El presidente Petro ha venido desarrollando sistemáticamente lo que podríamos llamar “la estrategia del fraude”, que ha consistido en una campaña encaminada a hacer creer a los ciudadanos que las elecciones están signadas por un fraude en contra del Gobierno, aplicable especialmente al caso en el cual su candidato fracase en las urnas.
El ejemplo perfecto es la última elección que, presintiendo lo que iba a suceder, empezó a hablar de fraude electoral, campaña que inició como dos meses antes de la elección y que sacó a flote inmediatamente se enteró del preconteo de votos en esta primera vuelta.
El objetivo final de esta estrategia es preparar el terreno para lo que va a suceder en la segunda vuelta electoral en caso de que no sea elegido su candidato, pues esta no será, según lo viene preparando, la voluntad popular, sino el fraude de la extrema derecha para derrocar su pésimo manejo como gobernante.
Nos preguntamos qué sentido tiene hablar de fraude en esta primera elección si la diferencia entre los dos candidatos en contienda no da lugar a dudas frente a todos los demás, siendo ellos los escogidos para una segunda vuelta y, por tanto, lo mismo da quedar de primero o de segundo en la votación.
Podríamos decir que es una victoria pírrica el haber ganado en la primera vuelta, pues la elección real se dará en la segunda, donde el resultado, cualquiera que sea, será el que hay que tomar en cuenta para la selección del próximo presidente; la verdad es que, con fraude o sin él, no ha habido discusión y, salvo un entusiasmo moral, lo demás no cuenta frente a la segunda vuelta.
Está claro que, si no llega a ganar el candidato de la izquierda, el presidente hablará de fraude y, con ese pretexto, agitará el país para promover un segundo estallido social que se sabe cómo empieza, pero no cómo termina.

¿A qué le tiene miedo el señor Petro? A la pérdida de la inmunidad, lo cual lo acerca al destino de su gran amigo Maduro, que terminó vistiendo de naranja y que un gobierno de extrema derecha no consentirá nunca que pueda protegerlo de la amenaza que lo acecha.
Nada está ganado hasta ahora y será el pueblo soberano, que tanto le gusta al señor Petro, quien dirá la última palabra, y que, si gana su candidato, será el triunfo de la democracia, pero si pierde serán las maquinarias fraudulentas del imperialismo las que lo llevaron a la victoria final. No seamos tan ingenuos al pensar que un nuevo período de lo mismo o peor será la solución para Colombia.










