Bucaramanga
Viernes 02 de julio de 2021 - 02:50 PM

El ferrocarril de Bucaramanga: Un hito que marcó la historia de Santander

Finalizando el siglo XIX inició la historia férrea del departamento, que para muchos era el “tren de Bucaramanga”, que conectó la ciudad con el Magdalena Medio. Esta es la historia de cómo una estación de ferrocarril se convirtió en un centro cultural del barrio Café Madrid.

Esta es la historia de cómo una estación de ferrocarril se convirtió en un centro cultural del barrio Café Madrid. (Archivo/Vanguardia)
Esta es la historia de cómo una estación de ferrocarril se convirtió en un centro cultural del barrio Café Madrid. (Archivo/Vanguardia)

Publicado por: Redacción Vanguardia.com

El auge de los ferrocarriles en Colombia hizo que Santander, que en 1857 comprendía los territorios de Santander y Norte de Santander, no se quedase atrás con este medio de transporte, importante para el desarrollo industrial de la región.

El “tren de Bucaramanga” realmente nunca atravesó la ciudad. Lo que hoy se conoce como el barrio Café Madrid, en el Norte, acogió la estación que conectaba la capital santandereana con el Magdalena Medio, un medio que fue usado especialmente para viajar a la Costa Atlántica.

La bandera roja del maquinista que se asomaba por el vagón, anunciaba la llegada de la locomotora. Una nube de humo gris se situaba en el cielo como otra forma de avisar que el ferrocarril haría su parada en tal estación que tenía una fachada casi europea. Para muchos fue un espectáculo el tener un medio de transporte tan novedoso en la ciudad, así como también aportó en el desarrollo económico del departamento.

Pero el uso inicial que se tenía de este ferrocarril, no era para transportar personas, sino mercancía. Así se escribió la historia de la famosa locomotora que marcó un hito en el departamento.

Un ingeniero inglés experto en transportes, en 1869 presentó ante la Asamblea Legislativa del Estado Soberano de Santander el proyecto para la construcción de un ferrocarril, que inicialmente consistió en un tranvía traccionado por caballos. Este partiría de un puerto de la ciénaga de Paturia que se comunicaba con el río Magdalena.

Robert Augusto Roy fue quien ideó la propuesta, con el fin de salvar la economía del departamento debido a la importancia de la exportación de café que inició en ese momento, hacia dicho río, con destino final a Maracaibo, Venezuela, según lo consignado en la obra de Augusto Olarte, “La Construcción del Ferrocarril de Puerto Wilches a Bucaramanga”.

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El 6 de octubre de 1879 se sancionó la autorización de dicha construcción que partió de Puerto Wilches a Bucaramanga. Pero el entusiasmo le ganó a estos personajes que decidieron que el ferrocarril sería de locomotoras a vapor.

Entonces inició la codiciada construcción. El ferrocarril de Puerto Wilches, cuya obra inició en 1876, año en el que la Guerra Civil hizo que a su vez se suspendiera.

De acuerdo con el sociólogo Emilio Arenas, estaba proyectado para finalizar en siete años, pero realmente duró 10 veces más. “Hasta 1940 el trayecto llegó hasta Café Madrid, cuando realmente estaba contemplado para que ingresara a Bucaramanga por Chimitá hasta San Francisco”.

La economía del café tuvo una baja importante, y esta obra se hizo con la intención de transportar tales granos. Además, inició la Guerra de los Mil Días. Cuando se quiso retomar la construcción, se haría con el dinero de la indemnización dada por Estados Unidos al quedarse con Panamá, en 1925, donde el ferrocarril llegó hasta Bocas en 1930. Los siguientes 10 kilómetros finalizaron en 1940, donde el trayecto terminó en Café Madrid.

Arenas cuenta que un vagón llegaba a transportar 50 toneladas, un traslado que se solucionaba en un par de horas y no en varios recorridos como se llegaba a hacer en mulas. El investigador lo señaló como “un santo prodigioso” de la época. El automotor abarató costos, ligereza, prontitud y seguridad en las entregas.

Desde 1954, Ferrocarriles Nacionales de Colombia, una empresa gubernamental, tomó las riendas del Sistema Ferroviario del país.

Las máquinas atravesaban las estaciones que se comunicaban entre sí, con punto de partida en Bucaramanga: Café Madrid, Bocas, Palmas, Conchales, Vanegas, Provincia, Sabana, La Gómez, La Cristalina, García Cadena y Puerto Wilches; además, las paradas de Gamarra, Futurama, Patiño, Santa Lucía, Torcoroma, San José, San Alberto, Sogamoso, Péjamo y Barrancabermeja, así como Cuatro Bocas, Viscaína, El Opón, Montoya, Carare, San Juan, Puerto Olaya, Pasonivel, Puerto Berrío y Grecia.

“El Café Madrid era una de las mejores estaciones del recorrido. Los que vivíamos en Barrancabermeja siempre regresábamos con la cabina llena de plátano, yucas, papayas, guanábanas, pescado... La que más aprovechaba era Doña Julia, una mujer que nos cocinaba y nos los lavaba la ropa. De paso alimentaba a su familia y nosotros le pagábamos con el mercado”, le contó Rodrigo Monsalve, de la Asociación de Pensionados de los Ferrocarriles Nacionales, a Vanguardia.

Vendedores ambulantes de helados, paletas, empanadas y demás, se ubicaban en la estación para ofrecer sus productos a los viajeros que allí se bajaban. Los gritos traducidos en emoción de los infantes, la felicidad de las familias que partían a sus vacaciones y el ajetreo de los maquinistas adornaban una Bucaramanga que ahora se ve a blanco y negro.

Diferentes máquinas se crearon para ampliar el servicio. Era posible encontrar un tren que llevaba carga y dos coches con pasajeros. También, estaba el ‘tren de lujo’, el más usado por las familias para viajar a la Costa, a Bogotá o Medellín; una locomotora pequeña, y los vagones de carga, que transportaban ganado, caballos, cebada, arroz, madera y carbón.

Allí, en Café Madrid, también llegó a funcionar un club, había unos juegos de billar para los viajeros e incluso una cancha que le era prestada al Atlético Bucaramanga para sus entrenamientos.

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Cuando el tren dejó de pasar

Diferentes hechos coincidieron para que el automotor no funcionara más. Desde la década de los 70, poco a poco se transformó el uso de las estaciones, lo que dio paso a que la locomotora perdiera su encanto.

Los rieles quedaron en manos del paramilitarismo e inició el asentamiento de los campesinos del sur del Cesar, de San Vicente de Chucurí, y más municipios cercanos, a las inmediaciones de la estación Café Madrid debido al espejismo urbano y los atractivos citadinos. Por otro lado, un porcentaje de dicha comunidad arribó al sector tras ser desplazados de sus tierras en el marco del conflicto armado en Colombia.

La tierra era barata, por lo que se hizo fácil la compra de lotes y la construcción de viviendas. Entonces el sector pasó a ser una pequeña invasión que con el tiempo se constituyó y se convirtió en un barrio más de Bucaramanga.

Incluso, cuando era más fácil acceder a un vehículo, las personas empezaron a usar sus propios medios de transporte para viajar a otros municipios. Desde ese momento, de Barrancabermeja y municipios aledaños a Bucaramanga, se toma la ruta que hoy en día es la más común transitar.

La crisis económica de la empresa Ferrocarriles Nacionales de Colombia también afectó este transporte, que en 1991 se liquidó. La Cooperativa Santandereana de Transportadores, “Copetran”, también dio pie a que fuese una opción más de transporte intermunicipal o de carga.

Pero el legado del famoso tren quedó en la ciudad, al igual que el lugar que es recordado como una zona alegre, donde el ruido de los rieles anunciaba la llegada de la locomotora y la emoción de los ciudadanos al verla, era incesable.

En la actualidad el sitio se inmortalizó. Una ludoteca de la Alcaldía de Bucaramanga fue construida en la antigua estación de Café Madrid, en julio de 2019. Este es un espacio pedagógico y cultural para los niños y jóvenes del barrio, además, funciona como centro de la Escuela Municipal de Artes, EMA.

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