Bucaramanga
Miércoles 11 de febrero de 2026 - 07:10 PM

TUPAC: la fuente de soda que reunió generaciones en el corazón de Bucaramanga

Bucaramanga, ayer y hoy: conozca la época en la que los bumangueses se reunían en una fuente de soda.

El Salón TUPAC existió en la calle 43, entre carreras 31 y 32, donde hoy funciona una corporación bancaria.
El Salón TUPAC existió en la calle 43, entre carreras 31 y 32, donde hoy funciona una corporación bancaria.

Compartir

Se podría decir, sin exagerar, que el Salón TUPAC fue la primera fuente de soda que conocieron los bumangueses. No era solo un negocio: era una ventana a un mundo nuevo.

Allí, en una ciudad que todavía caminaba despacio, comenzaron a servirse aguas saborizadas, helados espumosos, malteadas cremosas, hamburguesas humeantes y sándwiches de jamón y queso que, para la época, eran auténticas novedades. Lo que hoy parece cotidiano, entonces tenía sabor a descubrimiento.

El portal de Radio Bucaramanga nos ofrece esta foto de la fuente de soda, captada en los años 70. (Archivo/ VANGUARDIA)
El portal de Radio Bucaramanga nos ofrece esta foto de la fuente de soda, captada en los años 70. (Archivo/ VANGUARDIA)

Muchos recuerdan que fue el pionero de las llamadas “comidas rápidas” en la capital santandereana. El menú, inspirado en esas recetas de “comida chatarra” que llegaban desde Estados Unidos como un rumor moderno, despertaba curiosidad y antojo.

Allí vimos por primera vez los ‘hot dogs’ criollos girando en máquinas metálicas, como si fueran parte de un espectáculo mecánico que hipnotizaba a grandes y chicos. Y, por supuesto, el TUPAC era el lugar ideal para destapar unas ‘frías’ y dejar que la tarde se deshiciera en largas tertulias. Más que refrescos, lo que se vendía eran encuentros.

Sus inicios

Durante las décadas de los 60 y 70, el salón fue punto de cita obligado. Las mesas y sillas metálicas, plegables y algo frías al tacto, sostenían conversaciones interminables, confidencias juveniles y planes que parecían posibles.

Allí se enamoraron parejas, se sellaron amistades y se discutió el país entre sorbo y sorbo. En una ciudad que aún no conocía la prisa de los centros comerciales ni el vértigo de las franquicias, el TUPAC ofrecía algo más sencillo y más profundo: un lugar para estar.

El lugar tenía un gran letrero que decía: Fuente de Sifón (Archivo/ VANGUARDIA)
El lugar tenía un gran letrero que decía: Fuente de Sifón (Archivo/ VANGUARDIA)

El edificio, levantado en los años 50, tenía dos pisos y dos puertas laterales discretas: una sobre la carrera 32 y otra sobre la 31. Dicen que antes funcionó allí una carpintería y que solo en 1960 el salón cobró vida. Pertenecía a la familia Castillo, oriunda de Silos, Norte de Santander, y traía consigo no solo una apuesta comercial, sino una memoria cultural.

El inca TUPAC Amarú inspiró el nombre de la fuente de soda.
El inca TUPAC Amarú inspiró el nombre de la fuente de soda.

El nombre TUPAC no era casual: se asociaba con la esquina de “El Matacho”, evocación entrañable para los silenses, que recordaba la Casa del Florero de Santafé y la proclama del Inca Túpac Amaru leída en aquellos balcones cargados de historia. Así, entre hamburguesas y malteadas, también latía una herencia simbólica.

Publicidad

Don Norberto Pinilla, con voz entrecortada por la nostalgia, evoca el teléfono público negro que funcionaba con monedas de diez centavos, esas que llevaban la imagen de un indio grabada en una de sus caras. Hacer una llamada desde allí era casi un ritual: buscar la moneda exacta, marcar despacio y hablar mientras el murmullo del salón servía de telón de fondo. Hoy, cuando los celulares nos persiguen a todas partes, cuesta imaginar la expectativa que cabía en esos minutos contados.

Elvia Mora Camargo
Elvia Mora Camargo

Elvia Mora, quien de joven frecuentaba el lugar, recuerda que el negocio cerraba a las nueve de la noche. Ese horario inquietaba a más de un padre, porque muchos jóvenes, recién salidos de los colegios, prolongaban allí la tarde y “se trasnochaban” conversando. Con el tiempo, sin embargo, los mismos padres terminaron cediendo al encanto del lugar y se volvieron clientes fieles. El TUPAC logró lo que pocos sitios consiguen: reunir generaciones bajo el mismo techo.

Así se ve hoy el lugar en donde existió el salón TUPAC.
Así se ve hoy el lugar en donde existió el salón TUPAC.

La fuente de soda funcionó hasta comienzos de los 80. Después, el edificio cambió de rostro y se convirtió en sede de oficinas y entidades bancarias. Hoy opera allí el Banco Caja Social. Donde antes chisporroteaban las planchas y sonaban las risas, ahora predominan el silencio y los trámites.

Le puede interesar: Madrugadas, filas y la lucha por un cilindro de gas

Sin embargo, algo de su espíritu parece resistirse a desaparecer. Los alrededores están poblados de bares, restaurantes y locales de comida rápida que, de alguna manera, son herederos de aquel salón pionero.

El sector de Cabecera y el barrio Antiguo Campestre se modernizaron, se llenaron de luces y franquicias; pero quienes gozaron el TUPAC saben que no era solo una fuente de soda. Era un tiempo. Y ese tiempo, aunque ya no exista en el mapa, sigue vivo en la memoria de quienes aprendieron allí que una hamburguesa también podía saber a historia.

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad