lunes 13 de julio de 2020 - 5:40 PM

Las hormigas culonas en Santander, una tradición que lucha para sobrevivir en la pandemia

Otra víctima que ha dejado la pandemia es la hormiga culona. Sus comerciantes afirman nunca haber vivido una crisis igual y luchan sin descanso por poder preservar esta delicia exótica, que más que comida es un estandarte de una región que no para de buscar oportunidades.
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Existe un placer culposo que congela la cultura y lucha por dejarla intacta. Cada año sale como soberana a conquistar sus tierras; unas tierras que se han hecho la fama de tener personas que no se permiten dar ni un paso atrás.

Son pequeñas, oscuras y voluminosas. Únicas, sabrosas afrodisíacas y analgésicas. Jamás algo podría crear tanto orgullo y sentido de pertenencia como ellas, las hormigas culonas, conocidas como una de las más grandes insignias de Santander.

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Este insecto es bandera gastronómica del departamento. Después de semana santa salen a apoderarse de cada rincón. Pero como dice el dicho “agua por mayo, pan para todo el año”. Esta es la oportunidad perfecta para todos los campesinos que aguardan a que lleguen estas fechas para convertir una hormiga en sabrosura.

El sol que caracteriza estos meses, actúa como activador del deseo, que las impulsa a su apareo. Pero sin darse cuenta es así como Guanentá entra como protagonista de la historia.

Estos campesinos orgullosos de sus raíces, les hacen guardia en los hoyos donde se resguardan las ‘culonas’, para que apenas salgan a pasear, ni su nombre puedan pronunciar. Con su físico envidiable se convierte en la reina entre su especie, su nombre se atribuye a una cola enorme que contiene cientos de huevos.

Con ollas, bolsas o costales, son capturadas con vida para luego ser llevadas a su cocción, vivitas y coleando, quedando tostaditas y brillantes, como lo manda una tradición de más de 500 años.

Imagen suministrada / VANGUARDIA
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Pero como era de esperarse, el 2020 tampoco fue un buen año para ellas. Las torrenciales lluvias en algunas zonas del departamento han evitado su salida, a eso se le suma la dificultad de movilización para su cacería, por las restricciones de la pandemia que han sido un impedimento para dejarlas lucir como se merecen.

Esto lo confirma Carlos Bayona, comerciante de hormigas culonas del Socorro... Con más de 35 años de experiencia, esta pandemia lo ha dejado sin armas para afrontar la necesidad. Dice que “en todos los años que llevo trabajando en este sector nunca se había presentado un hecho que paralizara las ventas, esto es único y preocupante”.

“Antes podían existir inconvenientes pero ninguno tan grave como para acabar con el turismo y las ventas. Este año fueron tantos los problemas climáticos, que retrasaron la salida masiva de las hormigas. Y esto nos perjudicó, pero lo que realmente nos remató fueron las restricciones de las autoridades para su recolección”, señala Bayona.

Imagen suministrada / VANGUARDIA
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A su afirmación se une el campesino David Contreras, quien se dedica a recolectar estas hormigas desde hace muchos años y es el principal surtidor del negocio de Bayona desde hace más de 25 años.

“La pandemia nos ha afectado mucho, antes las recogíamos y era para nuestro sustento, las vendíamos, nos teníamos que movilizar para realizar la recolección y después para su venta, pero con las nuevas normas no hemos podido hacer nada”, relata Contreras.

Para él esta situación es muy difícil porque es una de sus principales fuentes de ingreso. Dice que cuando las recolectó, en muchas ocasiones no las podía entregar, así que señala que muchos de los campesinos han optado por comerlas, “porque la autoridad no los dejaba ni salir de la vereda, ni del pueblo y mucho menos comercializarlas”.

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Bayona asegura que en una semana normal podía vender hasta 30 libras y actualmente pasan semanas sin realizar casi ninguna venta del producto. Según sus cálculos, las ventas bajaron en más de un 70% comparado con años anteriores.

“En mis más de 35 años de experiencia, este ha sido el peor de todos. Este es el sustento de muchas familias, y la mía se ha visto afectada, pero yo sigo confiando en Dios”, estas son las palabras de Bayona, que con su voz entrecortada espera que esta tradición siga viva y resalta que “las dificultades toca aprender a sobrellevarlas porque no hay mal que por bien no venga”.

Imagen suministrada / VANGUARDIA
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Carmen Aydé Romero también hace parte de la historia cultural de Santander, ella es una empresaria sangileña, producto de una tradición que nació con su padre desde hace más de 40 años. Romero se unió hace 20 años y aunque reconoce que esta época ha sido difícil, dice que ha tratado de ingeniárselas para seguir realizando sus ventas.

“Si no hay me las invento, pero sigo luchando para seguir adelante”, dice Romero, con una actitud que caracteriza a la mujer de este departamento, fuerte, valiente y aguerrida. Ella al igual que Bayona asegura que las ventas bajaron, y que en todos sus años de experiencia nunca se había presenciado una crisis de esta magnitud pues al no haber turistas, el trabajo se ha puesto más pesado.

Ella es una de las comercializadoras de hormigas culonas más grandes de la región, explica que las ventas locales son casi nulas, pero que ha tratado de seguir haciendo tratos en diferentes zonas del país y también con el exterior.

Aunque estas también disminuyeron drásticamente pasando de comercializar entre 1.500 y 1.800 libras, algunas en el exterior, a tan solo llegar a las 300 libras. Pero esto no para a Romero quien ha decidido hacerle frente a la situación y buscar soluciones a las dificultades.

Con la mejor actitud esta mujer Santandereana busca seguir dejando en el alto el nombre de la hormiga culona en cada rincón del mundo. “Es importante preservar la cultura porque la civilización ha pasado por miles de crisis, pero esta ha luchado por prevalecer en medio del caos. Y esto es lo que he decidido hacer, trabajar por mi futuro y de paso por algo tan importante para mi provincia”.

Imagen suministrada / VANGUARDIA
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Luz Marina Rivero es una bumanguesa que también hace parte del gremio comercializador de las hormigas culonas. La historia es la misma, una crisis económica sin precedentes para todos los que se dedican a la venta de este manjar cultural.

“Cuando comenzó el aislamiento, inició la incertidumbre, nosotros tenemos varios puntos en Bucaramanga y su área, y debido a las medidas expuestas por las autoridades, no se podían abrir. Así que las ventas bajaron de forma catastrófica” cuenta Rivero.

Dice que no ha parado de buscar “oportunidades para la venta, pero no se compara con años anteriores, porque sin importar la situación se vendía y el negocio era próspero pero lo que se está viviendo ahora nunca se había vivido”.

En la actualidad todos coinciden con el espíritu de lucha y con la esperanza inquebrantable de que la pandemia pase pronto sin dejar cómo víctima mortal la cultura gastronomía representada en una ‘culona’.

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Por ahora esta hormiga seguirá siendo solución y no problema, así lo afirma Bayona quien resalta sus decenas de propiedades para la salud. “Tiene altos índices de proteínas, bajos niveles de grasas saturadas, propiedades antibacteriales”, y agrega entre risas que “lo más importante son sus insuperables poderes afrodisíacos”.

Ahumadas, crujientes, dejando una sensación salada en la lengua así son las ‘culonas’. Con un sabor único que seguirá haciendo de las suyas y espera superar victoriosa este desafío llamado pandemia que cogió desprevenido a casi todo el mundo.

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