Los labriegos del Páramo de Berlín sostienen que los intermediarios nos les permiten obtener las debidas ganancias por sus cosechas de cebolla junca. Por eso, lideraron ayer una singular ‘cebollatón’ en Bucaramanga.

La cebolla junca, también conocida como cebolla larga, de la cual el sector de Berlín es un gran productor, llegó en la mañana de ayer en varios camiones al parque García Rovira de Bucaramanga y, por primera vez en muchos años, se vendió al ciudadano de a pie sin intermediario alguno.
El céntrico parque de la ciudad se embadurnó del aroma inconfundible de la cebolla junca fresca, invitando a los transeúntes a disfrutar de una experiencia única.
Los agricultores, con manos cuarteadas por el trabajo, ofrecieron racimos con los debidos precios, creando un equilibrio que benefició tanto a quienes cultivaron la tierra como a quienes llenaron sus canastos. Además de la cebolla, también vendieron bultos de papa.
La verdad fue que los bumangueses les dieron una mano a nuestros agricultores y les compraron este producto en una singular jornada, denominada ‘cebollatón’ y que, en síntesis, también quiso evidenciar la problemática que afrontan nuestros labriegos por culpa de los intermediarios.
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¡En efecto! Este singular punto de venta, organizado por un colectivo de agricultores del Páramo del Berlín, bajo la batuta de Darío Sierra, no solo celebró la riqueza de la tierra santandereana, sino que también visibilizó las dificultades que enfrentan los campesinos a la hora de comercializar su cebolla junca, uno de los productos más representativos de la región.
Por fortuna, ellos no estuvieron solos. Además de los bumangueses, la Gobernación de Santander trabajó de manera conjunta con los labriegos para garantizarles una buena venta.

Y una de las estrategias diseñadas consistió en abrirles ese punto de expendio, frente al Palacio Amarillo, para garantizar la venta de la cebolla junca y otros productos que salen de las ‘entrañas’ de Berlín.
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La jornada no se tradujo solo en el comercio, fue algo más. Y es que durante años, los labriegos del Berlín han lidiado con un sistema de comercialización que los deja en desventaja frente a los intermediarios, quienes adquieren sus productos a precios tan bajos que apenas cubren los costos de producción.
Esta realidad ha llevado a muchos agricultores a vender a pérdida, poniendo en riesgo sus economías familiares y la sostenibilidad de una tradición agrícola que define su identidad.
Con la ‘cebollatón’, los campesinos dieron un golpe certero a esta cadena de abusos, al vender directamente a los consumidores y eliminando cualquier intermediación.
“Por cada racimo que vendo aquí, siento que estoy recuperando la dignidad que nos han arrebatado”, afirmó don Luis Rueda, un agricultor que ha trabajado en el Páramo del Berlín por más de tres décadas.
Estas actividades fortalecieron el vínculo entre el campo y la ciudad, mostrando que iniciativas como esta son claves para construir una economía más equitativa y sostenible.
La ‘cebollatón’ se convirtió en un ejemplo de resistencia, resiliencia y colaboración ciudadana. Los labriegos del Páramo del Berlín demostraron que, si se unen, es posible superar las barreras impuestas por el sistema tradicional de comercialización.
Los labradores del campo anunciaron que ya están planificando una segunda edición del ‘cebollatón’, con la esperanza de seguir cosechando redes de apoyo entre productores y consumidores, y consolidar un mercado más equilibrado para todos.

















