Claudia* fue a una cita de sicología agendada por su EPS como parte del control de su embarazo. Sin embargo, lo que sería una ayuda se convirtió en un momento de temor, al sentir que el sicólogo estaba sobrepasando los límites profesionales.

Publicado por: PAOLA PATIÑO
Lo que se suponía era un cita rutinaria, producto del control de su embarazo, se convirtió en una difícil y traumática experiencia para Claudia*, una joven profesional de una importante universidad de la ciudad, quien por miedo prefiere no decir su verdadero nombre.
El pasado 16 de junio, Claudia* asistió a una cita de sicología que su entidad prestadora de servicio de salud le asignó en una clínica de la ciudad, con sicólogo clínico. Sin mayor contratiempo, ese día la joven asistió en la tarde, respondió las preguntas realizadas por el profesional e hizo lo que le indicaba, pues nunca antes había estado en una consulta de este tipo.
“Él me hizo mucho énfasis en que si yo iba sola a la cita y que si alguien me esperaba afuera… Me pregunta que cómo dormía en las noches, yo le digo que bien, que lo único es que presento como un ahogo, un problemita respiratorio, a raíz del embarazo… entonces él me dice que lo que tengo es estrés…”.
Tras un largo cuestionario, el profesional le indicó a la joven que pasara a la camilla para explicarle algunos ejercicios de respiración y de estimulación a su bebé.
“…Ahí en la camilla él no me toca solo me dice póngase la mano en el vientre y empiece a inhalar y exhalar. Así me tuvo como unos 10 minutos, yo no recuerdo bien… Él me dice levántese, me acuerdo que me corrije la forma en la que me levanto… me dice párese y mire a la camilla, él se hace detrás de mí. Ahí ya de hecho me empieza a incomodar la presencia de él y comienza a tocar mi espalda, me dice que me estoy encorvando mucho… De un momento a otro este tipo me coge fuerte, me arrincona contra la camilla, me sube la blusa, baja el pantalón y toca mis partes íntimas”, narra Claudia*, aún conmocionada y con dificultad para hablar.
“Yo grito. Eso fue en cuestión de segundos. Grito, me cojo el pantalón, me lo subo. A mí me dio como un ataque, mis piernas no me respondían, el tipo me suelta y me dice no pasó nada, tranquilícese. Se sienta en su escritorio como si nada. Yo empiezo a llorar atacada, le digo que es un cochino, depravado desgraciado…”.
Tras esto, Claudia sale gritando del consultorio en busca de ayuda, pero aunque el lugar estaba lleno, solo una persona se acerca a preguntarle qué le sucede y tiempo después aparece una trabajadora de la clínica.
“… Aparece una funcionaria que fue la misma que me recibió cuando llegué a la cita y pregunta qué le pasó. Yo le digo él me manoseo, él me tocó… y la respuesta fue: niña el procedimiento que el doctor le hizo fue algo normal. Tranquilícese…”, recuerda Claudia*.
Tras esto, ni la funcionaria de la clínica ni ninguna persona presente, detiene al sicólogo, quien huye del lugar, según cuenta la mujer. Solo dos horas después de lo sucedido, cuenta Claudia*, que ya con la presencia de sus padres, es que la Policía llega porque ellos la llaman.
“Me siento abandonada”
Según un comunicado entregado a Séptimo Día el pasado 22 de junio, por la clínica, la consulta duró más de una hora y el día de los hechos la Coordinación del usuario y del programa de la EPS, acudieron a escuchar la versión de la mujer en presencia de la Policía del CAI de las Américas, que fueron quienes acudieron al llamado.
“...Respecto a la situación presentada con nuestro funcionario, les informamos que el sicólogo desde el día 17 de junio de 2016 ya no labora en nuestra institución”, indica el comunicado de prensa, sin dar más información hasta tanto la Fiscalía adelante la respectiva investigación, en la que aseguraron prestarán la colaboración que se requiera para esclarecer el presunto caso de abuso.
Por su parte Claudia* acudió al día siguiente de lo sucedido a la Fiscalía a presentar la respectiva denuncia.
Al respecto, la fiscal Clara Lucía Ramírez Rivero, coordinadora delCentro de Atención a Víctimas de Abuso Sexual de Bucaramanga, Cainvas, aclara que el procedimiento que una víctima de abuso sexual debe realizar cuando es mayor de edad es: primero ir a la Fiscalía a instaurar la denuncia, para posteriormente ser direccionado a Medicina Legal. De igual manera, la entidad judicial les debe dar a las víctimas los oficios o autorizaciones para que la respectiva EPS brinde el apoyo sicológico y de salud que requiera. E inmediatamente se hace la solicitud de remisión del caso a alguno de los cinco fiscales que tiene la unidad.
“Los trámites son un poquito demorados. Quizás la ciudadanía espera una mayor agilidad en este tipo de procesos, pero desafortunadamente el sistema penal está un poco apretado, dependemos de los jueces, tanto de conocimiento como de garantías…”, afirma la fiscal Ramírez.
Para el 2015 y lo que va de este año, la Fiscalía de Bucaramanga ha recibido cuatro casos de abuso sexual por parte de profesionales del sector de la salud. De estos casos, solo dos se encuentran en etapa de indagación, es decir, que apenas se están recogiendo las pruebas.
En el caso de un profesional de la salud, por lo complicado del proceso, este puede seguir ejerciendo su carrera hasta tanto no se dé un fallo. Así mismo, las penas en el caso de acoso sexual oscilan entre 1 a 3 años; por acceso carnal si es violento, la pena puede ir de 12 a 20 años de prisión; si la víctima reporta solo tocamientos, como en el caso de Claudia, es de 8 a 16 años de cárcel, y si se habla de acceso o actos sexuales en persona puesta en incapacidad de resistir, que podría ser el caso de un paciente sedado, por ejemplo, también está entre los 8 a 20 años.

“…Cuando se trata de mayores de edad, todo lo dice la prueba… porque en esas situaciones, cuando se trata de profesionales de la salud, no hay más testigos… normalmente no se piden medidas de aseguramiento…”, informa la funcionaria de la Fiscalía.
A la hora de adelantar un proceso, la Fiscalía se apoya principalmente en los peritos de Medicina Legal o externos en ginecología, para determinar si el procedimiento realizado era el correcto o no.
“Yo sé que es mi palabra contra la de un especialista, una IPS, pero sí siento que es lenta la justicia. Yo entiendo que debe haber muchos más casos, pero siento que dejan a la mujer abandonada y eso creo, es lo que lleva a las mujeres a pensar que para qué se denuncia, si no me hacen caso”, concluye Claudia*, quien más tranquila sigue adelante con su vida y esperando a que su caso avance.
¿Dónde están los límites en un procedimiento?
Establecer hasta dónde un profesional de la salud puede tocar el cuerpo de su paciente es muy complejo, sobre todo si se trata de citas que deben auscultar partes íntimas, como en el caso de la ginecología. El especialista en esta área, doctor Luis Alberto Carreño explica que lo mejor es que las pacientes vayan acompañadas de su pareja o un familiar.
“Siempre hacemos el abordaje de la historia clínica, su interrogatorio, antecedentes y posteriormente al examen físico, siempre solicitando permiso, vamos a revisar, vamos a hacer esto… en pacientes menores de 18 años siempre debe asistir un familiar o alguien mayor de edad. Pacientes que tienen algún retardo mental o alguna función mental no adecuada se pospone el examen para cuando esté acompañando de alguien”, explica el doctor Carreño.
Así mismo, el ginecólogo advierte a las personas, que cuando en el interrogatorio se hacen preguntas sobre la sexualidad del paciente y no son técnicas, ahí podría comenzar a perderse el profesionalismo más que en el mismo examen físico.
“Un médico general sí puede llegar a tocar a un paciente en sus partes íntimas, porque son el primer filtro de un especialista…”, aclara el especialista, teniendo en cuenta siempre cuál es el motivo de su consulta.
Por su parte, el sicólogo Luis Felipe González Rodríguez de la empresa Valor Agregado con Sentido Humano, Vash, aclara que existen casos en los que los sicólogos deben tener un contacto físico con la o el paciente, porque presentan “una fuerte movilización emocional”, pero esto no debe pasar de un toque en la espalda o abrazo.
“Se puede realizar desde que no sea invasivo, ni falte los límites paciente-terapeuta. Los sicólogos no realizamos masajes terapéuticos. El Colegio Colombiano de Psicólogos, Colpsic y la APA avalan terapias certificadas académicamente y bajo los principios del método científico”, concluye González.















