Entre totumas, hojas, chicha, tamales, cultura y algo más, el próximo 5 de octubre usted vivirá una singular fiesta de integración de dos barrios que nunca podrá olvidar.

El próximo 5 de octubre el barrio La Joya volverá a llenarse de música, sabores y memoria con la celebración del VIII Festival de Expresiones Rurales y Urbanas, un certamen que este año tiene como eje central el encuentro comunitario de la chicha y de la hoja.

La cita será un homenaje a las tradiciones que resisten y se reinventan, y una invitación a las familias a compartir el espíritu de solidaridad que caracteriza a este rincón de Bucaramanga.
Le puede interesar: ‘Diálogo’ entre el campo y la ciudad en Bucaramanga
La Joya, enclavado en uno de los ‘dedos’ de la escarpa occidental de la meseta, es un barrio que ha sabido transformar la arcilla en identidad y la autogestión en bandera. Nació en los años sesenta, cuando familias campesinas llegaron de regiones apartadas cargando en sus mochilas gallinas, conejos y semillas de tabaco, que cultivaban en pequeños caneyes al lado de sus casas. Desde entonces, La Joya ha vivido de la organización comunitaria: luchó por el acceso a servicios públicos, protagonizó las recordadas “marchas de los ladrillos” y convirtió la unión vecinal en patrimonio vivo.

Este año, el festival tendrá un invitado especial: el barrio La Perseverancia, de Bogotá, un territorio que se alza en el corazón de la capital como emblema de resistencia. Allí, la memoria no se archiva: se canta, se cocina y se celebra. Las chicherías, con su música y su teatro popular, han sido refugios de trabajadores y campesinos desplazados, y trincheras frente al olvido. En este encuentro, La Perseverancia trae su dignidad intacta para dialogar con la historia solidaria de La Joya.
Adam Rankin, un inglés que lleva tres décadas en Santander, resume el sentido de esta integración: “Los nombres de estos barrios -La Joya y La Perseverancia- evocan belleza y firmeza. Representan la defensa de derechos tan esenciales como la cultura propia, la alimentación, la vivienda y un ambiente sano”.

El festival será entonces una fiesta del reconocimiento mutuo entre territorios populares y campesinos.
Reiteró que el eje de la jornada será “el abrazo simbólico entre la chicha y la hoja: la primera, bebida ancestral que acompañó ofrendas a la Pachamama y fue censurada hasta la estigmatización; la segunda, elemento natural indispensable para envolver tamales, que aún hoy guarda prácticas ancestrales y abre caminos a la acción ambiental. En esta fusión de sabores se cruzan historias de resistencia cultural y búsquedas contemporáneas por alternativas frente a lo desechable.
Publicidad
En La Perseverancia, la chicha es símbolo de cultura obrera, de teatro y de encuentro; en La Joya, los envueltos son la memoria viva de una economía campesina que aún florece en medio de patios, fincas y mercados locales. “Ambas tradiciones son apuestas por la soberanía alimentaria, la agroecología y la defensa del agua como bien común. Este festival es, así, un manifiesto contra la homogeneización cultural y una celebración de lo propio”, dijo Adam Rankin.
Agenda variada

La programación está pensada para compartir en familia y comunidad: habrá degustación de variedades de chichas y tamales; concurso juvenil de preparación de envueltos en hoja; intercambio de recetas, coplas e historias; exposición de fotos y artesanías bajo el lema “Identidad de mi barrio o finca”; embellecimiento de totumas; juegos tradicionales; y una caminata ecológica hacia la escarpa occidental.

La convocatoria está respaldada por una amplia red de organizaciones que han tejido este sueño comunitario: el Colectivo de Reservas Campesinas y Comunitarias de Santander, Fundaexpresión, La Joya Somos Todos, CENSAT Agua Viva – campaña Mil Maneras del Buen Vivir, la Casa Cultural El Solar, el Teatro Tierra, la Fundación Enlace Social, CORPHUS, Huellas de Santander, Mercado Campesino del Buen Vivir, Movimiento Social en Defensa de los Ríos Sogamoso y Chucurí, Ecoemprender y el Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles.
Todas ellas se suman para decirle al país que los barrios y el campo no solo producen alimento, también producen cultura, alegría y esperanza.

















