un instrumento cómodo, un poco más pequeño de acuerdo al tamaño de sus manos.

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Emocionado por iniciar una vida dedicada a las artesanías, Israel comenzó a buscar cultivos de caña. Algunas personas le regalaban las cañas, pero él siempre llevaba consigo algunos presentes, estableciendo así una especie de trueque que le permitía obtener el material necesario para elaborar los instrumentos sin preocupaciones.

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Yo llevaba pan y chocolate a cambio de las cañas.

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Israel Atuesta, artesano veleño

“Yo llevaba pan y chocolate a cambio de las cañas”, recuerda con orgullo. Mencionó además, que había realizado algunos cursos en el Sena para perfeccionar sus técnicas, lo que demostraba su compromiso con el arte de la artesanía.

Ahora, pasando a los quiribillos, hay un proceso similar a las esterillas pero las cañas se agrupan de manera diferente para producir otro sonido que acompaña la percusión.

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Los quiribillos son instrumentos típicos que hacen parte de la percusión en conjuntos folclóricos típicos en la provincia de Vélez./ Foto: Kelly V. Moya.
Los quiribillos son instrumentos típicos que hacen parte de la percusión en conjuntos folclóricos típicos en la provincia de Vélez./ Foto: Kelly V. Moya.

Con cañas un poco más gruesas, Israel da vida a la guacharaca. Para lograrlo, utiliza la técnica de pirograbado, marcando unas líneas horizontales en la caña. Estas líneas son luego “rascadas” con un pedazo de caña plana, que es responsable de producir el característico sonido de este instrumento.

La guacharaca emite un sonido especial que acompaña la percusión de un conjunto folclórico típico de la provincia de Vélez./ Foto: Kelly V. Moya.
La guacharaca emite un sonido especial que acompaña la percusión de un conjunto folclórico típico de la provincia de Vélez./ Foto: Kelly V. Moya.

También crea mini versiones de algunos instrumentos, que pueden ser llevados como recuerdos o accesorios para el traje típico. “Uno busca cañitas de todos los tamaños”, explica, destacando su dedicación para encontrar el material adecuado incluso para estos pequeños detalles.

Para la elaboración del alfandoque, emplea guaduas, las corta aproximadamente a 30 centímetros de longitud. Luego, las limpia meticulosamente y les crea una estructura interna con un tramado especial para evitar que las pepas desciendan simultáneamente.

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Las pepas, provenientes de la semilla del platanillo, se utilizan como relleno para que la guadua hueca pueda producir un sonido característico que acompaña los torbellinos y la música colombiana.

Con cuidado, fabrica dos tapas del mismo material para sellar cada extremo del alfandoque, asegurando que las pepas permanezcan en su lugar. Todo este proceso requiere medio día de dedicación para obtener el instrumento final.

El alfandoque se elabora a partir de guadua, se rellena con semillas de platanillo./ Foto: suministrada
El alfandoque se elabora a partir de guadua, se rellena con semillas de platanillo./ Foto: suministrada

Ahora, emplea un calabazo para la elaboración de un chucho. Este se consigue en una forma redondeada y se corta por la mitad, lo que permite obtener dos chuchos.

Después de un proceso de limpieza y secado, la mitad del calabazo se rellena con semillas de platanillo y se cubre con un trozo de tela que ayuda a conservar el sonido en su interior, al mismo tiempo que bloquea la salida de las semillas.

En la elaboración de estos instrumentos Israel señala que el precio de las semillas es un poco elevado, pues una libra vale 60 mil pesos.

El chucho es otro instrumento de percusión de los conjuntos folclóricos típicos de la provincia de Vélez. Se elabora a partir de un calabazo que se rellena de semillas de platanillo y se cubre con una tela que conserva las pepas y emite un sonido particular./Foto: Kelly V. Moya.
El chucho es otro instrumento de percusión de los conjuntos folclóricos típicos de la provincia de Vélez. Se elabora a partir de un calabazo que se rellena de semillas de platanillo y se cubre con una tela que conserva las pepas y emite un sonido particular./Foto: Kelly V. Moya.

En medio de la conversación, Israel se detuvo e hizo una advertencia con tono serio: “Aquí, la gente ‘asquienta’no es capaz de hacerlo”, refiriéndose a zambumbia que sostenía entre sus manos, mientras explicaba que la sonoridad del instrumento hacía las veces de un “bajo” dentro de la percusión.

Para su fabricación, se utiliza la vejiga de la vaca, lo que conlleva un olor bastante desagradable. “Le entregan a uno la telita inflada y se debe dejar en agua para que se vuelva dócil”, añade, resaltando el proceso necesario para trabajar con este material.

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Israel hace uso de su amplio solar para apartarse al fétido olor que emana de la vejiga de la vaca. “Me alejo bastante porque sé lo desagradable que es”, comenta. Una vez retirado de su familia, procede a preparar el instrumento: primero, une una caña a la vejiga y espera varias horas hasta que se seque.

La sonoridad de la zambumbia hace las veces de un "bajo" dentro de  la percusión./ Foto: Kelly V. Moya
La sonoridad de la zambumbia hace las veces de un "bajo" dentro de la percusión./ Foto: Kelly V. Moya

Luego, coloca la tela de la vejiga sobre media calabaza, la sella y la asegura con un amarre que también facilita el agarre del instrumento. Una vez armado, deja que se ventile nuevamente, asegurándose de que el olor desagradable desaparezca por completo.

Por último, Israel nos contó cómo se prepara la “carraca” del burro, un instrumento cuya elaboración no requiere de su intervención directa, pero que necesita un proceso cuidadoso para asegurar su buen sonido. “La carraca debe ser de burro”, enfatiza, explicando que aunque las de caballo son similares, estas últimas tienden a perder sus dientes con el tiempo.

Este es uno de los instrumentos que imprime mayor fuerza a la percusión. Es el maxilar inferior de un burro que se somete a un proceso de secado para lograr su sonido./ Foto: Kelly V. Moya.
Este es uno de los instrumentos que imprime mayor fuerza a la percusión. Es el maxilar inferior de un burro que se somete a un proceso de secado para lograr su sonido./ Foto: Kelly V. Moya.

“Las carracas se obtienen frescas del matadero”, relata. Su primer paso es sumergirlas en agua para ablandarlas. “Después se sacan del agua y se les aplica agua caliente para retirar los pedazos de carne, especialmente entre los dientes”.

El artesano emplea alrededor de seis meses para asegurarse de que las carracas se sequen por completo y para terminar de retirarles cualquier resto de carne que pueda quedar. Este instrumento puede valer hasta $300 mil pesos.

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Con este instrumento ha realizado numerosas pruebas para determinar cuál método produce los mejores resultados, ya que nadie le enseñó cómo hacerlo. “Un día me trajeron unas 15 carracas y las enterré porque escuché que también funcionaba”, relata.

Aunque el resultado fue bueno, Atuesta no quedó muy satisfecho con el color de las carracas enterradas. Él prefiere el color más blanco que logra al prepararlas solo dejándolas en agua.

Estos instrumentos hacen parte de los conjuntos folclóricos típicos santandereanos y acompañan ritmos musicales como el torbellino.
Estos instrumentos hacen parte de los conjuntos folclóricos típicos santandereanos y acompañan ritmos musicales como el torbellino.

Así es como el artesano Israel Atuesta ocupa sus días, especialmente cuando se acercan las ferias y fiestas en la Provincia. En estos eventos, es posible encontrar una amplia variedad de instrumentos de percusión, desde carracas y chuchos hasta alfandoques, esterillas, quiribillos, zambumbias y guacharacas.

Todos estos instrumentos son elaborados con el cuidado y la dedicación característicos de su sello artesanal. Al unísono, acompañan los torbellinos que emiten los intérpretes de los tiples y los requintos, en las fiestas más tradicionales de Santander.

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