Este abogado conoce de cerca las tensiones que existen alrededor de la minería, el agua y la protección del páramo de Santurbán. Su proyecto en Lideremos busca recuperar el diálogo como camino para reconocer las diferentes realidades del territorio.

Publicado por: John Arias
Como personero de Vetas, Jhon Edgar Castillo Cadena ha encontrado en el diálogo una herramienta para abordar uno de los debates más complejos de Soto Norte: la relación entre la actividad minera, el cuidado del agua y la protección del territorio. Su apuesta desde el programa Lideremos busca acercar las distintas visiones y construir caminos de entendimiento que permitan pensar en soluciones sostenibles sin desconocer la cultura y las realidades de las comunidades.
Abogado de la Universidad Industrial de Santander, especialista en Derecho Administrativo de la Universidad Nacional y candidato a magíster en Derechos Humanos, Castillo ha desarrollado buena parte de su trayectoria en el sector público. Fue comisario de familia e inspector de Policía en Onzaga, personero de Suratá y actualmente ejerce como personero de Vetas. Durante los últimos siete años ha trabajado en municipios de la provincia de Soto Norte, una experiencia que le permitió conocer de cerca las tensiones sociales y ambientales que atraviesan el territorio.

Escuchar al territorio
Su proyecto en Lideremos nació precisamente de esa experiencia. Desde la Personería, una de sus funciones es la guarda, defensa y promoción de los derechos humanos, pero también reconoce una necesidad de la comunidad: contar con espacios para visibilizar sus intereses, necesidades y preocupaciones frente a la conflictividad ambiental que existe alrededor del páramo de Santurbán.
Para Castillo, la discusión no puede reducirse a una oposición entre minería y protección ambiental. Su propuesta busca complejizar el debate y reconocer que, en Vetas, tanto el cuidado del agua como la actividad minera hacen parte de la identidad del territorio.
“Se puede hacer minería limpia y minería que cuida el medio ambiente”, plantea, al tiempo que destaca que la minería forma parte de la cultura vetana y que el cuidado del agua también es una preocupación de quienes habitan el municipio. “El cuidado del agua también hace parte de la cultura del territorio vetano”, recalca.
Desde su perspectiva, las posiciones enfrentadas han terminado generando estigmatizaciones hacia los habitantes de Vetas y una ruptura del tejido social. Por eso considera necesario superar lo que denomina un “falso dilema” y reconocer que, aunque existan diferentes maneras de entender el territorio, existe también un objetivo compartido: cuidar el agua y el medio ambiente.

Una discusión que también habla de identidad
Para Castillo, hablar del futuro de Vetas implica hablar de las personas que han construido su vida alrededor de ese territorio. La vocación minera, explica, tiene raíces históricas y culturales, por lo que la discusión ambiental también debe tener en cuenta las tradiciones, las familias y las generaciones que han habitado el municipio.
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“Esta economía está trazada por una cultura minera... Las comunidades, los municipios valen por lo que construyen en su tejido social, en su cultura, en sus tradiciones, en lo que los identifica unos a otros. Eso es lo más valioso en un territorio porque eso es lo que nos hace humanos”, señala. Por eso insiste en que el debate no debería simplificarse en posiciones de “pro minería” o “minería no”, sino reconocer la complejidad de las historias y realidades que existen detrás de cada postura.
Su experiencia como personero también le ha permitido observar las consecuencias que puede tener el escalamiento de la conflictividad. Según relata, las diferencias han llegado a episodios de violencia física y a acciones judiciales que han dificultado avanzar hacia una visión conjunta del territorio.
Frente a este escenario, su apuesta es clara: dialogar antes que polarizar.

El diálogo como punto de encuentro
Castillo considera que el diálogo, la comunicación y el entendimiento son herramientas fundamentales para abordar los conflictos. Su formación en resolución pacífica de conflictos y sus conocimientos sobre conflictividad social han reforzado esa perspectiva.
La primera tarea, explica, consiste en encontrar a los liderazgos que representan las diferentes visiones del territorio y generar las condiciones para que puedan encontrarse. No es sencillo. El escalamiento del conflicto ha producido distancias entre algunos de esos actores y, en determinados casos, situaciones personales y judiciales que dificultan el diálogo.
Sin embargo, desde la institucionalidad ya se han dado algunos pasos. La Personería de Vetas ha trabajado junto con la Defensoría del Pueblo Regional Santander y otros personeros de Soto Norte para promover espacios de encuentro. También se han realizado visitas y reuniones con representantes de Derechos Humanos y Derechos Colectivos de la Defensoría, quienes han escuchado tanto a habitantes del territorio como a colectivos ambientales de Bucaramanga y han conocido de primera mano la actividad minera y las discusiones técnicas relacionadas con la delimitación del páramo.
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Para Castillo, este trabajo debe ser colectivo. El siguiente paso es encontrar ese punto de unión que permita sentar a los diferentes liderazgos, conciliar las divisiones y construir nuevos discursos alrededor del territorio, el ambiente y la preservación de las tradiciones.
Además, este proceso también tiene una dimensión que va más allá del campo institucional. El cargo de personero tiene periodos de cuatro años y, al finalizar, es necesario volver a participar en un concurso público de méritos para continuar en ellos. Por eso, su propósito de seguir trabajando por Soto Norte trasciende su puesto actual. Después de más de siete años de experiencia en municipios de la provincia, su intención es continuar aportando al territorio, ya sea desde la Personería o desde otros escenarios, aprovechando el conocimiento construido y las experiencias acumuladas para seguir avanzando en una tarea que, para él, también se convirtió en una meta personal.
Liderar también es conocerse
Su participación en Lideremos le ha permitido darle estructura a esa apuesta. Castillo destaca las herramientas metodológicas que recibió para convertir una preocupación territorial en una iniciativa con una ruta de trabajo, pero también resalta un aprendizaje más personal.
El programa, explica, lo llevó a preguntarse quién es, qué quiere, cuáles son sus fortalezas y qué puede aportar desde sus particularidades. Más que una formación centrada exclusivamente en el proyecto, lo describe como un proceso de autodescubrimiento y como un espacio para crear vínculos con otros líderes del territorio.
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Ese aprendizaje hoy se conecta con su labor como personero. Su proyecto es ambicioso: contribuir a que un conflicto que ha dividido posiciones pueda ser abordado desde el reconocimiento mutuo y el diálogo, con el propósito de encontrar soluciones que permitan proteger el ambiente y, al mismo tiempo, reconocer las realidades culturales y sociales de Vetas. “Estoy completamente convencido de que para lograr soluciones el arma más poderosa que tenemos es el diálogo, la comunicación, el entendimiento”.
Castillo sabe que el objetivo no se alcanzará de manera inmediata. Pero considera que desde la institucionalidad se pueden dar pasos para acercar a quienes hoy están enfrentados.
Su apuesta es sencilla: para construir soluciones sostenibles, primero es necesario volver a escucharse.
















