Bucaramanga
Domingo 16 de abril de 2023 - 12:00 AM

El ‘dulce’ sueño de Yineth Paola: ser una psicóloga que une culturas

Es heredera de una generación de mujeres palenqueras y hacedoras de cocadas que desde hace tres décadas se asentó en el barrio San Martín de Bucaramanga. Vive orgullosa de lo que ha logrado y espera la oportunidad de representar “como toda una profesional” lo mejor de su cultura y pensamientos.

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Publicado por: Xiomara Montañez Monsalve

Mientras escribo esta historia, Yineth Paola Herrera Polo no ha regresado a Bucaramanga. Nos despedimos hace tres semanas y para esos días me dijo que estaba planeado un viaje a Sabana de Torres (Santander) porque allí la venta de cocadas “es generosa” y a la gente le gusta el producto. Después de esto aseguró que tomaría rumbo a San Basilio del Palenque (Bolívar), lugar que la vio nacer y que la recibe cada vez que recoge el dinero suficiente en Bucaramanga, producto de la venta de cada dos meses. Allí se reencuentra con los suyos, envía hojas de vida, apoya al equipo de fútbol femenino y espera a que se le dé la oportunidad de ejercer como psicóloga.

Yineth tiene 25 años. Sus cocadas son tan dulces y suaves como su sonrisa, y van en la porcelana (ponchera) de forma llamativa, creando un espiral de caminos, colores y formas, parecido a cómo luce sus trenzas. Los productos que usa para la fabricación le dan a estos dulces una textura firme, tal cual como se ven sus brazos, cuello y espalda que soportan el peso del producto cuando sale a la venta. Al dar un mordisco a las cocadas o cocos, como también los llaman, no se desmoronan, y lo mismo ocurre con los sueños de esta joven. No se molesta si en la calle le dicen “¡Negra!” porque asegura que esta palabra no queda en el aire, pues la precede una frase: “Usted es una guerrera. ¡La admiro!” y ella la cierra como mejor sabe hacerlo, mirando fijamente al que le compra y despidiéndose: “Bendiciones para usted, amigo”.

Teresa Polo (49 años) es su mamá, una mujer palenquera que se radicó en Bucaramanga hace más de veinticinco años, que junto con otras mujeres de San Basilio viajó y trajo a la capital santandereana lo mejor de esta tradición. Hoy, asentada en el barrio San Martín, como Yineth lo dice, “debajo del puente”, vive en una casa en la que siempre huele a dulce, un hogar al que mujeres jóvenes y maduras llegan y se instalan por varios meses, y se disponen para la venta de estos manjares.

De Teresa se puede decir que los que la vieron por primera vez preparando cocadas en leña y debajo del viaducto García Cadena, jamás imaginaron que podría salir adelante y menos que la hija que llevaba en el vientre en ese momento, continuaría con su legado.

Pero esa es otra historia que está por contarse. Tal vez no aquí, porque la protagonista es Yineth Paola, aunque ella no deja de mencionar a su mamá porque es su motor, la que más creyó en ella para que se convirtiera en una profesional, la que siempre le recuerda que tiene un sueño por cumplir: “Hoy puedo decirle al mundo y darle gracias a Dios porque lo logré. Vender cocadas no es fácil. Nos toca irnos a otras ciudades, aguantar atropellos, el bullying, a veces el racismo o la burla. Pero la mujer palenquera es un símbolo, y eso es algo que a mi y a las demás vendedoras nos satisface”.

Una caminata agridulce

Los hombres se quedan en casa, en San Basilio, población ubicada a una hora de Cartagena, declarada en 2005 por la Unesco como obra maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la humanidad. Cuenta Yineth que cuidan los cultivos y también a los hijos. Las mujeres se organizan entre ellas y planean los viajes a otras ciudades que no superan los dos meses o, si les va bien, pueden ser hasta tres. Esta tradición les ha permitido llegar a otros lugares de Colombia e incluso, darse a conocer en el mundo.

Las palenqueras son un símbolo y marcaron la historia de la colonización. San Basilio es una población reconocida como el único palenque o “comunidades fortificadas” que existieron en el siglo XVII, fundadas por esclavos y esclavas que sobrevivían aferrados al sueño de la libertad, la medicina ancestral, los rituales sagrados, y lo que hoy día los hace aún más visibles: la tradición musical y oral de raíces africanas. Los relatos que se conservan en el presente, describen a estas mujeres de figura esbelta, aguerridas, trabajadoras y estrategas ante las adversidades y el dominio de los hombres blancos.

Tejer sus cabellos, dejar caer sus trenzas coloridas sobre sus hombros y espalda, le salvó la vida a cientos de esclavos. Sus cabezas se convirtieron en brújulas; con los tejidos marcaban camino y senderos para escapar del yugo colonizador. También eran una especie de cofre en que guardaban pepas de oro y a la vez, un diario, pues en ellas plasmaban la alegría de recibir a un nuevo ser querido o la tristeza de despedirlo.

Mientras caminamos por el centro de Bucaramanga y hacemos una parada en la calle 36 con carrera 16, Yineth Paola cuenta que a los 15 años inició con la venta de cocadas durante unas vacaciones. “Fue el 9 de abril de 2015”, como lo recuerda, y no precisamente en su tierra o en el interior del país. Lo hizo en Valencia, Venezuela, ciudad a la que había viajado su mamá y donde sus abuelos maternos se habían radicado. Fueron los primeros pasos que dio para ‘trenzar’ sus sueños.

La venta era más rápida en ese lugar. La gente las veía por la calle y les decía que bajaran la ponchera para ver “las conservas” que ofrecían. Esa palabra no le era familiar a la joven. “Una mujer me dijo que yo era muy tierna para vender cocadas y me puse a llorar. Ya tenía 16 años. No fue fácil, no estaba acostumbrada a salir ni a dejar el ambiente en el que había crecido”, asegura riéndose.

Esto no duró mucho. Tanto ella como su mamá sabían que esto era temporal y que ella se convertiría en profesional. Fue entonces cuando se radicó en Cartagena e inició sus estudios de psicología en el Tecnológico de Comfenalco. Una vez más abandonó San Basilio, pese a que viajaba cada quince días a su casa, los cinco años de estudios y preparación le demandaban toda su energía. Atrás quedó la venta de cocadas: “Me preguntaban por qué había escogido esa carrera. Les decía que quería entender tantas cosas de mí misma, de la vida, de mi familia. Quería entender eso de los afectos, algo de lo que nos hablaban mucho en el colegio, porque allí teníamos psicólogo. Fue así como terminé enamorada de mi carrera”.

En 2019 recibió el título como psicóloga. Pensó que conseguiría trabajo pronto y se estrelló con la realidad de muchos colombianos, la falta de oportunidades.

Mientras tapa la porcelana donde lleva las cocadas que preparó la tarde anterior y recibe el pago de una venta por parte de la trabajadora de un almacén de zapatos, la voz de esta joven se quiebra: “He tocado puestas donde usted no se imagina. Lo he hecho con tanta fuerza que me ha costado recuperarme. En 2020 le dije a mi mamá que me venía para Bucaramanga, que de ser necesario vendería cocadas nuevamente y que no me dejaría vencer. Así lo hice, solo que la vida me volvió a poner a prueba. A los diez días de haber llegado a San Martín, tuvimos que encerrarnos por la pandemia”.

Yineth Paola recuerda que muchas de sus amigas que habían planeado salir a otras ciudades quedaron en la misma situación. Algunas jóvenes palenqueras viajaron a Medellín, Cali y Cúcuta, muchas de ellas eran sus amigas, sobreviviendo con los pocos ahorros que habían traído de San Basilio y que se agotaron a los pocos días.

Fue entonces cuando a Yineth se le ocurrió hacer un video y compartirlo con algunos conocidos de la comunidad afro en Bogotá. Ella no sabe bien cómo el material terminó en manos de una periodista de radio local, que la entrevistó y dio a conocer lo que pasaba.

De ese momento Yineth recuerda que, ante la adversidad, encontró la oportunidad de darse a conocer y, de paso, conseguir trabajo como psicóloga. Cree que fue bastante ambiciosa y se ríe: “De esa fecha para acá aún no se me han dado las cosas”.

No pierde la fe

Yineth asegura que jamás ha sido discriminada en Bucaramanga, ciudad a la que le agradece por todas las oportunidades que le ha dado. Ella y sus compañeras, no solo se quedan en la capital santandereana. También viajan a otros municipios cercanos al área metropolitana y ofertan sus productos.

Entre ellas existen ciertos códigos, ya que no se hacen competencia en los puntos de venta. Muchas tienen clientela en Floridablanca y Piedecuesta, y es por esto que palenqueras como Yineth no ofertan sus productos en esa zona.

No pierde la fe, sabe que la oportunidad llegará en el momento en que menos se imagina. Por ahora, permanecerá varias semanas en San Basilio donde además tiene una participación en una escuela de fútbol femenino y en donde ha encontrado otra área para explorar: la psicología deportiva.

“El mensaje que le doy a los jóvenes como yo es que cumplan los sueños, que cuando se tiene una meta, uno debe ir hasta alcanzarla. Muchas veces tenemos que dejarlo todo, la casa, las costumbres, la familia, hasta la rumba, pero vale la pena”, concluye esta joven, que, además, suma un anhelo más a su lista: crear una fundación para ayudar a personas como ella que necesitan alcanzar otros sueños: “Uno a veces no se da cuenta que lo que le falta es amor propio y si alguien te puede ayudar a reconocerlo, pues es un trabajo hermoso”.

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Diego Calderón  / VANGUARDIA
Diego Calderón / VANGUARDIA
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Publicado por: Xiomara Montañez Monsalve

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