La vida y obra de Albeiro Vargas Romero, el Ángel del Norte, celebra por estos días 30 años de solidaridad y de asistencia a los más desprotegidos. Vanguardia Liberal ha sido testigo de cómo sus ‘alas invisibles’ traspasaron las fronteras e hicieron de aquel pequeño un gran embajador de paz. Esta es su gran historia:

Publicado por: EUCLIDES ARDILA
Se la pasaba caminando por las tortuosas vías del popular barrio Transición, al norte de la capital santandereana.
Vanguardia Liberal tuvo el honor de encontrárselo en su trasegar. Lo vio tal y como siempre ha sido: una especie de mensajero de Dios, encargado de custodiar a los abuelos más desprotegidos.
Esa nostalgia y desolación que se veía en las deterioradas casas de Ciudad Norte, su casa natal, fueron la fuente de inspiración del entonces niño Albeiro Vargas Romero.
Hoy, tres décadas después, este diario también ostenta el honor de escribir en letras de molde su gran historia.
Entre las noticias del ayer vienen a la memoria los primeros recorridos por las calles de su infancia. Aún se huele el olor de los fogones de leña que se armaban en aquellos ranchos, en donde Albeiro preparaba el chocolate de sus ‘parceros con canas’.
Todavía se le ve su caminar presuroso, saltando por los charcos de aguas lluvias que inundaban al sector.
De pronto y sin saber que ese juego de niño le daría vida a una gran obra social, las alas invisibles de este ‘ángel’ lo hicieron volar, no solo por las tiendas de la ciudad pidiendo arroz, pan y chocolate, sino por el país entero.
Se elevó tan alto que traspasó fronteras. Los ranchos se tradujeron en modernas sedes geriátricas, las ‘onces’ se convirtieron en nutrientes alimentos; y los achaques de sus ancianos hoy son calmados por grandes expertos y especialistas de la medicina, quienes sin cobrar ni un solo peso por ello, atienden a cada uno de los viejos que todavía protegen sus alas.
El Ángel del Norte, tal y como lo bautizara este diario en el ayer, treinta años después muestra lo que no han podido hacer ni los alcaldes, ni los gobernadores, ni los propios presidentes de la República: Tres centros geriátricos, todos dotados con equipos modernos, medicinas y un invaluable grupo de enfermeras, médicos y voluntarios.
Algo más: En cada uno de esos hogares ningún politiquero de turno, ni los de hoy ni los de ayer, pueden decir que aportaron peso alguno para estas nobles causas.















