Del óxido de la promesa: Ministerio del Transporte evalúa el estado crítico de las estaciones de Metrolínea en Bucaramanga y el área metropolitana.

La Unidad de Movilidad Urbana Sostenible, UMUS, adscrita al Ministerio de Transporte realizó una visita de inspección a las estaciones del Sistema Integrado de Transporte Masivo, Sitm, en Girón, Floridablanca y Piedecuesta, con el objetivo de evaluar el estado actual de la infraestructura de Metrolínea y avanzar en estrategias para su recuperación.
La inspección, según funcionarios del Ministerio, forma parte del compromiso del Gobierno Nacional para garantizar un transporte público eficiente y seguro en el Área Metropolitana de Bucaramanga.

El recorrido también sirvió como antesala a la visita que realiza hoy, en la estación de Provenza, la ministra de Transporte, María Fernanda Rojas.
Durante la jornada, los representantes del Gobierno analizaron junto a autoridades locales el deteriorado estado de las estaciones y portales del sistema, además de solicitar información clave sobre su operación actual.
La revisión técnica dejó en evidencia lo que los ciudadanos ya conocen de primera mano: la descomposición del que alguna vez fue presentado como el gran proyecto de movilidad para la región.

Vanguardia, en una edición pasada, ya había documentado previamente este abandono. En recorridos recientes, registramos con imágenes el lamentable panorama: estaciones convertidas en ruinas, estructuras metálicas corroídas por el óxido, buses abandonados que se han transformado en criaderos de plagas, y espacios públicos que hoy son refugio improvisado de habitantes en situación de calle.
“Esto es un riesgo para los niños y para todos nosotros”, asegura don Álvaro Gutiérrez, residente cercano a una de las estaciones en ruinas, mientras señala los hierros retorcidos que cuelgan de una estructura a punto de colapsar. El lugar, que alguna vez prometió modernidad y eficiencia, hoy es símbolo de desidia institucional y una amenaza para la salud pública.

Metrolínea, cuya gestación se remonta al mandato del exalcalde Néstor Iván Moreno Rojas y que fue puesto en marcha bajo la administración de Honorio Galvis Aguilar, terminó como un doloroso ejemplo de lo que sucede cuando las promesas no se cumplen. En el Anillo Vial, el ‘cementerio’ de padrones abandonados crece cada día, testigo silente de la frustración ciudadana.
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Lo peor es que, en el ‘limbo’ podría quedar el plan de contingencia que se anunció en abril pasado con el fin de garantizar las operaciones de Metrolínea. En estos momentos no existen recursos para llevar a cabo las acciones que se prometieron en el marco de este plan.
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Mientras las autoridades exploran nuevas fórmulas para reactivar o reinventar el sistema, la infraestructura continúa su lento derrumbe. Y con ella, también se oxida la esperanza de una movilidad digna en Bucaramanga.
















