Agro
Domingo 02 de agosto de 2026 - 01:00 AM

Cacao y cadmio: el problema que comienza bajo tierra

El cadmio se ha convertido en uno de los principales desafíos para los productores de cacao de Santander. Más allá de los límites establecidos para los productos derivados, el reto está en comprender cómo este metal llega a la almendra y qué prácticas pueden ayudar a recuperar la salud de los suelos.

El cadmio se ha convertido en uno de los principales desafíos para los productores de cacao de Santander. Más allá de los límites establecidos para los productos derivados, el reto está en comprender cómo este metal llega a la almendra y qué prácticas pueden ayudar a recuperar la salud de los suelos.
El cadmio se ha convertido en uno de los principales desafíos para los productores de cacao de Santander. Más allá de los límites establecidos para los productos derivados, el reto está en comprender cómo este metal llega a la almendra y qué prácticas pueden ayudar a recuperar la salud de los suelos.

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Publicado por: Iliana Margarita Garnica Ruiz, El Campo en Tacones

El cadmio es un metal pesado que representa un riesgo para la salud humana y que hoy preocupa a los productores de cacao de nuestro departamento. Se ha convertido en uno de los temas más sensibles del sector. A pesar de los esfuerzos que se vienen realizando desde distintos sectores, el desafío continúa exigiendo acciones más integrales y un mayor compromiso, sustentados en la ciencia y orientados hacia la recuperación de la salud del suelo.

Uno de los errores más frecuentes es afirmar que la Unión Europea exige un máximo de 0,80 miligramos por kilogramo de cadmio para todo el cacao. No es exactamente así. La normativa europea no establece un único límite para el cacao en general, sino valores máximos según el tipo de producto final, como el chocolate o el cacao en polvo. Es decir, los límites no se aplican de manera uniforme al grano de cacao, sino a los productos terminados destinados al consumo. Comprender esta diferencia evita confusiones y nos permite concentrarnos en lo importante: entender cómo llega el cadmio hasta la almendra y dónde comienza la solución.

La recuperación de los suelos puede ser determinante para enfrentar el problema del cadmio en el cacao. El proceso requiere tiempo, conocimiento y constancia, pero también puede contribuir a mejorar la productividad y sostenibilidad de los cultivos.

El cacao no fabrica cadmio, lo absorbe del suelo. Cuando el cadmio está disponible en el suelo, la planta no siempre logra diferenciarlo de algunos elementos esenciales, como el zinc. Por esa razón, una parte puede ingresar por las raíces y desplazarse a través del xilema hasta llegar a la almendra. La cantidad de cadmio que una planta puede absorber depende de múltiples factores: el pH del suelo, la materia orgánica, la actividad microbiana, la variedad de cacao, las condiciones climáticas y el manejo del cultivo. Por eso, dos fincas vecinas con condiciones aparentemente similares pueden presentar resultados completamente diferentes.

Recuperar un suelo requiere tiempo, conocimiento, compromiso y un manejo integral. En lugar de buscar soluciones rápidas sobre la planta, debemos aprender a leer, entender y recuperar el suelo, porque ahí comienza la verdadera solución. Es difícil establecer cuánto tiempo tarda este proceso, ya que depende del grado de degradación de cada suelo. Sin embargo, los primeros resultados pueden observarse entre dos y cinco años, siempre que exista constancia en la aplicación de prácticas regenerativas.

La regeneración comienza con un análisis de suelo para conocer su estado real. A partir de ese diagnóstico es posible tomar decisiones acertadas para recuperar la materia orgánica, restablecer el equilibrio mineral y mejorar las propiedades físico-químicas del suelo. Por otra parte, la reducción progresiva de la dependencia de los agroquímicos contribuirá a ese proceso de recuperación. Regenerar un suelo no consiste en aplicar un solo producto; es un proceso integral que exige conocimiento, seguimiento y constancia.

Dentro de las estrategias que hoy se plantean para disminuir la disponibilidad del cadmio encontramos la biorremediación, la fitorremediación, la aplicación de ácidos húmicos y fúlvicos, el biochar y los abonos orgánicos. Todas estas herramientas hacen parte de un manejo integral. Ninguna representa una fórmula mágica ni actúa de manera aislada. Su verdadero valor radica en su aplicación conjunta, dentro de un manejo adecuado que permita recuperar la fertilidad y fortalecer la salud del suelo.

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El cadmio se ha convertido en uno de los principales desafíos para los productores de cacao de Santander. Más allá de los límites establecidos para los productos derivados, el reto está en comprender cómo este metal llega a la almendra y qué prácticas pueden ayudar a recuperar la salud de los suelos.
El cadmio se ha convertido en uno de los principales desafíos para los productores de cacao de Santander. Más allá de los límites establecidos para los productos derivados, el reto está en comprender cómo este metal llega a la almendra y qué prácticas pueden ayudar a recuperar la salud de los suelos.

Mi experiencia en agroecología me ha demostrado que producir sin depender de productos agroquímicos no significa producir menos, aunque ese temor aún está presente en la mayoría de los agricultores. Cuando un suelo recupera su funcionamiento natural, aprovecha con mayor eficiencia el agua y los nutrientes, desarrollando un sistema radicular más vigoroso, que favorece la actividad biológica y permite que los cultivos sean más resistentes a los cambios climáticos, las plagas y las enfermedades. Como consecuencia, es posible obtener una producción rentable y sostenible.

Mientras escribía este artículo recordé una canción de Juanes cuyo mensaje nos invita a no dejar que se pierda aquello que realmente importa. Pensé que esa reflexión también aplica para nuestros suelos. No dejemos que se nos acabe el amor por la tierra. La naturaleza ha tardado siglos en formar nuestros suelos y nosotros podemos degradarlos en apenas unas décadas. Todavía estamos a tiempo de recuperarlos. De ellos depende nuestra alimentación y también la salud humana, animal y vegetal. Porque cuidar el suelo es, en el fondo, cuidar la vida.

Publicado por: Iliana Margarita Garnica Ruiz, El Campo en Tacones

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