Según reportes de Justicia y Paz y la Comisión de la Verdad 70 niñas y niños, entre los 13 y 17 años de los municipios de Charalá (Corregimiento de Riachuelo) y Coromoro (Corregimiento de Cincelada), en Santander, fueron víctimas de los delitos de esclavitud sexual, acceso carnal violento, tortura y prostitución forzada por parte de miembros del Frente Comuneros Cacique Guanentá de la Autodefensa Unidas de Colombia. Esta es la voz de un sobreviviente.

Hace unos años regresó a la zona rural de Charalá. Tiene un cultivo. A sus 33 años volvió al lugar donde, una década atrás, fue reclutado por el Frente Comuneros Cacique Guanentá de las Autodefensas Unidas de Colombia. Siendo niño fue víctima de violencia sexual, pero también admite que fue victimario. Reconoce que cometió abusos contra la población civil. Ellos ahora son sus vecinos. Esta es su historia.
¿A qué edad fue reclutado por el Frente Comuneros Cacique Guanentá de las Autodefensas Unidas de Colombia?
Hace diez años, cuando tenía 13 años y era un niño.
¿Cómo termina un niño en las filas de los paramilitares?
Nunca se había visto en el pueblo (corregimiento de Riachuelo) a hombres armados. A esa edad me llamaba la atención. Me parecía chévere.
¿A esa edad sabía algo de la guerra? ¿Conocía el conflicto armado del país?
No.

Usted dice que le parecía “chévere” ver hombres armados en Riachuelo. ¿Chévere por qué?
Porque éramos huérfanos de papá. Mi mamá no estaba en la casa. Vivimos solos. Porque no teníamos más nada que hacer como niños en ese pueblo solo. Por eso era chévere. Uno de muchacho se la pasaba en la calle. Con decirle que, para ese entonces, lo más tecnológico o novedoso era ver a esa gente armada.
Pero su experiencia con los paramilitares, para utilizar su misma expresión, ¿fue chévere?
Ingresar a las Autodefensas es como cuando va uno a la cárcel. Es muy fácil ingresar y difícil salir. Uno sale muerto o viejo. La gran mayoría se va muerto.
¿Qué tareas realizó cuando fue reclutado por los paras?
Ayudar en la ranchería. Luego recibí instrucción militar e inteligencia. Más tarde pasé a temas de logística con la tropa y combatiente.
¿Siguió estudiando en el colegio de Riachuelo?
No. Terminé el cuento de la escuela para ingresar de lleno a la organización armada.
Publicidad
¿Cuándo recibe un arma?
Eso fue de inmediato. Nos la daban para entusiasmarnos como pelados.
¿A los 13 años qué se siente tener un arma de fuego y pertenecer a las Autodefensas?
Uno sentía el poderío que dan las armas. Las armas dan poder. Inicié con un revólver 38 mm. De allí fui ascendiendo hasta tener un M-1 y una M-60 (ametralladoras).
A los 33 años, dos décadas después, ¿fue una buena decisión estar en las Autodefensas?
No. Perdí el tiempo. Literalmente, perdí mi vida. Perdí mi infancia. Mi infancia se fue en las Autodefensas. Es una etapa que no voy a volver a vivir, que me duele ahora. Perdí todo mi futuro. No es solo lo que viví esos años en las Autodefensas, sino las repercusiones que sufro en este momento. Me arrepiento mucho de ingresar a las Autodefensas. Lo que se vive adentro es dolor, sufrimiento, muerte, pérdida de los seres queridos. Me arrepiento de perderme a mí mismo.
¿Con usted había más niños reclutados en Riachuelo?
Sí. Eran muchos. Bajo engaños llegaban a las Autodefensas, de esta región y de otras partes. Por lo mismo, por la falta de un Estado que nos protegiera o nos diera una mano. No teníamos nada (en Riachuelo). Ni siquiera estación de Policía. Eso hizo fácil que una fuerza armada se apoderara del territorio.
¿Cuando usted ingresó a las filas de los paramilitares, cuántos niños vio en esa escuela?
Más de 60 niños.
Los paramilitares cometieron toda clase de abusos contra la población civil. Usted participó de esos abusos como combatiente.
No respondo.
¿Tuvo que matar?
No respondo.
Publicidad
Carlos Andrés fue un niño de 13 años, como usted, que fue reclutado por los paramilitares. También abandonó el colegio de Riachuelo, pero fue muerto en un combate con el Ejército. ¿Conoció a Carlos Andrés?
Sí. ‘Chino’ huevón. Se dejó matar. El miedo lo mató. Él no tenía el suficiente entrenamiento militar, pero me dijeron que en ese combate el miedo alcanzó para todos. Se murió porque se rindió. El Ejército, al verlo a usted con un arma, no le va a perdonar la vida. Eso fue lo que le pasó.
¿Le cumplieron con el pago prometido, cuando ingresó a las Autodefensas?
Yo me lo ganaba, por estrategia. Les traía (a los comandantes) licor y prostitutas. Como era de logística les traía a ellos las cosas que les hacían falta en un sector tan alejado de la civilización como este.
Se calcula que 70 menores de edad fueron víctimas de violencia sexual por parte de comandantes del Frente Comuneros Cacique Guanentá de las Autodefensas Unidas de Colombia. ¿Fue uno de esos niños?
Sí, pero son cosas que no quiero recordar ahora.
¿Qué tanto le afectan esos episodios que vivió?
En no traer a este mundo un verraco ‘chino’ a sufrir como me tocó a mí. No quiero tener hijos. Me niego a tener hijos. No quiero que un hijo llegue a sufrir lo que me tocó sufrir.
Publicidad
¿Qué tan frecuentes eran los casos de los niños víctimas de violencia sexual en las Autodefensas?
Como comer arroz al almuerzo. Así de sencillo. Los mandos eran los violadores. Ellos abusaban de los niños a fuerza de licor. Los emborrachaban para hacerlos perder el control.
Carlos Alberto Almario, alias Víctor, comandante del Frente Comuneros Cacique Guanentá, es señalado de ser un agresor sexual. ¿Lo recuerda?
Preferiría no recordarlo.
Fue comandante cuando usted fue reclutado en las Autodefensas.
Fue un malparido. Para ser comandante de las Autodefensas se necesita ser un malparido...
¿Cuándo paran los abusos en las Autodefensas contra los menores de edad?
Cuando nos dicen: váyanse de acá, no los queremos volver a ver. Nos desamparan del todo.
Publicidad
¿Qué piensa cuando le dicen váyanse?
Siento un ‘hijuemadre’ miedo a vivir el mundo. Miedo por no poder llegar a la casa. ¿Cómo hacerlo? Tuve que irme a vivir en Bucaramanga. Duré dos años allá en una presión la verraca. De los 16 a los 18 viví en Bucaramanga solo. Allí conocí vicios, droga, violencia y todo ese cuento. Afortunadamente lo sobreviví. Bucaramanga fue una ciudad verraca para una persona que ni cédula tenía.
Esos episodios de violencia dejan profundas heridas. ¿Ya las sanó?
No. A veces me da como ganas de meterme un tiro y no saber nada de esta mierda (ríe irónico). Trato de vivir. Para mí el despertar día a día es una aventura. No sé, a raíz de todo lo que he vivido, de toda la maldad que recibí, de toda la maldad que yo provoqué estando en las Autodefensas. He visto a mucha gente morir. A veces me da como ganas de meterme un tiro y otras veces agradezco por estar vivo.
¿Sus victimarios pagaron una condena?
(Silencio prolongado) Esa gente no sé qué vivió en la cárcel. Lo que sé es que ocho años es muy poco. No quiero favorecerlos ni quiero halagarlos por durar 8 años en privilegios, pero son unos malparidos...
Su expresión es de rencor y odio. ¿Cómo hace para vivir con ella?
La guerra y el abandono del Estado me han dejado dos cosas: que soy una persona insignificante. Primero que todo, el Estado no se preocupa por las víctimas. Las víctimas somos un número, porque el Estado se basa en números: números de ocho millones, nueve millones de víctimas. Para el Estado las víctimas somos número. Para ellos no tenemos sufrimientos. Para empezar, pasamos por una etapa donde ellos (el gobierno) fueron opresores. La falta de Estado nos sometió a vivir lo que nosotros no queríamos vivir. No teníamos presencia del Estado cuando llegaron las Autodefensas. Hoy en día, para el Estado, 20 años después, seguimos igual: abandonados. Seguimos siendo un número.
¿Alguna vez se desahoga?
Llanto. A veces llega el llanto. A veces llegan esos momentos donde uno se siente débil, pero no es fácil mostrarlo. Es casi imposible mostrarse débil. Jamás se puede uno mostrar débil. En este momento recurro a la soledad. (Silencio prolongado) Algunas veces me dan ganas de pegarme un tiro, otras quiero vivir los días que me faltan; no sé si sean largos o cortos. Viviendo un día a la vez. Sin futuro.
Suena como si aún no se perdonara de su pasado.
No. Es difícil. No lo he hecho. Es difícil. Decir que yo soy una persona normal, igual que usted, no, nunca jamás. Porque ustedes no vivieron lo que yo viví, y no pretendan que yo sea igual que ustedes. No lo digo por sentirme mal o sentirme menos.

¿Dónde estaría ahora, si no hubiese sido reclutado por los paramilitares?
Si pudiera cambiarlo todo, trataría de ser futbolista profesional.
¿Le iba bien jugando fútbol?
Tengo las actitudes y la personalidad para hacerlo. Pero no se pudo.
¿En qué posición jugaba?
Delantero.
¿Con qué sueña?
Hace un tiempo regresé a esta tierra. Es difícil, porque aquí me hicieron mucho y yo hice mucho daño. Eso la gente no lo olvida. En este momento no sueño, quiero vivir. Los sueños, aprendí, se cortan mucho. Por eso digo que solo quiero vivir. Vivir el día a día, pero no solo por vivirlo. Los ricos dicen que la plata no es todo, y yo sin tenerla les doy la razón.
¿Al regresar a esta tierra, la gente lo reconoce como víctima de los paramilitares?
Me conocen como malparido. Me conocen como victimario, no como la víctima que fui. La gente no sabe lo que he sufrido, aunque reconozco que causé mucho dolor. La gente no sabe que fui víctima de violencia sexual. Yo no tengo una vida perfecta. Solo trato de sobrevivir ahora.
Usted fue reclutado a los 13 años y vivió todos los horrores de la guerra. Eso ocurrió hace 20 años. ¿Esos ciclos de violencia se repiten en la actualidad? ¿En algún lugar del país hay un niño ahora, al igual que usted, que pierda su infancia?
Hay muchos. Imagínese la falta de Estado hace 20 años. Es igual ahora. Eso no cambia. Se acuerda de los niños que murieron en marzo en el Guaviare (varios menores de edad murieron en Calamar, Guaviare, cuando fue bombardeado un campamento de las disidencias de las Farc). Ellos no querían estar en ese campamento. Fueron arrebatados de sus familias por la guerra y no pasa nada.


















