Bucaramanga
Sábado 06 de diciembre de 2025 - 09:06 AM

Así era la Navidad de antes en Bucaramanga: recuerdos que aún emocionan

¿Se acuerda? Los niños, aunque querían ‘pasar en vela’, eran enviados a dormir temprano

Los niños encendían los faroles al frente de sus casas. (Archivo/ VANGUARDIA)
Los niños encendían los faroles al frente de sus casas. (Archivo/ VANGUARDIA)

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La Navidad de antes en Bucaramanga tenía un encanto que hoy se recuerda con una mezcla de nostalgia y cariño. Era una época donde la música se escuchaba desde temprano, con los tocadiscos puestos en las puertas de las casas y los vecinos conversando mientras sonaban los coros navideños. La gente se quedaba despierta hasta la madrugada sin afán, disfrutando de las noches frescas y del ambiente alegre que se armaba en cada cuadra.

Los niños, aunque querían ‘pasar en vela’, eran enviados a dormir temprano. Los papás les decían que si no cerraban los ojos, el Niño Dios no iba a llegar. Y ellos, entre sueño y emoción, terminaban rindiéndose. Más tarde, los padres escondían los regalos debajo de la almohada o a un lado de la cama, cuidando que nada se saliera de lugar.

Los niños eran los que más disfrutaban la Navidad. (Archivo / VANGUARDIA)
Los niños eran los que más disfrutaban la Navidad. (Archivo / VANGUARDIA)

La mañana siguiente era una fiesta por sí sola. Apenas amanecía, los niños corrían a la calle con sus juguetes nuevos. Se escuchaban risas por todas partes, bicicletas estrenándose, muñecas mostrando sus vestidos y pelotas rebotando en las aceras. Era un desfile infantil que todos esperaban.

La Navidad del ayer.
La Navidad del ayer.

En aquellos años no existían los celulares ni los mensajes instantáneos. Lo más parecido a un “Feliz Navidad” escrito era un telegrama o las tarjetas decembrinas que se enviaban por correo y que luego se colgaban en el árbol. Ver la letra de un ser querido en una tarjeta era un regalo en sí mismo.

La Navidad en el barrio La Victoria del ayer. (Archivo/ VANGUARDIA)
La Navidad en el barrio La Victoria del ayer. (Archivo/ VANGUARDIA)

Las calles de Bucaramanga tenían su propio brillo. Los bombillos de colores se encendían desde temprano y en las cuadras colgaban tiras de papel o plástico que bailaban con el viento. Muchos recuerdan con cariño el primer árbol iluminado del Parque Santander, donde los fotógrafos trabajaban sin descanso tomando registros familiares.

La Navidad de antes.
La Navidad de antes.

El pesebre se armaba solo desde la noche del 15 y la madrugada del 16 de diciembre. Las familias buscaban ramas secas para construir chamizos, que luego los niños decoraban con papeles de colores, algodón y luces sencillas. Cada casa tenía su propio estilo, pero todos compartían la misma ilusión.

Pesebres del ayer.
Pesebres del ayer.

Antes, la Navidad era más espiritual. Se sentía una fe tranquila, sencilla, que no necesitaba grandes cosas para expresarse. Las misas de gallo se llenaban, y en cada hogar se rezaba la novena con devoción, aunque a veces los villancicos se desafinaran entre risas.

Los famosos volcanes. (Archivo / VANGUARDIA)
Los famosos volcanes. (Archivo / VANGUARDIA)

La pólvora también hacía parte de la celebración. Los totes, las chispitas Mariposa, las martinicas y los cohetes llenaban las noches de ruido y humo. No existían tantas reglas como hoy, y aunque no todo era seguro, era parte del paisaje navideño que muchos evocan.

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La gente se reunía en el frente de las casas a festejar. (Archivo / VANGUARDIA)
La gente se reunía en el frente de las casas a festejar. (Archivo / VANGUARDIA)

Las fiestas se vivían en la calle. Los vecinos sacaban las sillas, compartían asado, brindaban con aguardiente o vino y se pasaban de casa en casa dejando una copita como saludo. La música no paraba y más de uno veía el amanecer sin darse cuenta de la hora.

Añejo registro de la Navidad del ayer. (Archivo/ VANGUARDIA)
Añejo registro de la Navidad del ayer. (Archivo/ VANGUARDIA)

No faltaban los juegos de aguinaldos, las visitas a los pesebres de las iglesias, los paseos por los parques iluminados y, claro, el tradicional año viejo esperando la quema. La Navidad era un motivo para juntarse, para conversar, para reír y para sentir que nadie estaba solo.

El primer ‘árbol de luces’ del Parque Santander fue toda una sensación a comienzos de los años 70. Las familias tenían la bonita costumbre de tomarse una fotografía en ese céntrico lugar de Bucaramanga. (Archivo/VANGUARDIA)
El primer ‘árbol de luces’ del Parque Santander fue toda una sensación a comienzos de los años 70. Las familias tenían la bonita costumbre de tomarse una fotografía en ese céntrico lugar de Bucaramanga. (Archivo/VANGUARDIA)

Hoy, las celebraciones han cambiado. Muchos pasarán la Nochebuena pendientes del celular o compartiendo fotos al instante. Y claro, todavía seguimos oliendo el tamal, seguimos recibiendo regalos y hasta seguimos bailando los nuevos arreglos de los 50 de Joselito.

Los años viejos no estaban prohibidos. (Archivo / VANGUARDIA)
Los años viejos no estaban prohibidos. (Archivo / VANGUARDIA)

Aun así, como dicen los abuelos, “la Navidad de antes era más alegre, más devota y más familiar”. Y puede que hoy todo sea más rápido, más comercial y más tecnológico, pero lo cierto es que el espíritu navideño sigue ahí, esperando que lo vivamos a nuestra manera. Porque, aunque los tiempos cambien, los recuerdos siempre encuentran la forma de volver cada diciembre.

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