Bucaramanga
Lunes 30 de septiembre de 2024 - 09:36 AM

Corregimiento de Riachuelo: el arte como esperanza tras años de violencia y discriminación en Santander

La comunidad del corregimiento de Riachuelo, Charalá, Santander, soportó por años los horrores del conflicto armado. En las dos últimas décadas, los sobrevivientes a la barbarie paramilitar luchan contra la discriminación. Una historia donde el arte busca sembrar esperanza.

La comunidad de Riachuelo, corregimiento de Charalá, en Santander, soportó por años los horrores del conflicto armado. En las dos últimas décadas, los sobrevivientes a la barbarie paramilitar luchan contra discriminación. Una historia donde el arte busca sembrar esperanza.
La comunidad de Riachuelo, corregimiento de Charalá, en Santander, soportó por años los horrores del conflicto armado. En las dos últimas décadas, los sobrevivientes a la barbarie paramilitar luchan contra discriminación. Una historia donde el arte busca sembrar esperanza.

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Riachuelo despierta temprano.

El polvo del pavimento, áspero como el calor, se alborota al paso de los foráneos que ocupan un lugar en las sillas de plástico ordenadas en el parque. Usualmente solo las eufonías, pequeños pájaros con un vientre amarillo, desde lo alto de las ceibas, sembradas por los primeros arrieros en 1979, le abren con sus trinos agujeros a los inalterables días tranquilos de este caserío, ubicado a 11 kilómetros de Charalá.

Una parte de este corregimiento está ansioso. Por ejemplo, desde temprano en la cocina de la escuela las señoras Riachuelo preparan ‘El Rumbeador’, desayuno que tradicionalmente cargan los campesinos en sus jornales. Envuelto en hojas de bijao, contiene un buen trozo de carne, yuca y plátano. Ese es el desayuno que ofrecen a los visitantes de Bogotá y Bucaramanga. Además de una taza de café. Una parte de Riachuelo se emociona con este encuentro cultural. Pero existe otro grupo de residentes que están algo apáticos. Ellos, por el contrario, prefieren continuar en la cotidianidad de sus labores.

Difieren en algunos aspectos de los relatos sobre la presencia paramilitar en la región y sus vínculos con la entonces rectora Lucila Gutiérrez, condenada por homicidio, acceso carnal violento en persona protegida y reclutamiento forzado. En la actualidad está prófuga de la justicia. Algunos de ellos se asoman por momentos para observar de lejos los acontecimientos que ocurren en el parque.

Ambos grupos suman dos décadas soportando el peso de la violencia sobre sus hombros. Nadie les advirtió que pasados los horrores de la incursión paramilitar, vendría otra guerra, igual de catastrófica que todavía que padecen. Sufren al ser una y otra vez victimizados, discriminados solo por sobrevivir a la barbarie de la Autodefensas. Todos en Riachuelo concuerdan en que se debe hacer de tripas corazón para encontrar consuelo en medio de tanto abandono.

Coinciden en que es la hora de olvidar los uniformes. Olvidar las armas. Olvidar la guerra. Olvidar que se debe recordar los horrores, que provocan escalofríos. Olvidar, por ejemplo, quién tiene la razón en Riachuelo. Si los unos o los otros. En fin, todos buscan en esta zona un mejor presente, por ejemplo, cultivando café, o aprovechando la riqueza natural para que lleguen turistas a conocer sus maravillas. Quieren aprovechar este tiempo de paz maciza para asirse a un mejor futuro.

¡Llega el Ministro de las Culturas a Riachuelo!

Riachuelo no quiere ahogarse más en los malos recuerdos. Son las 10:35 a.m. de este miércoles 18 de septiembre. Entre risas y juegos, los niños más pequeños del colegio Nuestra Señora del Rosario, ubicado a un costado de parque, acuden al llamado de sus profesoras para que se formen en una calle de honor para recibir “al señor ministro”.

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Lucen impecables con sus trajes de gala del colegio. Ellos llevan una camisa blanca y una corbata roja. Las niñas portan un vestido rojo, corbata negra, camisa manga larga y medias blancas largas. Con mansedumbre algunas madres bordaron trenzas en los cabellos de sus hijas, que despabilan esta mañana con sus moñas de colores. Algunos niños cargan un palo, izando la bandera de Colombia. Tienen la misión de ondearla al paso de los visitantes.

En la fila están Juan Pablo, de siete años, con su bandera. Él marcha levantando con ímpetu sus rodillas bajo los acordes de la banda marcial, que ya inició su tocata. Mueve los brazos con buena cadencia. A su lado le acompaña Diana, de cinco años, que parece marchar con mayor dificultad. Antes de comenzar ya bostezaba. Durante la última semana ensayaron durante una hora al día para seguir tal armonía. Ninguno de los niños recuerda con precisión quién llega a esta hora a Riachuelo.

- Es el presidente, dice Diana, con una voz delgada.

- No, es el gobernador, responde Juan Pablo, seguro de que corrige a su compañera.

La banda marcial avanza. Se destaca el redoble de sus tambores. Suenan recios como el símbolo de espantar cualquier idea de violencia. El tambor retumba enérgico. Late el corazón de Riachuelo en cada impacto. Sostiene el pulso de estas montañas. Resuena cada vez con más fuerza. Una y otra vez. Es un mazazo para nada manso. Una advertencia contra la muerte que caminó estas mismas calles. Un desafío a quienes torturaron acá a niños y niñas. Es una especie de llamado a los que murieron en esta zona. Cada golpe los reclama para recordarles que no los olvidamos.

Como a Carlos Andrés Reina Pinzón, un niño que caminó estas calles. Reclutado por los paramilitares a los 13 años, cuando dejó ese mismo colegio para morir en un combate siete meses después. Suena el tambor para advertir que hay una nueva generación de niños que quiere que sus voces sean escuchadas. No se sienten cómodos en el silencio. Es el sonido de su coraje, que ahuyenta a la muerte, para que siga asolapada en su cueva más oscura y no regrese más a Riachuelo.

- Miren al ministro…, advierte alguien y todos miran arriba, a la boca de la calle.

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Hace 22 años, por esa misma calle, con otros estudiantes en fila, ingresaban a Riachuelo los comandantes del Frente Comuneros Cacique Guanentá, perteneciente al Bloque Central Bolívar de las Autodefensas Unidas de Colombia. El miedo de ese 2002 los obligó a ese recibimiento. Así lo narró en una declaración ante Justicia y Paz, Iván Roberto Duque Gaviria, alias ‘Ernesto Báez’, jefe político de las Auc. En este corregimiento se instaló una base y una escuela de formación. Desde esta montaña controlaron 33 municipios de Santander, coordinaron las estructuras violentas en el área metropolitana de Bucaramanga y suscribieron alianzas con miembros de la Policía y el Ejército, como lo consignan los expedientes de la Comisión de la Verdad. Desde acá fueron ordenados homicidios y extorsiones. Fue justo acá que 70 niños y niñas, entre los 13 y 17 años, de los municipios de Charalá y Coromoro, fueron víctimas de delitos de esclavitud sexual, acceso carnal violento, tortura y prostitución forzada como lo consigna la Justicia Especial para Paz.

Francisco De Roux, entonces presidente de la Comisión de la Verdad, en un discurso en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas el 13 de febrero de 2020, alertó que el caso de Riachuelo no puede volver a ocurrir. “Para llegar a la no repetición, son también necesarios procesos de convivencia en las comunidades divididas por la guerra, como en el pequeño pueblo de Riachuelo, en mi país, que busca reconciliarse después de que los paramilitares convirtieron a los niños y niñas del colegio de bachillerato en objeto de sus abusos sexuales y de que la comunidad se dividió ante el poder brutal y avasallador de los actores armados”.

Precisamente por entre estos campos verdes camina lejos de este caserío, a sus 35 años, Alberto. Este hombre recordó como a los 13 años fue reclutado por los paramilitares. Siendo niño fue víctima de violencia sexual, pero también admite que fue victimario. Reconoce que cometió abusos contra la población civil. Ellos ahora son sus vecinos, pero desde hace años cambió su destino siendo “un hombre de bien”.

- Perdí mi infancia. Mi infancia se fue en las Autodefensas. Es una etapa que no voy a volver a vivir. Perdí todo mi futuro. No es solo lo que viví esos años en las Autodefensas, sino las repercusiones que sufro en este momento. Me arrepiento mucho de ingresar a las Autodefensas. Lo que se vive adentro es dolor, sufrimiento, muerte, pérdida de los seres queridos. Me arrepiento de perderme a mí mismo…

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“Usted es un mal periodista”

En medio de los actos de recibimiento al señor ministro aparece una voz que reclama a los periodistas.

- Usted es un mal periodista…

El reclamo proviene de Eduardo Silva Ardila con raíces en Riachuelo. El hombre le dice al periodista que si se consulta en Google sobre Riachuelo, se encuentran más de 50 artículos, todos ellos con la misma característica.

- Se dedican a mencionar, recordar, repetir, y registrar el mismo tema: el paramilitarismo. Riachuelo fue victimizado por los paramilitares y gracias a este periodismo amarillista seguimos siendo víctimas. Riachuelo solo es conocido por la violencia. La región sigue siendo estigmatizada con un agravante, seguimos siendo olvidados. Las vías están en tal mal estado, que son la ruta preferida de quienes practican ciclomontañismo. Las tierras ni se venden, ni se compran, porque la mala imagen dejada por estos grupos aún se mantiene y se propaga con artículos de periodistas. A veces se preferiría mejor seguir en el olvido para conservar la dignidad. Si es tan buen periodista, publique todo esto que le digo…

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Los niños de Riachuelo cantan y sanan

Las palomas no tienen plata.

Las palomas no tienen plata.

Porque no tienen bolsillos, ¿cómo van a guardarla?

Porque no tienen bolsillos, ¿cómo van a guardarla?

A ritmo un guitarra, y acompañado de aplausos de un concurrido auditorio en el parque, los niños del Colegio Nuestra Señora del Rosario entonan la canción de ‘Las Paloma’ de Edson Velandia y La Tigra, quien dirige la presentación. Hay risas.

Las palomas no van al súper

Las palomas no van al súper

Porque no tienen tula, ¿cómo van a empacar?

Porque no tienen tula, ¿cómo van a empacar?

El ministro de las Culturas, las Artes y los Saberes, Juan David Correa Ulloa, detrás de la banda marcial, le da la vuelta al parque. Se ubica en una silla junto a la tarima. A su lado lo acompaña el alcalde de Charalá, Jorge Wilmar Vega Rojas, quien le dice que es el primer ministro en recorrer estas tierras en los 137 años de creada Charalá, y en los 224 años de construido este caserío. El funcionario sonríe, pero la explicación no es gratuita. El mandatario le pide que sea padrino de Riachuelo, especialmente para ayudar a conseguir dinero para la construcción de la nueva sede del Colegio Nuestra Señora del Rosario. Esta estructura de dos pisos fue inicialmente una inspección de Policía, con celdas incluidas. Se asegura que en algunas de sus paredes se mezcló sal, para hacer más frío el lugar, en castigo a los detenidos.

La comunidad de Riachuelo, corregimiento de Charalá, en Santander, soportó por años los horrores del conflicto armado. En las dos últimas décadas, los sobrevivientes a la barbarie paramilitar luchan contra discriminación. Una historia donde el arte busca sembrar esperanza.
La comunidad de Riachuelo, corregimiento de Charalá, en Santander, soportó por años los horrores del conflicto armado. En las dos últimas décadas, los sobrevivientes a la barbarie paramilitar luchan contra discriminación. Una historia donde el arte busca sembrar esperanza.

El Ministro llegó a Riachuelo con la misión de llevar un mensaje de sanación dentro un plan para construir 400 murales, monumentos a la memoria de las víctimas y actividades artística en igual número lugares que fueron violentados por los actores del conflicto armado. “El río de la memoria: monumento vivo por la infancia”, fue llamado el acto de resignificación, que quiere un nuevo relato, uno lleno de dibujos, música, poesía, respeto por las mujeres, y oportunidades. El arte acá es una forma de silenciar la estigmatización a Riachuelo.

- Este colegio no solo fue el escenario de esas torturas, ampliamente difundidas por la prensa. También ha sido el lugar donde muchas y muchos de ustedes, sus familias, sus profesores, sus seres amados, han abierto espacios para la vida. No se olviden de eso…, dice el ministro de las Culturas, Juan David Correa.

Desde hace semanas se trabajó con los estudiantes en un laboratorio musical liderado por Edson Velandia y La Tigra, un laboratorio de muralismo, (donde se intervino la fachada del colegio con varios dibujos que fueron propuestos y pintados por los estudiantes y pobladores) y talleres de violencias basadas en género dictados por la Colectiva de Género del Ministerio.

- En el taller aprendimos los tipos de violencia con ejemplos de nuestra vida cotidiana. Descubrimos que muchas acciones que veíamos normales, en realidad son formas de violencia, especialmente contra nosotros las mujeres. El mensaje que queremos transmitir es un llamado claro a los hombres y a la comunidad para que nos respeten, reconozcan nuestros proyectos de vida, nuestros sueños, nuestras voces y nos tengan en cuenta para que construyamos una sociedad sin violencia…, reclama la estudiante Edith Johana Castro Romero, al tiempo que con sus amigas María Gabriel Bernal y Lizeth Johana Estévez dicen que es bonito que existan lugares en el mundo donde la violencia pueda desaparecer.

- Ojalá Riachuelo sigan siendo uno de esos…, piden las tres, recordando a las mujeres que en la actualidad, fuera de este caserío, sobrevivieron a la barbarie paramilitar, y que en la actualidad siguen su vida lejos de este caserío, pero llevándolo en el corazón.

El Ministro de las Culturas comenta que “el daño que causaron algunos adultos en este lugar estará ahí, como testigo permanente, pero no tiene por qué ser una condena, ni la única historia posible para que se recuerde a este municipio…”. En eso concuerda la actual rectora del colegio, María Teresa Rondón Gómez, emocionada por las expresiones de arte de los estudiantes.

Ella repite que sus muchachos quieren contarle al país otra historia, una vida de arte y empeño, de grandeza. “No hablen más de la violencia, más bien cuéntele al mundo que este año vamos a graduar a estudiantes que quieren ser sicólogos, agrónomos, chefs, veterinarios y mecánicos, y quieren vivir en paz…”. Pero claro, le piden al señor Ministro que cumpla su promesa de enviar a dos profesores de música permanente a estas montañas, porque en un armario del colegio permanecen, por meses guardadas y empolvadas, 22 guitarras que esperan por las manos de estos niños y sus sonrisas invencibles.

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