Bucaramanga
Lunes 14 de octubre de 2024 - 10:20 AM

La historia del ‘Café Inglés’ de la Bucaramanga del ayer

El tiempo es como un río formado por hechos e impulsado por una corriente de recuerdos. Vanguardia, a través de las fotografías del ayer, recorre con esta sección esos torrentes de historias que fluyeron en la otrora capital santandereana. Hoy, en un nuevo viaje por el túnel del tiempo, evocamos al ‘Café Inglés’. ¿Lo conoció?

Son muy pocos los registros que existen del 'Café Inglés'. Este era uno de los afiches promocionales del negocio, cuyo propietario en ese entonces era Rogerio Silva Araque. El establecimiento comercial después sería administrado por Vicente Padilla, Segundo Cristancho, Guillermo Luna y Guillermo Cadena. (Archivo/ VANGUARDIA)
Son muy pocos los registros que existen del 'Café Inglés'. Este era uno de los afiches promocionales del negocio, cuyo propietario en ese entonces era Rogerio Silva Araque. El establecimiento comercial después sería administrado por Vicente Padilla, Segundo Cristancho, Guillermo Luna y Guillermo Cadena. (Archivo/ VANGUARDIA)

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Hoy serviremos sobre la mesa un café suave, caliente y tranquilizante, de esos que se veían en los pocillos añejos. Es un sencillo sorbo que nos recuerda una mítica ‘esquinita’ del pasado comercial de nuestra Bucaramanga. Sí, evocamos al ‘Café Inglés’.

Por allá en la calle 35, entre las carreras 15 y 16, reposaba en cada taza y en cada mesa la huella incólume de quienes se sentaban allí a opinar sobre el acontecer diario. Dos puertas endebles y efímeras, como alas, se cerraban y se abrían para escuchar y descubrir historias, charlas políticas y hasta romances.

Días suaves, algunos grises y otros soleados, envueltos por el olor que salía de las grecas, hicieron parte del fragor del área comercial de mediados del siglo pasado. Era el sitio de reunión de abogados y demás personalidades.

Quien se asomaba por estos lados encontraba a hombres reunidos alrededor de mesas, con un tabaco en la mano, bajo el amparo de la música del momento.

Este café fue el epicentro de la vida política, artística y social de la capital santandereana. Era algo así como el motor de las tertulias y de los debates. En general, fue el ‘centro del ocio’ en el periodo comprendido entre los años 30 y comienzos de los 60.

Este era uno de los afiches promocionales del 'Café Inglés' en los años 40. (Archivo / VANGUARDIA)
Este era uno de los afiches promocionales del 'Café Inglés' en los años 40. (Archivo / VANGUARDIA)

Se podía hablar y hasta ‘conspirar’ sobre el alcalde de turno. No obstante, las charlas también abordaban los amores furtivos, el buen sazón y hasta de los éxitos o fracasos de los deportistas.

Influenciado por la moda europea, el ‘Café Inglés’ se incorporó al pasaje comercial de Bucaramanga en la que fuera la época dorada de este tipo de negocios. Quienes conocieron el lugar afirman que todas las grecas con las que se hacía el tinto eran importadas del viejo continente.

El ‘Café Inglés’ era el sitio de los comerciantes por excelencia. Junto al ‘Café Demetrio’ y el del ‘Centenario’, alcanzó la mayor popularidad del momento.

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El lugar fue propiedad, de manera respectiva, de Rogerio Silva Araque, Vicente Padilla, Segundo Cristancho, Guillermo Luna y Guillermo Cadena.

Cuentan que allí el señor David Cadena Zabala vendía un ‘bistec al caballo’ de rechupete. Según el arquitecto e historiador Antonio José Díaz Ardila, esa receta aún se prepara en el Club del Comercio.

Estos cuatro jóvenes, con los atuendos de la época, eran los que atendían en el Café Inglés. El registro, captado a finales de los años 50, fue tomado justo frente a dicho establecimiento de la ciudad. (Archivo / VANGUARDIA)
Estos cuatro jóvenes, con los atuendos de la época, eran los que atendían en el Café Inglés. El registro, captado a finales de los años 50, fue tomado justo frente a dicho establecimiento de la ciudad. (Archivo / VANGUARDIA)

Además del café, también se tenían acondicionados billares e incluso, como decían en esa época, se permitían “juegos manejados con honorabilidad”, refiriéndose a las partidas de naipe y de dominó.

A los jóvenes de la época también les gustaba frecuentar el lugar, no tanto por el tinto que allí se ofrecía sino porque el lugar era atendido por señoritas que les robaban más de un suspiro. (Lea además: Ciudad Bolívar, el primer eslabón de la Ciudadela)

El ‘Café Inglés’, como otros sitios emblemáticos de la otrora Bucaramanga, desapareció porque la ciudad comenzó a transformarse y debía tener un nuevo aire en manera urbanística. La vieja casona del café se demolió a principios de los 60 para darle paso al primer gran edificio del Centro de Bucaramanga: El Turbay, que fuera durante varios años el almacén de electrodomésticos J. Glottmann. Los años derritieron la escena de este café típico y con ella se fue un pedazo del ayer de Bucaramanga.

En los tiempos venideros lo que predominó fue el ‘Café Internet’; es el concepto de un café en el que la gente ya no comparte tano, sino que se aísla del paso de la cotidianidad y se sumerge en las redes sociales.

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