Retazos, un cortometraje de María Camila Rueda Pájaro que une amor y arte, se llevó el premio Redvolucionarias en el festival de cine SmartFilms. Se trata de un homenaje a su abuela, en el que cada fotograma cose recuerdos y emociones.

Bien dicen que estamos hechos de retazos. De gestos que heredamos sin darnos cuenta, de costumbres que viajan de generación en generación y de recuerdos. A veces repetimos el chiste que le escuchábamos a papá o descubrimos, sin querer, la misma manía de mamá. Revolvemos el arroz una sola vez después de que se seca, como hacían nuestra abuelas, sin saber muy bien por qué, pero con la certeza de que así se siente el hogar.
Estamos hechos de retazos que toman forma de aprendizajes, amor, miedos, historia. A veces se tiñen de colores en escala de grises. Todos esos retazos nos los regalan quienes más amamos.

Me atrevo a creer que María Camila Rueda Pájaro pensaba en eso mientras creaba su cortometraje Retazos. Su obra remueve tantas fibras que es imposible no conmoverse con la idea de que el amor se aferra a esos retazos, incluso cuando la memoria empieza a desvanecerse.

En lo que sí coincidimos a cabalidad es en que “el amor te puede llevar a lugares sorprendentes”, como escribió en la promoción de su cortometraje. A esta joven bumanguesa el amor la llevó a los retazos que atesora de Avelina, su abuela, para rendirle un homenaje.

Avelina era de Cartagena. Tenía los ojos verdes esmeralda y una sonrisa encantadora. Preparaba un sancocho que llenaba la casa de olor a hogar. “Con el tiempo su memoria se fue ausentando”, recuerda María Camila. Pero el Alzheimer nunca pudo borrar la música. “De vez en cuando tarareaba alguna canción”. En esas notas sobrevivía su memoria.

De esos retazos, el amor y la masilla moldeable que usó para darle vida a sus personajes, nació Retazos, el cortometraje que la llevó a brillar en la onceava edición de SmartFilms, el festival de cine hecho con celulares más importante de Colombia. Se llevó el premio a mejor corto en la categoría Redvolucionarias TIC y mejor animación.
“Debido a que mi abuelita tuvo Alzheimer quise rendirle un homenaje por medio de este corto y dedicarlo también a las personas que tienen algún tipo de demencia y a sus cuidadores. Porque sabemos que ellos nos olvidan sin querer, pero nosotros debemos atesorar los momentos que compartimos a su lado”, resalta María Camila.

En Retazos no hay diálogos, solo movimiento, color y música. “La idea es que cada persona se identifique y le dé su propia interpretación conforme a sus vivencias”, explica.
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El orgullo de su abuela
María Camila nació en Bucaramanga hace 24 años. Su mamá es de Cartagena y su papá de Girón. Estudió Dirección y Producción de Medios Audiovisuales y está por terminar Música.

Su madre colaboró en la creación del vestuario y la escenografía; su padre, en la construcción de los escenarios en miniatura; y su perrita Noah, desde temprano, la acompañaba en el estudio de grabación.

El resultado es una pieza de ‘stop motion’ construida desde cero. Es decir, utilizó una técnica de animación que crea la ilusión de que los objetos estáticos están en movimiento. Esto lo logró al tomar muchísimas fotografías de cada pequeño cambio físico que se realiza en ellos, y luego reproducir estas imágenes rápidamente.

“Tuve la oportunidad de desarrollar mis conocimientos en la elaboración de los personajes, la escenografía, la música, el sonido, y la animación, esta última no fue fácil, pues aunque tuve grandes nociones para realizar este proyecto, esta es la primera vez que elaboro este mundo en miniatura”, cuenta.
El 30 de septiembre, en el Teatro Julio Mario Santo Domingo de Bogotá, María Camila escuchó su nombre entre los ganadores. Su corto fue seleccionado entre más de dos mil obras. “Sé que desde el cielo debe estar feliz por este triunfo, y en especial porque fue en su memoria”, dice.
Este proyecto también lleva retazos de sus padres, su mayor sostén. “Este premio es una confirmación de que debo seguir contando historias que lleguen al alma”.

Antes de entrevistar a María Camila, me contó que podía ver Retazos en Ditu, una plataforma gratuita de streaming. No conocía nada de su trayectoria. Luego de cuatro minutos, lo que dura el cortometraje, me apresuré a contactarla.
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Tengo que confesar que deja una sensación de nostalgia y un impulso de llamar a las Avelinas de nuestras vidas, para decirles que coleccionamos sus retazos.
Hay algo en esas figuras diminutas que me recordó que el arte tiene el poder de detener el tiempo, para atesorar los recuerdos. De coser lo que la vida, a veces, se empeña en deshilvanar.















