El ingenio de una estudiante de Ingeniería Electrónica en Bucaramanga le cambió la vida a una canina, en situación de discapacidad, que por un defecto genético nació sin sus extremidad anteriores o patas delanteras.



Publicado por: Milton Velosa Araque
Luchi es una perrita de un año de edad. Cuando nació, ella y dos hermanos más de su camada nacieron sin sus patas delanteras. Los tres terminaron en una fundación de rescate animal.
Una familia que ama los animales la vio en el refugio y se ‘enamoró’. A los 21 días de nacida se fue a vivir con Roxana Cativiela, su esposo y sus hijos. En este hogar también llegó a compartir con cuatro perritos más, adoptados también.
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“Tuvimos que ayudarla a salir adelante y alimentarla con tetero. Como estaba tan pequeña no tenía fuerza en sus patas y fue muy retador ver la manera de cómo contribuir con su movilidad. Tuvimos que estar pendientes de sus necesidades fisiológicas, su comida”, agregó Cativiela.
Entre las alternativas que les hizo una fisioterapeuta estuvieron recibir terapias y entrenamiento para que Luchi se apoyara en sus patas traseras y tuviera independencia en sus movimientos. Sin embargo, dependía de su cuidadora para desplazarse.
Cuando cumplió dos meses, al animal se le diseñó una especie de caminador, pero tuvo inconvenientes porque la falta de fuerza en sus patas traseras le impidió arrastrarlo. No lo usó por mucho tiempo y fue descartado como opción para caminar. Su movilidad se hacía arrastrando su cuerpo y apoyada en la quijada.
Por las necesidades especiales de Luchi, su dueña Roxana consiguió un teletrabajo y se dedicó de manera personalizada a la rehabilitación de la mascota.
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Se creó un vínculo más cercano entre las dos y el llanto de la perrita se convirtió en el canal de comunicación. “Yo aprendí a distinguir cuando ella quería hacer sus necesidades, si tenía hambre, frío. Como cuando uno tuene un hijo y sabe qué necesitan”., comentó.
El contacto clave
Luchi fue creciendo y con ella las necesidades de movimiento y desplazamiento.
A Roxana le hablaron del talento de Karen Daniela Rangel, una estudiante de sexto semestre de Ingeniería Electrónica de la UIS. Se contactaron, la dueña de la perrita le mostró la idea e inmediatamente Karen se puso manos a la obra.
Rangel Uribe dijo que el primer paso fue analizar las necesidades de Luchi, algo que fuera funcional, liviano y que tuviera la suficiente estabilidad para mantenerla de pie.
“Primero diseñé un dispositivo en tubo de PVC de tres patas delanteras pero no fue suficiente para sostenerla para que fuera ergonómica”, explicó.
Otro de los inconvenientes que surgió fue que los dispositivos existentes para ayudar a los animales en situación de discapacidad están diseñados para apoyar las extremidades traseras y no las delanteras, como se necesitaba en este caso.
Sin embargo, la estudiante no se dio por vencida.
“En abril me contactaron, realicé las pruebas y en cerca de 10 días logré el diseño final. Creé un dispositivo que le dio soporte a las partes de adelante y de atrás de Luchi y le permitió caminar, correr y saltar”, afirmó Karen Daniela.
Este novedoso invento le ha servido a la canina, sobre todo, para salir a pasear. Antes debía esperar en casa mientras las demás perritas del hogar daban su paseo. Actualmente todas salen a la vez a su caminata diaria por el parque.
La persistencia de Karen Daniela fue clave en el proceso. “Los estudiantes UIS tienen esa habilidad, van pensando cómo hacer las cosas y a punta de ensayo y error. Hasta que ella no lo logró, no quedó tranquila”, aseguró Roxana Cativiela.
Con el éxito en el caso de Luchi, la inventora quiere replicar la idea y que otros perritos que requieran ayuda con su movilidad puedan tener una mejor calidad de vida.
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