Bucaramanga
Lunes 13 de julio de 2015 - 11:50 AM

Cuando las familias en Santander tenían su propia moneda

Todo un caos monetario se vivía en el siglo XIX. Familias como la de Trinidad Parra de Orozco, los Reyes González y Geo Von Lengerke tenían sus propias monedas. Otros pagaban con monedas de otros países. Lo que importaba era su peso, que al caer la moneda sonara, pues así se sabía que estaba hecha de buen metal.

Cuando las familias en Santander tenían su propia moneda
Cuando las familias en Santander tenían su propia moneda

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Publicado por: PAOLA PATIÑO

Cuando llegaron los españoles a la región, trajeron monedas pero en realidad eran muy pocas. No había suficientes para hacer los intercambios comerciales. Durante el siglo XVIII, la primera manera de intercambiar bienes y servicios era a través del trueque. Después se usó el hilo de algodón, el cual según su grueso valía más o menos. Esa fue la primera economía que se tuvo en Santander.

En 1781, en plena revolución comunera, el hilo grueso de algodón, además de servir para elaborar las mantas guanes también servía como medio de intercambio”, describe Miguel José Pinilla Gutiérrez, ingeniero civil y miembro de la Academia de Historia de Santander.

Después de esto, en Bogotá se creó la Casa de la Moneda y se comenzaron a realizar estos elementos, que se les llamaba las monedas macuquinas, una especie de moneda martillada, muy artesanal que servía como dinero.

Lo importante de la moneda no era el valor estipulado en ella, sino el peso: que tuviera cierta cantidad de metal. A la moneda le cortaban pedacitos de metal y así iban quedando. Tras esto se hicieron las monedas de cordoncillo, porque tienen un cordón alrededor y ahí sí importaba el valor que estaba escrito en ella”, explica Pedro Antonio Vivas Guevara, ingeniero industrial y miembro de Número de la Academia de Historia de Santander.

Pedro Vivas junto a Miguel José Pinilla Gutiérrez publicaron en 2001 el libro ‘Moneda y Banca en Santander’, que recoge la historia del comercio indígena, las primeras monedas que circularon y sus falsificaciones y cuenta cómo los bumangueses más adinerados del siglo XIX tuvieron sus propios billetes y monedas. Luego vinnieron los bancos, el dinero durante la Guerra de los Mil Días, hasta llegar a la banca en el siglo XX.

Los particulares hacían su moneda

“Lo curioso de nuestro sistema monetario es que cuando se creó el Estado Soberano de Santander, en 1857, nosotros hicimos una Constitución tan liberal en todo sentido, que permitimos que los particulares imprimieran monedas”, resalta Vivas Guevara.

Durante el siglo XIX, cualquier persona que tuviera la capacidad financiera para realizar su propio dinero lo podía hacer y pagar con él todo lo que necesitara. Familias como la de Trinidad Parra de Orozco, que era una señora muy rica de la época, o los Reyes González y el famoso Geo Von Lengerke, mandaban a crear sus troqueles en el exterior y en sus talleres locales realizaban sus monedas.

El problema sobre esto surgió cuando comenzó la falsificación de la moneda, pues al no haber ningún tipo de regulación al respecto, cualquiera podía fácilmente crear su propio dinero, sin tener un respaldo económico que le diera validez al mismo.

“A algunas personas los comerciantes que sabían que la persona no tenía ningún capital de respaldo, pues no le recibía la moneda… entonces los pobres les tocaba usar las monedas que hacían los ricos y las que traía la corona española, que nunca dejó de hacer sus monedas”, cuenta el historiador Vivas.

Y como si esto fuera poco, en el Estado Soberano de Santander se recibían las monedas de todo el mundo, sin importar que las personas de la época desconocieran las que existían en otros países. Generalmente, explican los historiadores, los perjudicados eran los comerciantes, quienes a la hora de reclamar su dinero en la Tesorería Departamental, en donde se las recibían y cambiaban, se encontraban en muchas ocasiones con que estas eran falsas.

Usted podía llegar con unas coronas francesas, danesas o italianas, la que fuera, tenían que recibirlas (…) las monedas que venían del exterior tenían el sello y valor de cada país. El Gobierno tenía personas expertas que iban por los mercados de la región y reconocían si las monedas eran buenas o falsas, se llamaban peritos en reconocer moneda falsa…”, relata Pedro Antonio.

Hasta este momento, todo se pagaba exclusivamente con monedas, pues solo hasta 1871 aparecieron los billetes. Con el tiempo las monedas de oro y plata desaparecieron, en gran medida por las guerras que se vivieron, en las que el metal se fundía para realizar las balas de las armas.

“Se comenzaron a hacer billetes de a peso, de cinco, de 10 y de 20. Ya la gente comenzó a pagar con billetes, porque las monedas eran escasas… al principio las personas poco confiaban en el papel, porque para ellos valía era la plata contante y sonante, es decir, que al dejarla caer al suelo sonara, porque entre más sonara se sabía si era o no de buen metal”, recuerda Miguel Pinilla.

Aparecen los bancos

En el siglo XIX comenzaron a crearse los primeros bancos del departamento. Cada entidad bancaria también tenía la posibilidad de emitir sus propios billetes, que se producían generalmente en Europa.

El Banco de Santander nació en 1872, pero tuvo cuatro épocas, ya que se cerró en diversas oportunidades por las crisis sociales que se vivieron durante el siglo.

"Clausuradas las actividades del Banco Santander en su primera etapa (1880) y por consiguiente la sucursal que de este banco tenían en la ciudad de Socorro, capital por aquel entonces del Estado soberano de Santander, los socorranos encontraron la situación oportuna para crear su propio banco, el del Norte, el 25 de septiembre de 1881”, relata Pinilla Gutiérrez.

Después de este, se creó el Banco de Pamplona, también de emisión, giro y descuento. Este municipio se anticipó a Cúcuta, a pesar de que esta ciudad siempre tuvo gran vida comercial.

El cuarto banco, antes de que el país creara una banca central que actualmente conocemos como el Banco de la República, fue el Pretario de Soto, el 2 de noviembre de 1883, en Bucaramanga, cuando ya era capital del departamento.

“Sobre la base de estos cuatro establecimientos bancarios, nacieron en el pasado siglo, en el futuro departamento de Santander, las transacciones financieras y comerciales y se edificó su nuevo desarrollo, cuando los vientos de paz de una nueva reforma constitucional, la de 1910, le permitieron participar nuevamente en el diseño de la economía colombiana”, recita el historiador Pinilla.

Los billetes y monedas de la guerra

A finales del siglo XIX y comienzos del XX sucedió la conocida batalla de Palonegro, una guerra civil. En esos días el Gobierno central, que era Conservador,  no tenía dinero, entonces comenzó a emitir billetes sin ningún respaldo. Al ver esto, la oposición, que eran liberales, también expidieron su dinero. Así nacieron los billetes de la guerra o Popular.

“Eso no tenía ningún valor, pero se usaban en todas sus actividades entre las personas del mismo partido. Algunos se hicieron hasta con papel de cuaderno”, explica Pinilla.

Tras finalizar la guerra civil había escasez de monedas, por lo que las balas usadas durante la batalla se fundieron y se convirtieron en ellas.
Para esta fecha, ya había cuatro bancos expidiendo billetes y monedas, los particulares también y se sumaban los billetes de la guerra.

Ante este caos, en ejercicio de la soberanía monetaria, el Congreso dictó la Ley 57 de 1887, mediante la cual “suspendió a los bancos particulares la facultad de emitir y poner en circulación billetes mientras dicha atributo lo ejerciera con carácter exclusivo el Banco Nacional”, que fue el primer intento de banca central.

Y la Ley 146 de 1989 prohibió a los particulares y a cualquier otra entidad distinta del gobierno emitir billetes y monedas. Es decir, hasta finales del siglo XIX llegó el desorden y creación excesiva de dinero por particulares.

 En 1923 comenzó a funcionar el Banco de la República que existe hasta la actualidad. Entonces las monedas de las familias y de los diversos bancos quedaron como testigos de la historia de Santander.

Publicado por: PAOLA PATIÑO

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