Durante los últimos ocho años, Bucaramanga ha cargado con una dolorosa constante: un promedio trágico de diez muertes viales de motociclistas por cada 100.000 habitantes.

Rafael José Chinchilla perdió la vida hace apenas unos días en la Calle 45, vía a Chimitá. Su nombre se suma a una lamentable lista que este año ya contabiliza 27 motociclistas fallecidos -6 de ellos parrilleros- en las vías de la capital santandereana.
La cifra, que refleja un incremento de los casos fatales del 12% frente al mismo periodo del año pasado, confirma una tendencia preocupante: la ciudad no logra detener la pérdida de vidas en motocicleta.
El panorama se torna más dramático al revisar el comportamiento de los últimos años. Desde 2017, la tasa de mortalidad por accidentes viales de motociclistas en el área se mantiene en un promedio de 10 casos por cada 100.000 habitantes.
Lo más alarmante es que los motociclistas concentran el 56,93% de las víctimas fatales, lo que los convierte en el grupo más golpeado por la violencia vial.
¿Qué nos pasa?

Lejos de mostrar avances, estas cifras evidencian la ineficacia de las políticas de seguridad vial aplicadas hasta el momento. Las campañas educativas y los operativos de control, al parecer, no han conseguido frenar el problema.
Expertos señalan que el error radica en reducir la estrategia al comportamiento individual, sin atacar de raíz los factores estructurales: una infraestructura deficiente, límites de velocidad poco efectivos y un espacio vial mal distribuido.
“Lo que me causa más angustia es que los bumangueses, de manera literal, estamos normalizando la muerte en moto. La verdad, todos los días vemos en los medios de comunicación y en general en las redes sociales los registros de una muerte tras otra en las calles de Bucaramanga, en la que la víctima es un motociclista o su parrillero”, dijo Gerardo Gómez, experto en temas urbanos.
Según argumentó, “la imprudencia, el abandono e incluso políticas ineficaces de prevención, en últimas, están sepultando vidas en Bucaramanga”.
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El resultado es visible a diario en las calles: motociclistas que ignoran semáforos en rojo, exceden la velocidad en zonas urbanas, invaden carriles y se arriesgan con maniobras imprudentes como giros bruscos sin señalizar o adelantamientos prohibidos.
A todo esto se suman las carreras clandestinas, conocidas entre los jóvenes como los temidos “piques de la muerte”, que se organizan en horas de la noche y convierten las avenidas en pistas de riesgo.
El llamado ‘zigzagueo’ entre vehículos, catalogado por el Código Nacional de Tránsito como una maniobra “altamente peligrosa”, se repite sin control.
Las sanciones, aunque existen, parecen letra muerta frente a un panorama en el que priman las imprudencias, el ruido excesivo de motocicletas alteradas y, en muchos casos, el consumo de alcohol al volante.

De hecho, las estadísticas demuestran que los motociclistas son quienes más sanciones acumulan por conducir en estado de embriaguez, una mezcla letal de licor y velocidad.
Más allá de la destreza al manejar, la seguridad en dos ruedas depende también del estado de los vehículos. No todos cumplen con revisiones mecánicas, certificados ambientales o condiciones óptimas para circular, lo que multiplica los riesgos de una tragedia.
Total: Hoy, las vías del área metropolitana de Bucaramanga se han convertido en un escenario de alarma. Y la mortalidad de motociclistas no solo desnuda la vulnerabilidad de quienes se movilizan sobre dos ruedas, sino también la falta de respuestas eficaces para proteger vidas.
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Cada número de la estadística es un nombre, una familia rota y una señal de que el tránsito en la ciudad está sumido en un círculo vicioso de imprudencia y abandono institucional.
TOP 5: Los puntos más críticos

El 46 % de las muertes viales registradas este año en Bucaramanga se concentran en apenas cinco corredores, identificados por las autoridades como críticos en materia de accidentalidad.
Estos puntos, donde la imprudencia y las condiciones de la vía han cobrado numerosas vidas, exigen mayor precaución de todos los actores viales.
El listado lo encabeza la Calle 45, vía a Chimitá, donde ya se han registrado seis motociclistas fallecidos. A esta le sigue la autopista entre Piedecuesta y Floridablanca, que suma cuatro víctimas mortales. En este corredor, la comunidad ha manifestado su preocupación por un desnivel en el kilómetro 83+600, donde varias familias que han perdido a sus hijos instalaron carteles de advertencia para prevenir nuevas tragedias. Se cree que, en ese punto, se registra una grave falla geológica.
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Otro punto crítico es el Anillo Vial entre Floridablanca, Girón y Bucaramanga, escenario de cuatro muertes de motociclistas. La vía Bucaramanga–Girón, a la altura del Colegio La Salle, ocupa el cuarto lugar, con tres motociclistas fallecidos.
Finalmente, la Carrera 15, entre Quebradaseca y la Puerta del Sol, completa este Top Cinco con dos víctimas que manejaban moto en el momento del siniestro.
Las autoridades insisten en que la prevención es la clave: reducir la velocidad, respetar las normas de tránsito y mantener la atención en la vía pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
















