Bucaramanga
Domingo 18 de mayo de 2025 - 11:40 AM

Un santandereano fundó la primera cadena de librerías del país

Jesús María Ordóñez trabajó en La Habana, Cuba en la librería La Moderna Poesía, donde llegó a ser administrador general, y esa experiencia le permitió fundar luego la primera Librería Nacional.

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Publicado por: ALBERTO DONADIO

La Librería Nacional finalmente llegó a Santander, después de una espera de 84 años. La primera Librería Nacional la fundó en Barranquilla en 1941 un santandereano, Jesús María Ordóñez Salazar. Abrió luego en la Plaza de Cayzedo de Cali una librería con heladería, tradición que continúa hasta nuestros días. Después se expandió hacia Bogotá y otras ciudades pero la sede principal de la compañía sigue siendo Cali.

Ordóñez falleció en 1986. Había nacido en Piedecuesta en 1902 y siempre quiso abrir una sucursal en Bucaramanga. No pudo hacerlo porque no había mercado. También quiso establecer una Librería Nacional en la ciudad Felipe Ossa, sucesor de Ordóñez y que fue en los últimos decenios el gerente general de la cadena, pero a él le pasó lo mismo, cuando se hacía el estudio de mercado los resultados no eran favorables. Felipe Ossa, considerado el mayor librero de Colombia, falleció en 2024 a los 80 años.

Finalmente la Librería Nacional inauguró una sucursal en Bucaramanga el 2 de mayo en el Centro Comercial Cacique.

Jesús María Ordóñez trabajó en La Habana, Cuba en la librería La Moderna Poesía, donde llegó a ser administrador general, y esa experiencia le permitió fundar luego la primera Librería Nacional en Barranquilla.

Ordóñez introdujo el concepto del autoservicio que permite al cliente caminar por la librería y tomar los libros. Antes las librerías tenían la barrera del mostrador.

Para Felipe Ossa, Ordóñez fue un humanista y un hombre de empresa: “Fue mi maestro, en los libros y en la vida. Riguroso, disciplinado, pero generoso. Presto siempre a ayudar en las necesidades de la gente. Me siento orgulloso de honrar su legado”.

El escritor Gustavo Alvarez Gardeazábal conoció a Jesús Ordóñez como cliente de la librería de Cali y lo definió así: “Enjuto, con gafas de sabio y con una cara de seriedad casi que absoluta”.

Cuando la Librería Nacional cumplió 80 años en 2021, Felipe Ossa recordó que tal vez el libro de más venta en los últimos años ha sido El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince, del cual la Librería Nacional había vendido 50 mil ejemplares de un total de casi 300.000 ejemplares adquiridos por los lectores en todo el país hasta ese momento.

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Felipe Ossa mencionó entre los bestsellers El milagro metabólico del doctor Carlos Jaramillo, del cual la Nacional vendió 40 mil unidades de un total de 160 mil ejemplares.

La Librería Nacional fue distribuidor exclusivo de la revista Selecciones del Reader´s Digest, de la cual la cadena vendía 25.000 ejemplares mensuales, según Ossa.

Hoy la Librería Nacional tiene 34 sucursales.

La intuición del librero

A su muerte el año pasado los comentaristas recordaron que Felipe Ossa fue toda su vida un gran lector. Su padre tenía una biblioteca de diez mil ejemplares, pero tras una quiebra tuvo que salir de los libros. La familia vivía en Buga. Felipe Ossa no pudo ir a la universidad. Empezó a trabajar en Cali en la Librería Nacional, como mensajero y en la bodega. Aprovechó para leer. Luego fue gerente de ventas y después gerente general. Siguió leyendo por lo menos seis horas diarias por el resto de su vida, recuerda su amiga Haydeé Chiapero.

Felipe Ossa y Silvia Galvis

Felipe Ossa, el gerente de la Librería Nacional, fue amigo de la escritora santandereana Silvia Galvis durante muchos años. Cuando ella murió en 2009, Felipe Ossa escribió: “Gentil, amable, tímida. Poseía la noble elegancia de la prudencia, en la vida social y en la amistad. Un ser de recio y corajudo caracter. Una alma poderosa, en un cuerpo de frágil salud. Tenía un maravilloso sentido del humor. Cargado de ironía y agudeza.

“Silvia fue, en esencia, un espíritu libre. Ella era hija de la ilustración, del libre examen y del radicalismo. Su compromiso era con la verdad y la justicia. Silvia tuvo a su lado a un grupo de amigos y a un puñado de seres que la queríamos mucho. Nosotros supimos de su bondad, de su lealtad, de su maravilloso sentido del humor, de su gracia; de su pasión por los libros y por ciertos autores. ¡Si lo sabré yo que fui su librero elegido! ¡Si sabré yo de su pasión por Saramago, su autor favorito!”

Felipe Ossa también señaló: “No será la «separadora de los amigos», la tan temida señora oscura de la muerte, la que logre derrotar en el olvido el recuerdo de Silvia, uno de los seres más extraordinarios que me ha sido dado conocer en mi peregrinar sobre la Tierra.

“Silvia es el ejemplo de un ser humano íntegro, noble y justo. ¿Habrá cualidades más importantes que estas, para vivir con dignidad? Solo en el recuerdo perdura lo que amamos. Allí estará siempre Silvia”.

Felipe Ossa dijo en una entrevista: “Yo tenía claro que quería ser un gran librero, pero para lograrlo debía saber de todo. Me daba vergüenza imaginar que alguien se me acercara a preguntar por un libro y yo no supiera”. Entonces estableció una rutina: “Los lunes leía sobre arte, los martes investigaba sobre filosofía, los miércoles estudiaba idiomas, los jueves me dedicaba a la literatura, los viernes los destinaba a la cultura general y los sábados salía a tomar trago”.

Pero no solo fue un gran lector. Tenía una intuición especial para saber qué libros se iban a vender, añade Chiapero. “Sabía cuándo se debían pedir 2.000 ejemplares de un título y cuándo bastaban 5 ejemplares”.

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Publicado por: ALBERTO DONADIO

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