Con más de 15 años de experiencia, Jaime Andrés Cruz Serrano ha hecho de la enseñanza un acto de liderazgo y humanidad, formando estudiantes que hoy lo recuerdan por transformar sus vidas.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
Un día cualquiera, mientras tomaba un transporte público, Jaime Andrés Cruz Serrano vivió uno de esos momentos que marcan a un educador para siempre. “¡Profe, qué alegría verlo!”, le dijo un joven que se le acercó con entusiasmo. La frase que vino después lo conmovió profundamente: “Usted fue el profesor que me enseñó a saludar”. No hablaba de gramática ni de clases de inglés, sino de humanidad. De ese gesto cotidiano que puede parecer pequeño, pero que revela una manera de estar en el mundo.
Lea también: Irene Suárez: liderazgo ‘tech’ desde Bucaramanga
Esa escena resume, de alguna manera, la esencia del trabajo de Jaime Andrés Cruz Serrano: formar personas, sembrar respeto, encender pequeñas luces en el camino de otros.
Su historia como educador comenzó mucho antes de entrar a la universidad. En el colegio Damaso Zapata, donde fue uno de los mejores estudiantes de su generación, descubrió su vocación. En décimo grado, un proyecto social le pidió a los estudiantes capacitarse para enseñar a niños de grados menores. Jaime recibió formación básica y se animó a dictar clases de inglés a estudiantes de segundo grado: “a mí me encantó la experiencia”, recuerda, “ahí descubrí mi pasión por enseñar”.

Ya desde entonces era ese compañero generoso que ayudaba a otros a entender los temas difíciles. Pero ese primer ejercicio real de enseñanza encendió algo más profundo. “Le dije a mis papás que quería estudiar licenciatura. Ellos no estaban muy convencidos. Pero yo les dije: este es el camino que quiero tomar”. En una clase de Ética del colegio escribió su proyecto de vida: estudiar licenciatura, graduarse, enseñar. Y lo cumplió, paso a paso.
Hoy, Jaime Andrés tiene más de 15 años de experiencia en el sector educativo. Es licenciado en Inglés, magíster en Administración de Negocios (MBA), y actualmente cursa un doctorado en Educación con énfasis en Evaluación y Currículo en la Universidad Santo Tomás. Ha enseñado en colegios y universidades, en modalidad presencial y a distancia, y actualmente se desempeña como jefe de área de inglés en un colegio, además de formar futuros maestros en distintos programas de licenciatura.
“Yo siempre les digo a mis estudiantes: ustedes están aquí temporalmente, pero ese tiempo que compartimos puede ser decisivo. Uno siembra una semilla. A veces no se ve de inmediato, pero luego florece”, señala.
Jaime recuerda con emoción a dos profesoras que marcaron su camino. La primera fue Clara, su maestra de inglés en el colegio. Años después, ya como colegas, él tuvo la oportunidad de agradecerle públicamente durante un encuentro de docentes: “le dije frente a más de 200 profesores que gracias a ella yo había decidido ser maestro. Desde entonces, cada vez que nos vemos, hay una conexión muy bonita. Ella fue mi inspiración y yo soy parte de su legado”.
Publicidad

La segunda fue Maribel Vega, una docente universitaria que trajo a sus clases una perspectiva global, producto de su experiencia como educadora en Estados Unidos: “ella nos contagió su método, su curiosidad, su pasión por hacer las cosas bien. Era una mujer absolutamente trabajadora, siempre dando feedback, siempre empujándonos a ser mejores maestros”.
El maestro como líder
Jaime no solo enseña: también piensa la educación desde una visión crítica y transformadora. Por eso se postuló al programa Lideremos, donde hoy es becario: “para mí, el maestro es un líder. Y un líder es quien crea sinergias para alcanzar un objetivo común”, afirma. Esa idea lo motivó a seguir estudiando y a investigar, precisamente, cómo formar liderazgo en los programas de licenciatura: “en la universidad a uno no le dan herramientas claras sobre cómo liderar dentro o fuera del aula. Y los maestros están cargados de proyectos, pero muchas veces no saben cómo gestionarlos, cómo asumir un rol transformador”.
Por eso su tesis doctoral busca responder a una pregunta urgente: ¿cómo se forma el liderazgo docente en Colombia? ¿Y cómo lograr que no dependa únicamente de la voluntad individual, sino de procesos estructurados de acompañamiento?
Los retos de enseñar en el siglo XXI
Desde su experiencia, Jaime identifica tres desafíos urgentes en la educación colombiana: la fragmentación del currículo, la necesidad de priorizar habilidades blandas y la resistencia a la innovación tecnológica: “la desarticulación entre asignaturas hace que cada profesor trabaje por su lado. Necesitamos un currículo más integrado, con proyectos reales que conecten saberes y habilidades. Enseñar desde la experiencia, desde los intereses de los estudiantes”.
También insiste en que es hora de equilibrar el enfoque tradicional de la escuela: “se priorizan habilidades duras como álgebra o gramática avanzada, pero no enseñamos manejo del tiempo, comunicación, trabajo en equipo. Y esas habilidades blandas son clave para el desarrollo integral”.

Sobre la inteligencia artificial, es claro: “negarse a usarla es como negarse al internet. La IA llegó para quedarse. Hay que saber usarla, con ética, como herramienta para la planeación, la evaluación y el aprendizaje autónomo. Yo la uso mucho, incluso para ayudar a mis estudiantes a revisar sus procesos y comparar con lo aprendido”.
A todo esto se suma un reto emocional: el bienestar de estudiantes y docentes: “muchos llegan a clase con situaciones difíciles: problemas familiares, crisis personales, ansiedad. Uno tiene que ser la luz en medio de la oscuridad, ser flexible, respetuoso, empático. Y también necesitamos acompañamiento de los docentes. Muchas veces estamos solos. Falta alguien que te observe, te retroalimente, que te diga: ‘vas bien’, o ‘podrías mejorar aquí’. La mejora educativa no es solo del estudiante, también del maestro”.
Publicidad
Para quienes hoy están empezando su camino como docentes, Jaime tiene un mensaje claro: “ no se desanimen. Siempre es más lo bueno que lo malo. Sí, hay estudiantes complicados, padres exigentes, sobrecarga laboral… pero también están esas voces que un día te dicen ‘profe, gracias a usted soy un poco mejor’. Y eso lo vale todo”.
Jaime Andrés Cruz Serrano es un sembrador de liderazgo, un defensor del cambio educativo desde dentro, y un testimonio vivo de que la vocación, cuando se cultiva con constancia y humanidad, puede transformar muchas vidas. Incluida la suya.

















