Mientras los empresarios de la vida nocturna respaldan la decisión, habitantes de sectores como Cuadra Play expresan su desacuerdo y preparan manifestaciones para exigir mayores controles y defender la tranquilidad de sus barrios.

Mientras los dueños de establecimientos nocturnos celebran la decisión de ampliar hasta las 4:00 a. m. el horario de rumba en Bucaramanga, los residentes de sectores como Cuadra Play, Cabecera y zonas aledañas advierten que realizarán jornadas de protesta para reclamar mayores controles frente al ruido, la seguridad y la ocupación del espacio público.
Como se recordará, la medida de la extensión de la hora fue anunciada por el alcalde de Bucaramanga, Cristian Portilla, y comenzará a regir a partir del próximo jueves, 3 de septiembre, en el marco de las festividades septembrinas.
La disposición permitirá que bares, discotecas, tabernas, restaurantes e incluso tiendas de barrio extiendan su funcionamiento hasta las 4:00 a. m.
La Administración Municipal sostiene que la decisión busca acompañar la dinámica comercial y turística de la ciudad durante septiembre y permitir que los establecimientos aprovechen el incremento en el flujo de visitantes. Para los empresarios de la noche, la ampliación representa una oportunidad para aumentar sus ventas, generar empleo y dinamizar sectores como la gastronomía, el entretenimiento y el turismo.
Sin embargo, para los residentes de Cabecera, la decisión reabre una discusión que lleva años sobre los límites de la actividad nocturna en zonas donde conviven establecimientos comerciales y viviendas.
Vecinos cuestionan la falta de controles
En sectores como Cuadra Play se concentra buena parte de la oferta nocturna de Bucaramanga y, de acuerdo con los habitantes, los problemas no terminan cuando los establecimientos cierran sus puertas. Durante las horas de mayor actividad se presentan, según sus denuncias, altos niveles de ruido, congestión, consumo de alcohol en el espacio público, música a alto volumen desde vehículos y motocicletas, aglomeraciones y riñas.
Los vecinos advierten que ampliar el horario hasta las 4:00 a.m. podría prolongar durante dos horas más situaciones que, aseguran, ya resultan difíciles de controlar.
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José Alfredo Vesga, líder de la Comuna 12 y uno de los voceros de la comunidad de Cabecera, ha cuestionado en diferentes escenarios las condiciones de convivencia que se presentan en la zona y ha reclamado una mayor presencia de las autoridades durante las horas de mayor concentración de público.
La comunidad insiste en que su posición no busca acabar con la actividad nocturna ni afectar a los comerciantes, sino encontrar un equilibrio entre el derecho al trabajo y el entretenimiento y el derecho de los residentes al descanso y la tranquilidad.
“Esta medida es una bofetada a los residentes de Cabecera”

César Augusto Niño, líder del Frente de Seguridad, considera que el debate no debería centrarse únicamente en la hora hasta la cual pueden funcionar los establecimientos, sino en la capacidad de las autoridades para controlar lo que ocurre durante ese tiempo: “Esta medida de aumento de horario es una bofetada a los residentes de Cabecera. El problema, entonces, no es solamente hasta qué hora puede funcionar una discoteca. El más grave y verdadero problema es qué controles existen durante esas horas y quién garantiza que las normas se cumplan”, señaló.

Niño aseguró que los residentes han presentado quejas durante años y que, aunque en muchas ocasiones se solicita la presencia de la Policía, las condiciones pueden cambiar temporalmente cuando llegan las autoridades.

“En muchas ocasiones llega la Policía, pero cuando se realiza la visita el establecimiento puede disminuir o apagar temporalmente el sonido, haciendo difícil identificar el origen del problema”, explicó.
El líder comunitario también llamó la atención sobre el impacto de las frecuencias graves, que, según indicó, pueden percibirse principalmente dentro de las viviendas y no necesariamente en el punto donde se realiza una medición convencional.
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Por esta razón, plantea que cualquier ampliación del horario debería estar acompañada de controles técnicos y permanentes: “Consideramos que la Administración debe implementar controles técnicos, permanentes y efectivos, incluyendo mediciones de ruido, evaluación de frecuencias graves, verificación de sistemas de aislamiento e insonorización y controles durante los horarios de mayor afectación”, sostuvo.
A su juicio, únicamente los establecimientos que cumplan con las normas deberían recibir autorización para operar durante el horario extendido: “No se puede ampliar el horario primero y pensar en los controles después”, afirmó.
Comerciantes ven una oportunidad para la economía
En el otro lado de la discusión están los empresarios y comerciantes que dependen de la actividad nocturna. Para este sector, la ampliación del horario representa una posibilidad de aprovechar el movimiento económico generado durante la feria.

Restaurantes, bares, discotecas, tiendas y otros establecimientos esperan recibir una mayor cantidad de clientes durante estas jornadas. Desde su perspectiva, cerrar más temprano podría representar una reducción importante de los ingresos durante una temporada en la que aumenta la llegada de visitantes y la demanda de servicios de entretenimiento y gastronomía.
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La medida también es vista como una oportunidad para fortalecer la economía asociada a la vida nocturna, generar empleo y consolidar a Bucaramanga como destino para eventos, gastronomía y entretenimiento.
No obstante, la ampliación del horario también impone un reto para la Administración Municipal: garantizar que el desarrollo de la actividad económica esté acompañado por el cumplimiento de las normas de convivencia.
El debate está en lo que ocurre después
Para los residentes, el conflicto no se reduce a establecer si una discoteca debe cerrar a las 2:00, 3:00 o 4:00 de la mañana. El principal interrogante está relacionado con lo que ocurre en las calles durante y después de la actividad comercial.

Personas consumiendo licor en espacios públicos, vehículos y motocicletas con música a alto volumen, congestión, aglomeraciones y riñas son algunos de los fenómenos que, según los habitantes, requieren una respuesta institucional.
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Por eso, la pregunta que plantean es si la ciudad cuenta con la capacidad operativa y técnica suficiente para acompañar la ampliación del horario. “Si durante años no han sido suficientes los controles para garantizar la convivencia con los horarios actuales, ¿qué garantías concretas existen para que ampliar el horario no termine agravando aún más la problemática que hoy padecemos?”, cuestionó Niño.
Los residentes de Cabecera, Sotomayor y sectores aledaños aseguran que no están pidiendo el cierre de la actividad nocturna. Su exigencia, dicen, es que se haga cumplir la ley y que la tranquilidad, la seguridad y la calidad de vida de quienes viven en estas zonas también sean una prioridad.
Mientras tanto, los comerciantes esperan que el horario extendido permita aprovechar el movimiento económico de las festividades septembrinas y los vecinos preparan jornadas de protesta para expresar su rechazo a la medida.
El reto para Bucaramanga será determinar si es posible tener una ciudad con una vida nocturna activa y económicamente dinámica, sin que esa actividad termine trasladando sus impactos a quienes habitan los sectores donde se concentra la rumba.
















