Bucaramanga
Lunes 09 de marzo de 2026 - 07:13 PM

Huecos que hacen historia: ‘cráteres’ que han marcado las calles de Bucaramanga

Crónicas del pavimento roto: los huecos más impactantes que ha visto Bucaramanga.

Un tremendo bache se armó, en 1984, en este punto de la carrera 27 con avenida La Rosita. (Archivo / Gavassa/ VANGUARDIA)
Un tremendo bache se armó, en 1984, en este punto de la carrera 27 con avenida La Rosita. (Archivo / Gavassa/ VANGUARDIA)

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A propósito del ‘cráter’ que empieza a formarse en la carrera 18 y 19 con la avenida Quebradaseca, tras el reciente hundimiento registrado en sentido oriente–occidente y que ha generado preocupación entre la comunidad, hoy evocamos los grandes baches que, a lo largo del tiempo, se han abierto paso en las calles de Bucaramanga.

Año 1994: Recuerdo periodístico de uno de los grandes cráteres que se armó en la Quebradaseca.
Año 1994: Recuerdo periodístico de uno de los grandes cráteres que se armó en la Quebradaseca.

Esto ha ocurrido a lo largo de varias décadas. Conductores que transitaban por la zona han observado, como ocurre hoy, cómo el pavimento comienza a ceder lentamente, dejando al descubierto grietas que, con el paso de los días, amenazan con transformarse en otro socavón de mayores proporciones.

¿Qué es lo que sucede?

Los daños en redes subterráneas, el afloramiento de aguas, la topografía del terreno y las deficiencias en los colectores han sido algunos de los factores que explican la aparición de hundimientos en distintos puntos de la meseta.

Bache de 1984, sobre la carrera 27. (Archivo / VANGUARDIA / Gavassa)
Bache de 1984, sobre la carrera 27. (Archivo / VANGUARDIA / Gavassa)

Escudriñamos los archivos y en ellos desempolvamos algunos de los impresionantes huecos que, a lo largo del tiempo, han surgido en el pavimento de icónicas arterias viales de Bucaramanga. Son historias que muchos recuerdan con asombro, pero también con cierta resignación, porque evidencian una problemática que se repite.

A lo largo de la meseta, gigantescos socavones han despertado la preocupación, debido al riesgo que han representado para transeúntes y conductores. Algunos han paralizado por completo el tránsito; otros, aunque menos visibles, han sido igualmente peligrosos.

Tremendo 'cráter' apareció en los años 80. (Archivo / VANGUARDIA)
Tremendo 'cráter' apareció en los años 80. (Archivo / VANGUARDIA)

Uno de los más recordados ocurrió en 1984, cuando un gigantesco hueco se abrió en la carrera 27, en inmediaciones del sector de La Rosita. La escena dejó atónitos a quienes transitaban por esta importante vía, considerada una de las arterias más concurridas de la ciudad.

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Allí existía una infraestructura histórica clave, cuyo colapso obligó a realizar complejas reparaciones por parte de la CDMB. La entidad, encargada de la gestión ambiental y de obras de mitigación en la zona, intervino el sistema con el propósito de controlar inundaciones y proteger la cuenca.

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El director de aquella obra era el ya fallecido exalcalde Carlos Virviescas Pinzón, quien tuvo que enfrentar una emergencia que, en su momento, generó gran inquietud entre comerciantes, conductores y vecinos del sector.

El hueco apareció de manera abrupta y obligó a cerrar la vía, generando un caos vehicular que se prolongó durante meses.

El impacto fue tal que hoy incluso se conservan registros fotográficos de aquel episodio. En esta edición mostramos algunas imágenes de la colección de Gavassa, que permiten dimensionar la magnitud del hundimiento y el asombro de quienes se detenían a observar aquella escena insólita en plena vía principal.

Las fotografías revelan cómo el pavimento cedió, dejando una abertura que devoró la calzada. Alrededor, curiosos y autoridades trataban de comprender qué había ocurrido mientras se iniciaban los trabajos de reparación.

Bache de la calle 36. (Archivo/ VANGUARDIA)
Bache de la calle 36. (Archivo/ VANGUARDIA)

Otro hundimiento significativo ocurrió en 1996, esta vez en la calle 36 entre carreras 12 y 13, cuando media calzada se vino abajo y fue necesario realizar un relleno para restablecer el tránsito.

La avenida Quebradaseca

Noticia del bache que apareció en la Quebradaseca. (Archivo / VANGUARDIA)
Noticia del bache que apareció en la Quebradaseca. (Archivo / VANGUARDIA)

Sin embargo, los baches más alarmantes de la ciudad, como se mencionaba al inicio, han sido los de la Quebradaseca. La inestabilidad de esta vía se ha ido agravando con el paso de las décadas, tal como lo ha evidenciado este diario a través de numerosos registros periodísticos.

Además del colapso de hace dos semanas, los dos episodios más graves ocurrieron en los años noventa: el 2 de septiembre de 1994 y el 17 de julio de 1995, cuando dos monumentales baches aparecieron en los tramos de las carreras 14 y 15, y de las carreras 17 y 18.

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Avenida Quebradaseca, el pavimento de algunos sectores empezaron a ser levantados para efectuar la compactación y arreglo de la vía, en marzo de 1991.
Avenida Quebradaseca, el pavimento de algunos sectores empezaron a ser levantados para efectuar la compactación y arreglo de la vía, en marzo de 1991.

En aquella oportunidad, fallas en el colector matriz generaron hundimientos que dejaron ‘cráteres’ de más de 14 metros de profundidad y pérdidas estimadas en más de mil millones de pesos.

Tales sucesos sorprendieron a propios y extraños, pues la Quebradaseca había sido rectificada y repavimentada apenas unos años antes. La magnitud del problema obligó a cerrar la vía y a emprender complejas labores de estabilización del terreno, mientras la ciudad observaba con preocupación la fragilidad de un suelo que, en apariencia, parecía firme.

Así se veía el remate de la Avenida Quebradaseca, entre las carreras 9 y 12, a finales de los años 70.
Así se veía el remate de la Avenida Quebradaseca, entre las carreras 9 y 12, a finales de los años 70.

Como lo explicó el experto en suelos Jaime Suárez Díaz, la Quebradaseca fue construida sobre una quebrada que, en el pasado, fue rellenada con escombros: “La zona era una concavidad de cierta extensión, con profundidades de entre 10 y 25 metros, la cual se utilizó como basurero y depósito de escombros desde comienzos del siglo XX hasta aproximadamente 1964”, recordó el especialista, al advertir sobre el debilitamiento progresivo de la estructura del suelo.

La verdad es que, si se observa la meseta de Bucaramanga desde lo alto, su forma recuerda, en cierto modo, la de una mano extendida. En cada uno de sus “dedos”, es decir, en las distintas franjas de terreno que la atraviesan, el paso del tiempo ha dejado ver hundimientos y fracturas que hablan de la compleja geología sobre la que se levantó la capital santandereana.

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No obstante, también es justo reconocer que muchas de esas emergencias han sido superadas gracias a las obras de mitigación adelantadas a lo largo de los años por la CDMB, entidad que ha trabajado para estabilizar suelos, reforzar colectores y prevenir nuevos colapsos.

De allí que, más que una alarma, estos recuerdos funcionen hoy como una memoria urbana que permite comprender mejor el territorio y la importancia de vigilar permanentemente el comportamiento del suelo sobre el cual se extiende la ciudad.

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