Los historiadores proponen darle a esta avenida la denominación de ‘Payacuá San Mateo’, evocando la zona del Teatro Libertador y la antigua laguna que pasaba por allí y que está sepultada bajo el asfalto. Conozca por qué fue llamada así.

Publicado por: Euclides Kilô Ardila
En 1909 a la vía ni siquiera le decían Quebradaseca. La zona se conocía como el atajo del ‘Llano de Don Andrés’ y nadie pensaba construir allí ninguna avenida. En ese punto, hoy carrera 15 con calle 28, existía una hondonada quer era la escarpa que todos encontraban en su camino a Rionegro y viceversa.
Antes por allá sólo pasaban mulas; incluso los pocos carruajes que nos visitaban ‘se veían a gatas’ para entrar o salir.
Ese lugar, convertido en la ‘espina dorsal’ de Bucaramanga, ha sufrido una singular metamorfosis que de pronto muchos desconocen.
Durante la década de 1900-1910, sólo un pequeño puente permitía el paso por allí. Pero era tal el abandono del lugar que casi que se convirtió en el muladar de la época.
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La gente, de manera indiscriminada, arrojaba basura a esta ladera, dándole una pésima imagen a la entrada nororiental de la capital santandereana.
En ese entonces, según las estadísticas de los historiadores, en la ciduad solo existían 112 autos de plaza, 44 de servicio particular, 13 motocicletas, 66 carros de dos ruedas, 236 de mano y 198 bicicletas.
Se escriben estas cifras porque la ciudad pedía a gritos una vía nueva. Así las cosas, los alcaldes de ese entonces, asesorados por ingenieros, diseñaron un trazado vial que, para la época, sería todo un megaproyecto y que, en las letras de molde de los periódicos y de los medios de comunicación, se leyó así: Avenida Quebradaseca.
¿Por qué el nombre?
Porque el afluente que siempre pasó por allí, posiblemente se habría secado, algo que hoy muchos expertos en suelos niegan ‘a capa y espada’.
La idea parecía fácil, pero tenía su ciencia. Se debía depositar sobre el gigante cauce de la Quebradaseca toneladas de basura y esperar a que se sentara lo suficiente como para adecuar la nueva avenida.
¡Y así fue! Un basurero, dicen que más grande que El Carrasco, se anidó allí hasta ‘dar a luz’ al estratégico paso vehicular.
Muchos coincidieron en el peligro que se corría al edificar sobre tierra tan poco consolidada. Geólogos de la época conceptuaron que el afluente seguiría haciendo un cauce por arrastre, lo que ocasionaría más erosión en la zona. No en vano siempre se ha dicho que Bucaramanga es como una ‘esponja’, que absorbe todo el líquido que le cae.
Varios técnicos franceses que habían llegado a esta ciudad, precisaron que la descomposición del material orgánico era una ‘bomba de tiempo’ y que la acumulación de gases, generados por la basura, podría ser un detonante en cualquier momento.
¡Y mucha razón tenían! El tramo que se habilitó, al parecer, no quedó bien compactado. De hecho, el paso continuo de carruajes ocasionó en más de una ocasión hundimientos severos del polvoriento camino.
Además, al lado de la antigua quebrada se fueron levantando edificaciones y muchos años después en tal sector se trasladaron almacenes, fábricas y demás industrias.
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Tanto ajetreo se tuvo con casas, empresas y vehículos pesados, que el terreno empezó a presentar extrañas ondulaciones, las cuales hicieron ver a la Quebradaseca como una especie de ‘montaña rusa'.
En1947 se construyó sobre la arteria vial un colector de una manera antitécnica al que, muchos le atribuyen el hundimiento paulatino de la zona. Incluso, aún hoy ese es el único sumidero elaborado en ladrillo que tiene la meseta.
En el año 1994, la vieja basura que por años permaneció ‘dormida’ en lo más profundo de la Quebradaseca, puso en vilo a los ingenieros de la ciudad cuando dos gigantescos hundimientos sobre las carreras 15 y 17, dejaron estupefactos a la comunidad y muy preocupados a los ingenieros.
La descomposición de ese material orgánico, el daño en el colector y el paso continuo de vehículos pesados por la zona, fueron los responsables de los ‘cráteres’ que se formaron. Ese año, algunos le dieron a la avenida el remoquete de ‘Quebrada…hueca’.

La remoción de 33 metros cúbicos de tierra y dos profundos huecos abarcaron las dos calzadas de la vía y, al mismo tiempo, pusieron ‘en jaque’ a todos los negocios de la zona.
Poco después se remplazó parte de la basura con la que se rellenó la vía en el pasado, por material sólido y geotextil que, en el papel, le garantizaría a la vía una larga vida.
La estrategia no funcionó y, por el contrario, la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, Cdmb, se vio obligada a tomar cartas en el asunto.
Fue en 1995 cuando cuatro grandes perforaciones que permitieron el acceso de personal especializado al colector de aguas negras de la Quebradaseca, empezaron a construirse sobre esta importante avenida. Tales embocaduras, conocidas técnicamente con el nombre de Caisson, se adecuaron para vigilar de cerca el comportamiento del mencionado sumidero.
El equipo técnico le permitió a la Cdmb llegar hasta el fondo de la Quebradaseca para detectar y visualizar las entrañas de la gran avenida. La entidad estatal contrató los estudios para hacer la investigación científica en la zona.
La Quebradaseca hoy tiene otra cara. Un consorcio vial, conformado por las firmas Concrescol S.A. y Pavimentos de Colombia, construyó una glorieta justo sobre esta avenida, a la altura de la carrera 15. El diámetro del intercambiador es de 50 metros en la parte exterior y de otros 35 en el interior. Cuenta con dos carriles de circulación de 15 metros de ancho para las entregas y empalmes de las demás rutas del Metrolínea.
La obra cuenta, de igual forma, con un carril interior exclusivo para la circulación de los buses articulados y padrones del sistema vial, así como carriles mixtos destinados a los vehículos particulares, de carga pesada y los buses padrones, con regulación semafórica en los cuatro accesos. Todo contó con una inversión de $4.010 millones.
Por allí ya no pasan ni los carruajes clásicos, ni mucho menos las mulas de carga que iban y venían de Rionegro. Ahora se espera, al menos, el flujo de cerca de 120 buses nuevos con los cuales se pretende agilizar el flujo vehicular de la ciudad, de norte a sur y viceversa.
No cabe duda que la Quebradaseca ha sufrido su propia metamorfosis. Sin embargo, muchos piensan que aunque parezca sepultada por el progreso, en sus entrañas aún se esconde ese antiguo afluente que algún día nos separó del ‘Llano de Don Andrés’.
Varios historiadores proponen darle a esta avenida la denominación de ‘Payacuá San Mateo’, evocando la zona del Teatro Libertador y la antigua laguna que lleva el nombre del abogado de las aguas tormentosas de ese afluente.
Tal vez el Alcalde o el Concejo decidan aceptar esa sugerencia. Sin embargo, más allá del ‘re…bautizo’ y de los modernos buses que la recorran, allí seguirá la histórica Quebradaseca como un testimonio del ayer de Bucaramanga.
Por allí ya no pasan ni los carruajes clásicos, ni las mulas de carga que iban y venían de Rionegro. Ahora la zona es el flujo de miles de buses y carros con los cuales se pretende agilizar el flujo vehicular. Esa tarea, por ahora, no se cumple a cabalidad.













