Bucaramanga
Lunes 14 de julio de 2025 - 08:03 PM

¿Por qué somos tan intolerantes en Bucaramanga?

¿Sabía que la intolerancia, en un 70 %, es la principal causa de homicidios en Bucaramanga? El año pasado, 68 riñas ocurridas en diferentes barrios terminaron en homicidios.

¿Por qué tanta agresividad?
¿Por qué tanta agresividad?

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Un hombre perdió la vida en la madrugada del domingo pasado tras recibir una puñalada en medio de una riña en el barrio Mirador de los Colorados, en Bucaramanga. Al parecer, una discusión ‘ligera’ terminó con un arma blanca atravesando su cuerpo.

No habían pasado ni 24 horas cuando otro hecho estremeció a Girón: Daniel Tarazona Toloza, de 26 años, reaccionó con furia desbordada al escuchar piropos subidos de tono hacia la joven que lo acompañaba. No hubo mediación ni diálogo: sacó un cuchillo y atacó a uno de los hombres. La víctima, Reinaldo Rodríguez Ospina, de 42 años, murió poco después.

Dos días, dos municipios del área metropolitana, dos víctimas fatales y un mismo patrón que se repite con frecuencia: la intolerancia.

En Bucaramanga y su área metropolitana, la incapacidad para tramitar las diferencias, controlar los impulsos y respetar al otro está dejando una estela de muertos, heridos y familias destrozadas.

Las cifras más recientes al respecto ‘ponen el dedo en la llaga’: 1.371 riñas en el área metropolitana durante el 2024 derivaron en violencia interpersonal; es más, 68 peleas de esas terminaron en homicidios.

No se trata de hechos aislados ni excepcionales. Las riñas fatales, las peleas callejeras y los enfrentamientos por motivos absurdos se han convertido en escenas cotidianas.

Basta con revisar las noticias recientes para confirmar que cualquier desacuerdo, cualquier palabra mal dicha, una mirada, un reclamo, un insulto, un ruido o un simple piropo puede convertirse en detonante de una tragedia.

¿Qué está pasando con la convivencia entre los ciudadanos?

¿Por qué peleamos por todo?
¿Por qué peleamos por todo?

La respuesta es compleja, pero tiene distintas aristas. La experta en temas urbanos y de convivencia ciudadana, Yany Lizeth León Castañeda, explica que uno de los principales factores podría ser el consumo excesivo de alcohol, especialmente durante los fines de semana: “La combinación entre licor, frustración y entornos tensos es un cóctel explosivo”, señala.

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A esto se suman los problemas económicos, los desacuerdos familiares no resueltos y una preocupante carencia de habilidades para el manejo pacífico de los conflictos.

Según León Castañeda, “en esto hay un componente cultural muy fuerte. Muchos hombres han sido educados bajo la idea de que deben defender su honor a toda costa, de que no pueden ‘dejarse’ y que la agresividad es una muestra de carácter y hombría”.

Este patrón de comportamiento los empuja a resolver cualquier tensión con violencia: a puño limpio, a gritos, con piedras o cuchillos, en fin...

De hecho, las cifras lo confirman: en el 90 % de las riñas ocurridas este año en Bucaramanga y su área metropolitana, los protagonistas son hombres.

Le puede interesar: Él era Reinaldo Rodríguez, el músico vallenato que fue asesinado tras una riña en Girón

Pero el problema no se reduce al género. También tiene un fuerte componente territorial: “En muchos barrios con presencia de pobreza extrema, pandillas o fronteras invisibles, el respeto no se gana con el diálogo, sino con miedo. En esos lugares, quien se muestra vulnerable es pisoteado; por eso, muchos actúan desde la rabia, como mecanismo de defensa”, afirma la experta.

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Las conmemoraciones del ‘Día de la Madre’ en Bucaramanga son las fechas más ‘explosivas’ en materia de riñas. En ese tipo de reuniones se disparan los conflictos familiares.

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Policía Metropolitana.

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La violencia se convierte entonces en un ‘dialecto’ común: “Un grito de auxilio disfrazado de rabia, que en el fondo oculta soledad, abandono emocional y una falta total de herramientas para lidiar con el dolor o la frustración. La falta de acceso a salud mental, a espacios seguros para desahogar emociones y la inexistencia de programas sólidos de cultura ciudadana agravan la situación”, señala León Castañeda.

“Muchos hombres no hablan, no buscan ayuda, solo acumulan; y cuando el vaso se desborda, estallan. Lo que para el resto puede parecer una reacción desmedida, para ellos es la única forma que conocen de reaccionar”, dice la experta.

La ciudad, además, no ha logrado consolidar estrategias efectivas que promuevan una convivencia basada en el respeto y el reconocimiento del otro. Faltan campañas continuas, educación emocional en las escuelas, mediadores comunitarios, espacios de contención y, sobre todo, voluntad política.

Lo que hoy vemos en las calles de Bucaramanga no son simples riñas: son síntomas de una sociedad herida. Una comunidad que necesita urgentemente reaprender a convivir, a tramitar sus diferencias sin recurrir al insulto, al golpe, al ‘madrazo’ o al cuchillo. Porque mientras la intolerancia siga creciendo, seguirán las peleas, los heridos y, peor aún, los homicidios. Y con cada nueva víctima, volverá la misma pregunta: ¿hasta cuándo?

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TOP 5: posibles causas de la intolerancia del bumangués

Intolerancia ciudadana.
Intolerancia ciudadana.
  • 1. Normalización de la violencia como ‘forma de respuesta’: Muchos han crecido en contextos donde la violencia verbal o física es vista como una forma ‘válida’ de resolver conflictos. Esta herencia cultural, reforzada por ejemplos cotidianos y en las redes sociales, perpetúa la intolerancia como mecanismo social aceptado.
  • 2. Estrés urbano: La congestión vehicular, la invasión del espacio público y el desorden en el transporte generan entornos de tensión diaria. Esto aumenta el nivel de irritabilidad de los ciudadanos, quienes descargan su frustración en discusiones, peleas y demás actos agresivos.
  • 3. Débil cultura ciudadana: Aunque existen campañas educativas, persiste una falta de empatía, respeto por las normas y consideración por el otro. Desde colarse en una fila hasta irrespetar la señalización, estos comportamientos ‘normalizados’ generan conflictos cotidianos y fomentan una convivencia basada en la imposición y no en el diálogo.
  • 4. Desigualdad social: Las marcadas brechas económicas y la exclusión social provocan sentimientos de frustración, envidia o desprecio mutuo entre sectores de la población. Esto puede manifestarse en intolerancia frente a estilos de vida diferentes o actitudes violentas ante conflictos menores.
  • 5. Falta de control institucional efectivo: La percepción de impunidad o ausencia de autoridad en temas como contaminación auditiva, usurpación del espacio público o riñas callejeras, alimenta la idea de que “cada quien hace lo que quiere”. Esto genera una respuesta de justicia por mano propia o enfrentamientos directos entre ciudadanos.
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