Con palabras sencillas, pero cargadas de verdad, niños y niñas de Bucaramanga cuentan cómo viven su ciudad: la que los hace felices.

En las ciudades, casi siempre son los adultos quienes toman las decisiones, quienes tienen voz y voto. Por eso, Vanguardia quiso darle el micrófono a los niños y niñas de Bucaramanga, para que cuenten cómo ven la ciudad y cómo la sueñan.
Y mientras los adultos discuten el futuro de Bucaramanga, ellos ya tienen claro qué quieren: una ciudad más limpia, más segura, más verde y con más amigos para jugar.
Hay que decirlo: Bucaramanga no se mira igual desde un escritorio, desde una oficina o desde la calle en el rebusque, donde trabajamos los adultos, que desde la estatura de un niño.
Tal vez ellos también notan algunos retos de la ciudad, como el tráfico o la seguridad, pero para ellos no son sinónimo de afán ni de problemas. Bucaramanga sigue siendo un lugar grande, donde se juega, se sueña y todo parece posible.
Thomas Chacón Ojeda, de 9 años, imagina una Bucaramanga con parques de diversiones como los de las grandes ciudades del mundo, donde los fines de semana se pueda ir a compartir en familia.
Thomas no lo vivió, pero parte de la infancia de muchos adultos está llena de recuerdos de lo que fue el Parque El Lago en Floridablanca, ese lugar que hasta el momento solo sobrevive en la memoria.

A esa visión se suman Khaling Catalina Chio, de 9 años, y Juan José Beltrán, también de 9. Ellos sueñan con grandes espacios para jugar, correr y compartir con sus amigos.
Pero también disfrutan la ciudad que existe hoy. Juan José, por ejemplo, recorre los parques y encuentra fascinante el Puente de la Novena, que se ilumina en las noches y se convierte en un punto de encuentro para propios y visitantes.
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“Me gusta mucho la Navidad, las luces y las decoraciones de los parques. Disfruté mucho visitando el Parque del Agua en estas vacaciones”, cuenta Juan José.

A Khaling le encanta de Bucaramanga, los colegios. Dice que el suyo, tiene muchos espacios grandes para recorrer y jugar.
Otro de los lugares que más les gusta a los niños es el Parque García Rovira. Isabella Moreno González, de 10 años, dice que allí monta monopatín y que en la Plazoleta Luis Carlos Galán está aprendiendo a montar bicicleta.
“Es una zona que recorremos mucho con mi familia. Al parque vamos con mi perrita y también vamos a misa a la iglesia San Laureano”, señala Isabella.

Los niños no saben de memoria los nombres de los parques pero recuerdan los lugares que los hacen felices.
Como Thomas, le gustan los parques que tengan espacios culturales, donde pueda escuchar música o ver tocar. Él, con 9 años, toca el saxofón, y dice que sus papás lo llevan a espacios culturales.
La ciudad también les asusta
Aunque les encanta la ciudad donde viven, Bucaramanga les despierta algunos miedos. Para ellos, no todo es juego y diversión: hay lugares y situaciones que los hacen sentirse inseguros en la ciudad que recorren todos los días.
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Los niños no hablan como los adultos, con estadísticas, tasas de violencia o cifras de robos. Usan palabras más simples, pero mucho más contundentes: “le pueden hacer algo a una niña”, “se la pueden llevar”, “allá nos puede pasar algo”. A su corta edad, también sueñan con una Bucaramanga que sea más segura para ellos.

Isabella cuenta que se siente insegura y que, aunque siempre va acompañada de su familia, escucha hablar de muchos casos y le han enseñado a ser muy cuidadosa. Khaling, por ejemplo, tiene claro que no le gusta pasar por lugares poco iluminados de noche.
Los grafitis, que para muchos son arte urbano o expresión cultural, para ellos pueden significar peligro. Y si a eso se le suma la mala iluminación, el lugar deja de ser un espacio para transitar y se convierte en uno que es mejor evitar.
Thomas, por su parte, dice que ya está acostumbrado a escuchar lo que hablan los adultos sobre lo que pasa en la ciudad. Por eso no siente tanto miedo, aunque entiende que en la ciudad hay peligros.


















