Bucaramanga
Domingo 22 de febrero de 2026 - 07:08 AM

Esquina de la calle 34 con carrera 19: testigo del paso del tiempo

Es claro que la carrera 19 con calle 34 nunca dejó de avanzar. Entre el ayer y el hoy, se escribe la crónica viva de una esquina de Bucaramanga que, aferrada a su memoria, se niega a desaparecer en el olvido.

Carrera 19 con calle 34 esquina. (Foto: Jaime Moreno /VANGUARDIA)
Carrera 19 con calle 34 esquina. (Foto: Jaime Moreno /VANGUARDIA)

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Hay esquinas que no solo cruzan calles: también atraviesan el tiempo. Allí, donde el ruido cotidiano parece imponerse, se detectan huellas que solo se revelan cuando el pasado y el presente se miran al espejo.

Fiel a su costumbre de escarbar en la memoria urbana, la sección Área Metro vuelve a ubicar frente a frente dos instantes separados por varias décadas. Esta vez, el escenario es un rincón entrañable del Centro de Bucaramanga: la esquina occidental de la carrera 19 con calle 34.

Una fotografía en blanco y negro, otra a color, y una sola memoria viva de una esquina particular del Centro de Bucaramanga. (Archivo / Foto actual: Jaime Moreno / VANGUARDIA)
Una fotografía en blanco y negro, otra a color, y una sola memoria viva de una esquina particular del Centro de Bucaramanga. (Archivo / Foto actual: Jaime Moreno / VANGUARDIA)

La invitación para usted, señor lector, es sencilla: observe, deténgase y compare. Busque las diferencias; y, si logra encontrarlas, también halle semejanzas.

Arriba puede ver una fotografía tomada en febrero de 1971, en blanco y negro, que nos devuelve un fragmento de ciudad que respiraba con otro ritmo. Abajo hay una imagen captada ayer, a color, por nuestro reportero gráfico Jaime Moreno, que nos recuerda que el tiempo no borra todo, que a veces solo transforma.

A primera vista, el movimiento es el mismo. Sin embargo, un solo vehículo delata el paso del tiempo con claridad. Hablamos del taxi que se ve al frente. En la imagen antigua, el automóvil de servicio público era de color negro, sobrio, casi elegante en su movimiento. En la fotografía actual, el taxi también atraviesa el encuadre, pero ahora es completamente amarillo, más visible y acorde con las normas viales. Ambos cumplen idéntica función, pero pertenecen a épocas distintas, como actores que interpretan el mismo papel en generaciones diferentes.

Foto de la carrera 19 con calle 34 esquina de Bucaramanga, captada en 1971, (Archivo/VANGUARDIA)
Foto de la carrera 19 con calle 34 esquina de Bucaramanga, captada en 1971, (Archivo/VANGUARDIA)

También la esquina ha cambiado de piel. La casa que en 1971 ocupaba ese punto estratégico, con su arquitectura sencilla y su aire doméstico, fue derribada. Hoy, en su lugar, funciona una moderna cafetería. Donde antes hubo puertas que se abrían al mundo privado de una familia, ahora hay vitrinas, mesas y conversaciones públicas.

La acera oriental también cuenta su propia historia. En la fotografía antigua parece más estrecha. En la imagen actual, en cambio, es más amplia o más ‘generosa’. No es casualidad. Las reformas urbanísticas recientes han impuesto una nueva lógica: la ciudad debe devolverle espacio al peatón. Es una forma de reconocer que las calles no pertenecen únicamente a las máquinas, sino también a los transeúntes que las recorren cada día.

Pero no todo ha cambiado. En el fondo, como un guardián del tiempo, permanece el edificio del Banco de la República. Su presencia es firme, inalterable, como si hubiera decidido resistirse a los caprichos de las décadas. Verlo allí, idéntico en ambas fotografías, produce una sensación extraña y reconfortante: la certeza de que algo permanece, de que no todo se disuelve en el avance inevitable de los años. A su alrededor, otras edificaciones también resisten, como viejos testigos que se niegan a abandonar la escena.

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Y están los semáforos. Discretos, casi inadvertidos, pero persistentemente presentes. Podría decirse que son los mismos de ayer, o al menos así lo parecen. Su permanencia no es motivo de orgullo urbano, sino más bien una señal de abandono. Durante años se ha dicho que la red semafórica es vetusta y está atrapada en el pasado. Y allí siguen, regulando el tránsito con una paciencia mecánica.

Lea además: (Bucaramanga, Ayer y Hoy: dos fotos, una calle que se ‘partió’)

Sin embargo, más allá de los cambios y las permanencias, lo verdaderamente valioso ocurre en quien observa. Porque estas dos imágenes no solo muestran una esquina: muestran una ciudad viva. La fotografía en blanco y negro conserva el peso de la memoria, la dignidad de lo que fue. La imagen a color, en cambio, respira presente, movimiento y continuidad.

Mirarlas juntas es entender que cada generación hereda calles que no construyó, pero que aprende a habitar. Que cada esquina guarda historias que siguen ocurriendo.

Tal vez, al final, el mayor descubrimiento no esté en el taxi que cambió de color ni en la casa que se convirtió en cafetería; tal vez esté en la certeza de que, aunque el tiempo avance, siempre habrá imágenes capaces de devolver lo que se creía perdido.

Estas fotos no solo muestran una esquina de Bucaramanga; nos muestran a nosotros mismos, los bumangueses, suspendidos entre lo que fuimos y lo que seguimos siendo.

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