Desde hace más de dos años, Raquel Rueda Pinilla dedica casi todo su tiempo a buscar las madres y padres biológicos de colombianos dados en adopción en el país y en el extranjero, sin recibir nada a cambio. Junto a una compañera en Estados Unidos han resuelto más de 90 casos y tienen más de 100 pendientes.

Publicado por: Irina Yusseff Mujica
“Buenos días, mi nombre es Raquel Rueda Pinilla y hago una labor social. Ayudo a personas dadas en adopción a encontrar sus familias biológicas... ¿Usted es...? Hay una persona que quiere saber de usted”, es lo que siempre dice Raquel.
La persona al otro lado de la línea puede decir “no, está equivocada” o “sí, me llamo así, pero no he dado en adopción” o simplemente puede haber un silencio de varios segundos, incluso minutos, que le hacen sentir a Raquel que esta vez sí puede ser.
Después de infinitas llamadas, días o meses de investigación y noches en vela, porque ella no se toma los casos a la ligera sino que los siente más propios que si lo fueran, la posibilidad de al fin haber acertado le devuelve “ese algo” que pierde cuando no encuentra el camino.
A sus 63 años, que lleva con elegancia y orgullo tal cual como lleva sus pecas rojizas, trabaja más que muchos de 30 y descansa menos que los de su edad. Todo el día, todos los días desde hace dos años y medio, ella se dedica a ayudar a personas a encontrar su origen, su inicio, su raíz, sin intentar lucrarse con ello.
Una misión
“Hay que ser muy sutil, ¿no? Escríbale desde el corazón, lo que siente... Todo va a salir bien... Pero hay que estar seguros de que le entreguen la carta, porque bueno... Qué pesar que no pueda entregársela usted misma, pero yo sé que todo va a resultar bien”, tranquiliza Raquel a la mujer con la que habla por celular, quien después de 15 años de búsqueda al fin encontró a su mamá gracias a su ayuda, pero el encuentro no ha podido darse personalmente por resistencia de la familia de la madre.
Raquel se despide, no sin antes decirle que la vuelve a llamar para ayudarle con la carta.
Luego le entra una llamada de su socia, seguramente para decirle que hay un nuevo caso que resolver, pero ella no contesta y comienza a contar cómo es que decidió dedicarse a ayudar a colombianos que fueron adoptados, en el país o en el exterior, a encontrar a su familia biológica, después de tantos años.
Al mejor estilo de los detectives de los años 50, ella saca uno de los cuatro cuadernos donde tiene anotada la información de cada caso, los avances, retrocesos y nuevas pistas.
Cada dos páginas, a veces tres o más, el cuaderno cuenta una historia distinta y ella quiere contarlas todas, siempre haciendo un preámbulo con frases como: “¿Cómo le parece lo que le voy a contar?”. Ahí dentro hay evidencia de finales felices, tristes e inconclusos. Esos últimos son los que le quitan el sueño.
Cuenta que todo comenzó hace dos años y medio cuando un sobrino que vive en Holanda les contó que una amiga que tenía en ese país quería encontrar a su mamá biológica, que al parecer vivía en Colombia. La amiga tenía algunos documentos y Raquel, pensionada hace 8 años, le dijo a su sobrino que ella se encargaba de eso. Después de tres meses de búsqueda, de horas dedicadas a eso y de frustración por no ver resultados, lo logró.
- “Ella sabía, por los datos que le había dado el Icbf, que su mamá vivía en San Alberto y yo empecé a buscar allá, pero nada. Ni el párroco dio razón. Después conseguí el número de cédula y busqué hasta en los registros del Sisbén. La encontré en Girón, en un barrio saliendo para Zapatoca, la contacté, la visité y bueno, el resto es final feliz. La niña vino a Bucaramanga y se vieron y compartieron varios días”, relata.
Después de eso y de ver la felicidad que produce encontrar lo que siempre se ha creído perdido, Raquel decidió dedicarse a buscar las piezas faltantes de los rompecabezas que para muchos significa la vida. Hizo de eso su misión.

Socias de búsquedas
Raquel y su socia no se conocen. Ella se llama María Ángeles Rogles, tiene 72 años, vive en Jacksonville, Estados Unidos, y en medio de los incontables y fallidos intentos por encontrar la madre biológica del niño que adoptó hace más de 40 años, se convirtió en apoyo para los que como su hijo quieren conocer la historia de su vida.
Juntas han logrado ayudar a 90 personas a reconciliarse con un pasado que tuvieron negado hasta la mayoría de edad, tiempo en el que ya sea con ayuda de su familia adoptiva o sin ella, pueden pedir toda la información que haya sobre su adopción.
La mayoría de los casos, cuenta Raquel, son de colombianos que fueron adoptados en el exterior y es por eso que han hecho un gran equipo con María Ángeles, quien domina el inglés a la perfección.
Raquel “no entiende ni pío” de ese idioma, pero nunca ha sido problema. María se entiende con los extranjeros y ella con las familias que un día decidieron dejarlos en otras manos por una u otra circunstancia.
Cuando suceden los reencuentros y Raquel puede estar presente, siempre lleva sus traductores de cabecera: dos sobrinos, quienes incluso han viajado a otras ciudades de Colombia solo para servir de intérpretes.
“Como el día que fui hasta Popayán a ayudar en el reencuentro de dos gemelos que fueron dados en adopción en Australia. Póngale cuidado: la mamá ya tenía un hijo y se fue de la casa un tiempo a trabajar y se lo dejó a la abuela. En ese tiempo quedó embarazada de gemelos y no podía volver a la casa con ellos y los dio en adopción. Ellos me contactaron, yo la encontré ahí mismo en Popayán y ellos vinieron. Un sobrino me acompañó hasta allá, sin cobrar nada y estuvo traduciendo como por cuatro días”, se acuerda.
Tanto Raquel como María son ya todas unas expertas. La primera, en búsquedas exhaustivas, gracias a la experiencia adquirida durante más de 30 años de trabajo en cobro de cartera de bancos, que fortaleció sus habilidades para buscar y rastrear información histórica y direcciones a partir de la cédula. La segunda, en temas de adopciones, bancos de ADN, conexiones y más.
A través de una página en Facebook reciben casos a diario, los cuales estudian y analizan antes de empezar a investigar. Raquel busca nombres, números, direcciones, llama, descarta, si no hay cédula la encuentra, si no hay lugar lo rastrea a través de su afiliación a salud o al Sisbén y así cualquier indicio.
Tienen alrededor de 120 casos pendientes y están trabajando en más de 30. Hay unos fáciles, otros no tanto y unos casi imposibles, pero ninguno lo descartan. Ellas guardan la esperanza porque así hacen que quienes ayudan, también lo hagan.
A las 7:30 p.m. Raquel recibe un mensaje de su socia. Nuevo caso. La información que el adoptado tiene no es mucha: nombre de la madre, una tarjeta de identidad y listo.
Casos sin resolver
Estos son algunos de los casos más difíciles en los que está trabajando Raquel. Todos nacieron en Bucaramanga , fueron dados en adopción en el país o en el extranjero y hoy en día buscan su madre biológica.
- Claudia Patricia Hernández Anaya, nacida en el hospital González Valencia entre el 8 y 10 de abril de 1989.
- Willian Ortiz Niño, nacido en Bucaramanga el 22 de febrero de 1976.
- Silvia Juliana Cubides, nacida en Bucaramanga el 22 de mayo de 1976.
- Bernardo y Ricardo Rodríguez Castro, nacidos en 1979 y 1980 y dejados por su madre en Lebrija Santander.
- Juan Luis Jesús Jiménez, nacido en Bucaramanga. Nació el 25 de noviembre de 1980















