Entre nostalgia y tradición, Bucaramanga se ve hoy retratada en los años 70 con una bella exposición del emblemático fotógrafo Andrés Platarrueda.

Hoy y mañana, el parque García Rovira se convierte en una sala abierta al pasado. Allí se exhiben las fotografías de la Bucaramanga de los años 70, capturadas por el lente del maestro Andrés Platarrueda, en el marco de la exposición “El arte a la calle”.

Se trata de un recorrido visual que rescata la esencia de una ciudad apacible, entre tradiciones, personajes pintorescos y escenas cotidianas que marcaron la vida de varias generaciones.

La muestra, organizada como homenaje a Platarrueda y a su trayectoria de casi un siglo, iniciará un periplo por los principales parques de la capital santandereana hasta el 18 de septiembre.
Cada escenario será una galería al aire libre, en la que transeúntes y curiosos podrán detenerse a contemplar la ciudad que alguna vez fue: de calles tranquilas, fachadas nuevas y familias que soñaban con un porvenir distinto.

Platarrueda, nacido en Suaita hace 99 años y residente en el barrio La Joya, es mucho más que un fotógrafo. Su vida ha estado dedicada a las artes: la pintura, la música, el cine y, sobre todo, la fotografía, que convirtió en una forma de resguardar la memoria colectiva.
Con su cámara, supo retratar la transformación de Bucaramanga y mostrar, en blanco y negro, la sensibilidad de una época que aún late en la memoria de muchos.

La exposición recorrerá los principales pulmones verdes de Bucaramanga, aunque todo este fin de semana permanecerá en el Parque García Rovira.

Más allá de su faceta como fotógrafo, Platarrueda fue pionero del cine regional. En 1948, cuando trabajaba como taquillero en el teatro Renacimiento de Suaita, nació su pasión por el séptimo arte, que lo llevó a crear “Noticiero suaitano”, hoy considerado patrimonio fílmico de la nación.
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En cada una de las imágenes expuestas se encuentra un fragmento de la Bucaramanga que creció con el Plan Alianza para el Progreso, que soñó con nuevas empresas y que se expandió con la llegada de productos desde Venezuela.

Es la ciudad que el maestro recuerda con nostalgia y ternura, aquella que aún palpita en las esquinas y en las sonrisas congeladas por su lente.
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“El arte a la calle” no es solo una exposición: es un puente entre generaciones. Una invitación a que los más jóvenes descubran cómo era la Ciudad Bonita décadas atrás y a que los mayores abracen, con gratitud, la memoria de lo vivido.

















