Bucaramanga
Martes 24 de marzo de 2026 - 01:48 PM

Dos fotos, frente a frente: el ayer aún respira en este tramo de la calle 45 de Bucaramanga

Veamos dos imágenes de la calle 45: un recorrido visual entre el pasado y el presente. A través de las fotos, captadas desde el mismo punto, exploramos los ‘cambios’ que han transformado el entorno y aquellos elementos que, pese al tiempo, permanecen como testigos silenciosos de la historia y la identidad del lugar.

Aunque una de las imágenes fue captada hace casi un siglo y la otra se tomó ayer, esta cuadra de Bucaramanga apenas muestra cambios. Son dos momentos de una misma vía que parecen congelados en el tiempo. (Archivo / Jaime Moreno / VANGUARDIA)
Aunque una de las imágenes fue captada hace casi un siglo y la otra se tomó ayer, esta cuadra de Bucaramanga apenas muestra cambios. Son dos momentos de una misma vía que parecen congelados en el tiempo. (Archivo / Jaime Moreno / VANGUARDIA)

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Tal y como lo hemos hecho en los últimos meses, volvemos a detenernos frente a las fotos del recuerdo. Las miramos con calma y en esa comparación paciente entre el ayer y el hoy, hay imágenes que resisten el paso del tiempo, que se aferran a su esencia y nos devuelven, intactos, muchos de sus rasgos.

La edición de hoy retrata lo que decimos: dos fotos separadas por casi un siglo. La primera, tomada por los fotógrafos del ayer; la segunda, captada por nuestro reportero gráfico Jaime Moreno.

A primera vista, es evidente que, con el paso del tiempo, la calle 45, entre carreras 10 y 12, ha cambiado: el tránsito, los sonidos, los ritmos de la ciudad moderna. Sin embargo, al comparar ambas fotos, se percibe algo asombroso: parecen calcadas, como si la ciudad hubiera detenido ciertos gestos. (Le puede interesar: Dos fotos, una calle que se ‘partió’)

Solo han cambiado algunos detalles: los colores de las edificaciones, la señalización vial, el alumbrado y otros elementos menores que la vida moderna ha ido incorporando. Más allá de eso, permanece un pulso antiguo que late en sus fachadas. La calle, en esencia, sigue conservando los rasgos de aquel tiempo que la vio crecer.

Imagen del Hospital San Juan de Dios de Bucaramanga, en los años 60. (Archivo / VANGUARDIA)
Imagen del Hospital San Juan de Dios de Bucaramanga, en los años 60. (Archivo / VANGUARDIA)

A un costado aparece, firme y silenciosa, la otrora edificación donde funcionó el antiguo Hospital San Juan de Dios de Bucaramanga. Su sola presencia impone respeto. No es solo un edificio: es un testigo. Reconocido como parte del patrimonio arquitectónico de la ciudad e incluido en la lista de Bienes de Interés Cultural del municipio, este inmueble guarda entre sus muros una historia que atraviesa generaciones. Fue la primera, y durante mucho tiempo la única, institución pública de salud al servicio de los bumangueses.

Su origen se remonta a la primera mitad del siglo XIX. La construcción del primer edificio comenzó el 1 de mayo de 1845, aunque no fue sino hasta el 8 de marzo de 1853 cuando abrió sus puertas al público.

En el fondo, este hospital nació del corazón mismo de la sociedad bumanguesa. Fue el sacerdote José Ignacio Martínez quien, con liderazgo y convicción, impulsó la obra. Reunía a los notables del poblado en su casa, organizaba bazares y cualquier actividad que permitiera reunir fondos. Su esfuerzo, sumado al compromiso de médicos y ciudadanos, hizo posible lo que parecía lejano. Incluso el boticario Guillermo Müller aportaba con generosidad, suministrando medicamentos de manera gratuita. Era una ciudad construyéndose a sí misma, ladrillo a ladrillo. Hoy, en el mismo edificio, funcionan sedes administrativas de las dependencias de salud.

Foto captada a mediados del siglo pasado. (Archivo/VANGUARDIA)
Foto captada a mediados del siglo pasado. (Archivo/VANGUARDIA)

Al costado derecho, entre lo que fue y lo que aún queda, se perciben los vestigios del Parque Romero. Un lugar cargado de simbolismo, donde la historia se entrelaza con lo espiritual. Allí, donde alguna vez estuvieron los cementerios del municipio, el espacio fue transformándose con el tiempo, adaptándose a nuevas formas de memoria. En 1907 se inició la construcción del parque en honor al sacerdote Francisco Romero, y el 20 de julio, al cumplirse un siglo de la Independencia de Colombia, se inauguró junto con un obelisco que rinde homenaje a los mártires santandereanos. A pesar de los momentos difíciles, como la Guerra de los Mil Días que detuvo por un tiempo el impulso de la ciudad, Bucaramanga retomó su camino. El Parque Romero se consolidó entonces como un referente histórico, un punto donde convergen el valor estético, simbólico y cultural. Es, en muchos sentidos, un guardián de la memoria colectiva.

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Más arriba se levanta el cementerio católico central, construido en las primeras décadas del siglo XIX y que, fiel a su propósito, ha mantenido su uso inicial. Para su época, su diseño fue innovador. Él reflejaba una nueva concepción del ordenamiento urbano. Durante años permaneció intacto, hasta que la introducción de las bóvedas, a mediados del siglo XIX, transformó no solo su estructura, sino también su significado. Dejó de ser un simple espacio físico para convertirse en un lugar cargado de sentido, de memoria y de presencia.

Y en medio de todo, la vida continúa. Un vendedor, en el Parque de las Flores, mientras quita las espinas a unas rosas, sonríe cuando alguien menciona historias de miedo del camposanto. Su risa parece reconciliar el pasado con el presente.

Imagen de la calle 45 de hoy. (Foto: Jaime Moreno / VANGUARDIA)
Imagen de la calle 45 de hoy. (Foto: Jaime Moreno / VANGUARDIA)

La calle 45 sigue ahí, atravesando Bucaramanga. No ha cambiado tanto como uno podría pensar. Hay en ella algo detenido, como si el tiempo hubiera decidido pasar más despacio. En pleno corazón de la ciudad, sus edificaciones, algunas con casi un siglo de antigüedad, siguen contando historias a quien quiera detenerse a mirar.

Al comparar la fotografía antigua con la escena actual captada por nuestro reportero, entendemos que no todo se pierde. Hay lugares que, a pesar de las transformaciones, conservan su alma. Lugares donde el ayer no desaparece, sino que aprende a convivir con el hoy. La 45 es un fragmento de ciudad donde la memoria aún sigue respirando.

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