Gran parte de las riñas que protagonizan tiene su origen en conflictos personales y en graves episodios de intolerancia. Conozca cómo actúan.

Entre 2019 y 2024, la violencia en el área metropolitana de Bucaramanga dejó un saldo de 16.895 casos de agresiones interpersonales y 1.246 presuntos homicidios, cifras que no solo evidencian una problemática persistente en los municipios de Bucaramanga, Floridablanca, Girón y Piedecuesta, sino que también permiten trazar el perfil de quienes, con sus acciones, han venido generando una espiral de conflicto, dolor e impunidad.
El más reciente informe del Programa Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos, BMCV, revela que, en términos generales, la violencia interpersonal ha sido el fenómeno predominante.

Seis de cada diez agresiones (61%, es decir, 10.351 casos) ocurrieron en medio de riñas, seguidas por contextos de violencia económica (2.068 casos), retenciones (1.588), actos de intolerancia (917) y ajustes de cuentas (378).
En menor medida, también se presentaron casos asociados a violencia sociopolítica (252) y otras categorías no especificadas (643).

A lo largo del periodo analizado, el 80% de los agresores en casos de violencia interpersonal fueron hombres (13.612). Las mujeres representaron el 17% (2.827), y en un 3% de los registros no se especificó el sexo del agresor.
En cuanto al vínculo con la víctima, el 42% de los agresores eran personas conocidas por quien resultó agredido (7.140 casos). Lo más inquietante es que, dentro de ese grupo, casi la mitad (47%) no tenía una relación directa, mientras que el 30% eran vecinos, lo que sugiere una alta exposición al conflicto dentro del entorno cotidiano y comunitario.
Además, el 14% de los agresores (2.398 casos) eran miembros de la Fuerza Pública, un dato que resulta muy preocupante por el rol institucional que deberían cumplir.
Otro elemento que llama la atención es el nivel de impunidad o la falta de claridad en los casos: en el 16% de los registros (2.728 casos) no se consignó información sobre el agresor.
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Las víctimas
En este tipo de violencia, las víctimas también fueron en su mayoría hombres (72%, es decir, 12.246 casos). A pesar de la magnitud del fenómeno, la mayoría de ellos no se reconocen dentro de un grupo vulnerable: el 86% no reportó ningún factor de vulnerabilidad asociado. Sin embargo, un 14% sí presentaba condiciones especiales, destacándose personas bajo custodia (502 casos) y aquellas con consumo problemático de sustancias alucinógenas (353 casos).

El fenómeno del homicidio también presenta patrones que revelan la complejidad de la violencia en la región.
Según el informe del Programa BMCV, el 59% de los homicidios (734 casos) se dieron en contextos de violencia interpersonal, mientras que el 41% restante (512) estaría ligado a ajustes de cuentas, sicariato y otras formas de criminalidad organizada.

¿Quiénes son los asesinos?
El perfil del homicida muestra que en el 31% de los casos era un desconocido para la víctima (390 casos), mientras que en el 26% era una persona conocida (322 casos). De estos últimos, el 91% eran conocidos sin una relación directa y un 7%, vecinos. Llama la atención que en un 25% de los casos (308) no se logró identificar al responsable. Este subregistro creció en 2024, cuando el 36% de los homicidios (86 casos) carecieron de información sobre el presunto agresor, un aumento significativo frente al 20% reportado en 2023.
Las víctimas de homicidio también son predominantemente hombres (92%, es decir, 1.148 casos), y aunque la mayoría no se identifican como parte de un grupo vulnerable (61%), el 20% (246 casos) eran personas con consumo problemático de sustancias alucinógenas y un 6% (70 casos), habitantes de calle.
Las demás categorías (13%) incluyen situaciones como discapacidad, pertenencia a grupos étnicos o migración forzada, aunque cada una tiene una representación individual menor al 1%.
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Violencia cotidiana

En síntesis, el perfil del generador de violencia en el área metropolitana de Bucaramanga corresponde, en su mayoría, a un hombre conocido por la víctima, que actúa desde entornos cotidianos que pueden ser la cuadra, el hogar o la comuna.
La violencia que predomina no es necesariamente organizada, sino que surge, sobre todo, de conflictos personales, riñas, situaciones económicas o actos de intolerancia.
El hecho de que en muchos casos no se registre información clara sobre el agresor, y que una proporción significativa de los homicidios esté ligada a contextos no esclarecidos, también refleja serias deficiencias en los sistemas de reporte, investigación y justicia.

Este informe no solo entrega una radiografía precisa de lo que ha sucedido en los últimos seis años, sino que plantea un llamado urgente a fortalecer las acciones de prevención, convivencia ciudadana, resolución pacífica de conflictos y recuperación de confianza en las instituciones, antes de que estos patrones se sigan normalizando en el tejido urbano del área metropolitana.

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este informe no solo entrega una radiografía precisa de lo que ha sucedido en los últimos seis años, sino que plantea un llamado urgente a fortalecer las acciones de prevención, convivencia ciudadana, resolución pacífica de conflictos y recuperación de confianza en las instituciones, antes de que estos patrones se sigan normalizando en el tejido urbano del área metropolitana”.
















