Relato que cumple 96 años. Así era un domingo de 1929 en Girón.

El canto del guarapo galante, que encendía de versos los domingos gironeses de 1929 y quemaba las gargantas de los campesinos de sombreros sudorosos, luego de traer tabaco de los viejos caneyes, reposa hoy en las entrañas del parque principal.
Domingos de mercado en los que la plaza central, entonces un pedazo de tierra canicular, se bordeaba de voces y costales que se juntaban para ofrecer la cosecha.
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A la cita asistían desde los más humildes jornaleros, con su olor a monte desbrozado, hasta los portentosos terratenientes de blancos pañuelos perfumados, que no disimulaban sus miradas a los ventanales y portones donde las mujeres gironesas, con sus cinturas de guitarra y senos abiertos como rosas, iluminaban el pueblo.
También bajaban por las escasas calles empedradas caballos de cascos sonantes y crines revueltas, cargando el cansancio de los arrieros y trayendo cartas, recuerdos, fiestas, desamores o esos ebrios vendavales de la política que se desataban en el parque.
Ahora, aquella sangre patriarcal, incansablemente ardiente con su soplo de gloria, parece perdida entre los orinales, el hedor y la basura que deambula los domingos en las calles aledañas al parque principal de Girón.

Gloria Suárez, hace 25 años, veía con sus ojos de invierno esos domingos al mediodía, cuando la plaza era un hervidero de hombres sedientos.
“Nací en Girón en 1931. Tengo algunos recuerdos de niña y de las cosas que contaban en la casa. En esa época el parque era una plaza de tierra que tenía en las cuatro esquinas, árboles de mamones y frente a la Alcaldía una palma de coco. Los domingos se congregaba mucha gente en el parque para hacer mercado. En las casas de los lados vendían la carne y el guarapo, señaló a Vanguardia en julio de 2000.
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“Entre las cosas que recuerdo están las corridas de toros que se organizaban entre el 28 y el 31 de diciembre. La gente montaba tarimas alrededor de la plaza y en el centro ubicaban el circo. Venía mucha gente a ver los toros, eran otros tiempos...”, dice la mujer, dibujando con su nostalgia los machetes de los campesinos, que relampagueaban en la verde tierra.
Cuenta la historia de Girón
Según varios escritores, cuando ocurrió la fundación de Girón por Francisco Mantilla de Los Ríos, el 15 de enero de 1631, el actual parque principal no existía.
El parque principal, en aquel entonces, era una plaza en tierra que fue inaugurado en 1708, con la siembra de un árbol de ceiba bautizado Rey Felipe, en honor a un monarca europeo.
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Según Luis Reyes, a sus 86 años, una tarde, hace más de 50 años, obreros por orden de la Alcaldía cubrieron la fina vegetación del parque, con piedra y “enlajaron la plaza y la volvieron nada. Del domingo recuerdo que los borrachos que cogían en la plaza, los metían a la cárcel y cuando estaban despiertos los ponían a recoger huesos, basuras o a quitarla maleza de la carretera”, dijo el hombre hace 25 años a Vanguardia.

Por esa época, cuentan también que en una de las esquinas de la plaza quedaba la estación de los buses que iban a Bucaramanga, mientras que en el otro extremo amarraban el ganado para la venta del día de fiesta.
Dentro del parque vendían carne, tripa, ropa y canastas, de todo tipo de elementos. Pareciera que hoy Girón olvidó esas historias que los abuelos contaban años atrás, entre el sonido de los grillos y el ladrido de los perros.
Relatos que al bajar de los dientes amarillos y con olor a tabaco recién masticado de los viejos, lamían las piedras del parque revolcando el canto del guarapo vagabundo y galante que encendía de versos los domingos gironeses de 1929.

















