Dos trabajadores fueron asesinados en un micromercado de Bucaramanga durante un ataque dirigido contra el propietario. Sus familias piden justicia.

Publicado por: Redacción Judicial
Para los padres de Ana María Bohórquez Gamboa y Cristófer Alexander Rojo Linares, la tragedia que terminó con la vida de sus hijos, quienes eran ajenos al conflicto, no comenzó a las 4:55 de la tarde del 21 de julio, cuando los disparos irrumpieron en el micromercado Mi Placita, en el barrio Las Hamacas, en el norte de Bucaramanga.
Ellos creen que empezó días antes.
Y sostienen que, si después de un primer ataque ocurrido contra la fachada del establecimiento se hubieran tomado medidas de seguridad o se hubiera advertido a los empleados sobre el riesgo, quizá Ana María y Cristófer todavía estarían vivos.
“Yo creo que esto se hubiera podido evitar. El 12 de julio los mismos tipos hicieron unos disparos a la fachada de esa misma casa, como avisándoles. No sé qué debía esa familia en particular, pero ya había una amenaza”, contó Ignacio Bohórquez, padre de Ana María.
Nueve días después, los disparos regresaron. Esta vez no fueron contra una fachada. Los proyectiles entraron al negocio y encontraron, en medio de un conflicto ajeno, a dos jóvenes que, según sus familias y la investigación preliminar de las autoridades, solo estaban trabajando.
Ana María tenía 25 años y era madre de tres niños. Cristófer acababa de cumplir 18 y soñaba con estudiar Ingeniería de Sistemas. Ambos terminaron muertos en un ataque que, de acuerdo con la principal hipótesis de la Policía, estaba dirigido contra el propietario del establecimiento donde trabajaban.
“Mi hija no era jíbara, ni delincuente, solo trabajadora”, dice Ignacio, todavía con la indignación de un padre que intenta entender cómo una tarde cualquiera terminó arrebatándole a su hija.
Publicidad
“Iban por el patrón de mi hijo”
Angy Linares, madre de Cristófer, todavía intenta reconstruir las últimas semanas de vida de su hijo para entender cómo terminó en medio de una balacera que, según las autoridades, no tenía como objetivo a él.
El muchacho había cumplido 18 años el pasado 7 de junio.
Era su hijo mayor. Un joven que, según ella, no tenía vicios, no frecuentaba discotecas y llevaba una vida marcada por dos lugares: la casa y el trabajo.
“Era muy juicioso, no tenía vicios de nada. Era de la casa al trabajo, del trabajo a la casa. No se la pasaba en discotecas ni nada, nada de vicios”, recordó Angy.
Cristófer había regresado a Bucaramanga después de terminar el bachillerato en el municipio de La Belleza, Santander. Quería conseguir un empleo para ayudar económicamente a su mamá y, al mismo tiempo, comenzar a buscar la manera de cumplir su sueño de convertirse en ingeniero.
Había llegado al minimercado Mi Placita apenas unos días antes del crimen. Su labor estaba relacionada con los domicilios del negocio, mientras Ana María permanecía atendiendo a los clientes y en la caja. La información publicada inicialmente sobre el caso señalaba que llevaba cerca de dos semanas en el establecimiento.
Publicidad
“Mi hijo era un inocente, era un muchacho que solo le gustaba trabajar para ayudarme”, afirmó su madre.
Para ella, no hay misterio sobre quién debía estar en la mira de los sicarios.
“Iban por el patrón de mi hijo, no por él ni por la muchacha”.

Y ahí surge una de las preguntas que más atormentan a esta familia: si el propietario del negocio ya había sido víctima de un atentado y conocía el peligro, ¿por qué los trabajadores permanecieron allí?
Publicidad
“Él ya había tenido un atentado y reunió a su familia para protegerla y averiguar, pero no dijo nada para mi hijo, que llevaba 18 días trabajando con él”, manifestó Angy.
La madre asegura que, después de lo ocurrido, tampoco recibió un gesto de quienes estaban relacionados con el establecimiento.
“Ellos no se han conmovido ni nada. Ni decir ‘lo siento’, ni para decir ‘disculpe’. El local lo siguieron abriendo después de que pasó esto”.
Su reclamo no busca dinero.
Publicidad
“Yo lo que quiero es justicia, que salga a la luz la justicia. Que ese señor diga la verdad de lo que pasó”, expresó.
Una advertencia que quedó en el aire
Ignacio Bohórquez también habla de aquel 12 de julio.
Ese día, según su relato, hombres armados habrían disparado contra la fachada de la vivienda donde funcionaba el negocio. Para el padre de Ana María, aquello debió ser una señal de alerta.
“No sé qué debía esa familia en particular. El problema, según lo que hemos sabido, iba por un hijo o por una nuera. Pero si ya habían disparado contra la fachada, debieron tomar medidas”, manifestó.
Nueve días después ocurrió el segundo ataque.
“Supuestamente la señora, esposa del propietario, fue a poner la denuncia ese mismo día. Dijo que llegó y que a la hora fue el atentado. Vinieron a darle al señor, me dicen que le pegaron como cuatro o cinco disparos, y en ese momento atacaron al muchacho y a mi hija”.
La versión preliminar de las autoridades coincide fundamentalmente en que Ana María y Cristófer no serían los objetivos del ataque.
El coronel Harvey Silva, comandante operativo de la Policía Metropolitana de Bucaramanga, confirmó que ambos eran trabajadores del establecimiento y señaló que, de acuerdo con la investigación inicial, “no tenían nada que ver” con el conflicto que habría provocado el atentado. La principal hipótesis apuntaba entonces a un asunto personal relacionado con los propietarios del negocio.
El propietario, un hombre de 53 años, recibió tres impactos de bala y sobrevivió. Ana María y Cristófer no tuvieron la misma oportunidad.
La tarde en que sus vidas quedaron en medio de las balas
Eran aproximadamente las 4:55 de la tarde. En el barrio Las Hamacas había movimiento. Dentro del micromercado Mi Placita estaban quienes trabajaban y quienes habían llegado a comprar.
De repente, una motocicleta apareció. Dos hombres descendieron del vehículo y comenzaron a disparar. Vea además: Asesinaron a un reciclador de dos disparos en la cabeza en Bucaramanga
El conductor vestía pantalón blanco, chaqueta negra y camiseta roja. El parrillero llevaba chaqueta negra y jean azul oscuro, según la descripción entregada por las autoridades.
No hubo tiempo para reaccionar. Los disparos alcanzaron al propietario del negocio, a Ana María y a Cristófer.
Los vecinos salieron de sus casas al escuchar la ráfaga. Ante la demora de una ambulancia, fueron ellos mismos quienes ayudaron a sacar a los heridos y trasladarlos hasta el Hospital Local del Norte.
Pero para dos de ellos ya no había nada que hacer. Cristófer murió poco después de ingresar al centro asistencial. Ana María también falleció producto de las heridas.
El joven, incluso gravemente herido, alcanzó a salir del establecimiento y avanzar algunos metros antes de desplomarse. Luego habría logrado llegar hasta una vivienda cercana en busca de ayuda, de acuerdo con el relato entregado por sus familiares.
Tres niños se quedaron sin su mamá
Mientras la familia de Cristófer intenta despedir al joven que quería convertirse en ingeniero, la familia de Ana María enfrenta otra tragedia: tres niños quedaron sin su madre.
La joven tenía una hija de apenas 2 años y dos hijos varones, de 5 y 7 años. Ella trabajaba para mantenerlos.
Los dos niños quedaron al cuidado de su abuela materna, mientras la pequeña permanece con familiares en Pamplona.
Ana María llevaba aproximadamente tres meses y medio trabajando en el establecimiento. Era quien abría el negocio y atendía la caja.
“Aún no he recibido el dictamen forense, pero creo que el disparo no iba directo a ella, pero le cayó. El sicario llegó repartiendo tiros para todos lados. Le hicieron como cuatro al señor dueño”, relató su papá.
BBV

Por eso insiste en que la investigación debe llegar hasta el final.
“Mi hija no va a volver, pero voy a poder dormir tranquilo si se hace justicia. No mataron animalitos, fueron dos personas trabajadoras las que mataron”.
Después de la balacera, Ignacio recibió una llamada. Le hablaron del pago de las prestaciones sociales correspondientes al tiempo que su hija trabajó en el establecimiento. Pero eso no era lo que estaba buscando.
“Yo le dije al señor que lo que quiero es claridad sobre por qué acabaron la vida de mi hija. Nosotros sabíamos muy bien que no iba para ella”.
Desde entonces, asegura que ha acudido a la Sijin y ha intentado buscar al mismo alcalde para que las autoridades avancen en la investigación. Ya hay cámaras y testimonios, y esperan resultados contra los responsables.
“El mensaje es claridad sobre el hecho, respuesta y que haya justicia. Mi hija y ese otro joven no eran malas personas. Estaban laborando para sacar a sus familiares adelante. Quiero respuestas, investigación a fondo de este hecho porque no puede quedar impune”, concluyó el padre.















