El Laboratorio de Aguas, Suelos e Hidrobiológicos de la CDMB integra ahora la red sismológica, climatológica y de calidad del aire en un edificio moderno. Esto significa autonomía y la certeza absoluta de que el territorio que habitamos está resguardado por la mejor ciencia de vanguardia.

¿Qué gana un ciudadano de a pie con saber que el nororiente colombiano existe el Laboratorio de Aguas, Suelos e Hidrobiológicos más avanzado de la región e incluso del país? Gana la certeza de que existen herramientas científicas para vigilar los recursos naturales de los que depende su bienestar.
Tener en nuestra tierra este laboratorio significa contar con mayor capacidad para conocer la calidad del agua que consume, el aire que respira y las condiciones ambientales de su territorio, así como para identificar posibles fuentes de contaminación y tomar decisiones que protejan la salud y el entorno.
Precisamente, con este propósito, ayer la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga (CDMB) inauguró su nuevo Laboratorio de Aguas, Suelos e Hidrobiológicos, LASH, una infraestructura que marca un antes y un después en la gestión ambiental de Santander.
Situado junto a las instalaciones de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) de Río Frío, el laboratorio representa la recuperación de la capacidad científica y técnica de la CDMB, después de casi una década de limitaciones. La entidad perdió su histórica sede y su acreditación científica en 2015, y posteriormente enfrentó dificultades para desarrollar sus labores de monitoreo con autonomía.

Aunque la construcción del nuevo complejo comenzó años atrás, en 2016 las obras quedaron suspendidas y la edificación permaneció inconclusa. El proyecto tomó un nuevo impulso en 2020, cuando el director de la Corporación, Juan Carlos Reyes Nova, asumió el compromiso de reactivarlo, con una premisa clara: no se trataba solamente de terminar un edificio, sino de dotar a la región de una infraestructura científica moderna y confiable.

Según Reyes Nova, “hoy, ese propósito es una realidad. El laboratorio cuenta con equipos de alta precisión que permiten analizar muestras y obtener resultados trazables, fundamentales para evaluar las condiciones ambientales de los 13 municipios que hacen parte de la jurisdicción de la CDMB. Su tecnología facilita el estudio de diferentes componentes del agua, los suelos y los organismos hidrobiológicos, ofreciendo información científica que respalda las decisiones de las autoridades ambientales”.

María Alejandra Rincón, líder técnico del laboratorio, destaca la incorporación de un equipo OMNIS, que cuenta con un brazo robótico para automatizar procesos, así como de tecnología que funciona exclusivamente con agua y prescinde de reactivos químicos, contribuyendo a disminuir la generación de residuos y el impacto ambiental de las actividades de laboratorio.
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¿Y cómo se traduce toda esta tecnología en beneficios concretos para la ciudadanía? “En información confiable para proteger las fuentes hídricas, evaluar posibles vertimientos contaminantes, orientar el crecimiento de los municipios y prevenir riesgos ambientales”, respondió el Director General de la CDMB.

Los resultados del laboratorio serán un respaldo técnico para los planes de ordenamiento del recurso hídrico, los planes de manejo de vertimientos, la gestión del riesgo, el ordenamiento de cuencas hidrográficas y la política de humedales. En otras palabras, cuando una industria solicita autorización para descargar aguas residuales en un río o un municipio proyecta una intervención sobre su territorio, los análisis científicos permiten establecer las condiciones ambientales y aportar elementos objetivos para determinar qué actividades son viables y cuáles pueden representar una amenaza para los ecosistemas y las comunidades.

El nuevo complejo también hace parte de una estrategia integral de vigilancia ambiental. Allí funciona un Centro de Monitoreo que articula las actividades del laboratorio con el Observatorio Sismológico, la Red Hidroclimatológica y el Sistema de Vigilancia de Calidad del Aire. Esta integración permite reunir información sobre diferentes fenómenos que inciden en las condiciones de vida de la población.
Gina Juliana Rivera, técnico administrativo de la CDMB, explica que el propósito es ofrecer una visión global del comportamiento ambiental del territorio. Como parte de esta red, la entidad cuenta actualmente con 19 estaciones hidroclimatológicas distribuidas en su jurisdicción, encargadas de registrar variables como temperatura, humedad y precipitación, datos esenciales para comprender el comportamiento del clima y anticipar posibles situaciones de riesgo.

La infraestructura fue concebida, además, bajo criterios de sostenibilidad y exigencia técnica. El arquitecto Luis Alberto Uribe diseñó espacios que aprovechan la iluminación natural mediante domos y favorecen la ventilación, reduciendo la dependencia de energía eléctrica. De igual forma, debido a la cercanía con la PTAR de Río Frío, la construcción incorporó materiales y condiciones especiales de aislamiento para evitar interferencias externas que pudieran afectar las muestras y los resultados de los análisis.

Jesús Evelio Sánchez, coordinador de Gestión del Riesgo, destaca que uno de los principales retos fue garantizar que las instalaciones cumplieran con todos los criterios técnicos necesarios para desarrollar procedimientos confiables. Así, el proyecto combina funcionalidad, precisión científica y responsabilidad ambiental.
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Uno de los avances más importantes es la recuperación de la confianza científica mediante la acreditación bajo la norma ISO/IEC 17025, otorgada por el IDEAM. Este reconocimiento certifica la competencia técnica del laboratorio para desarrollar determinados ensayos y garantiza que sus resultados cumplen exigentes estándares de calidad.
Hasta el momento, la CDMB ha logrado la acreditación de 28 parámetros para la matriz de agua y proyecta ampliar progresivamente este alcance hacia análisis de suelos, lodos, sedimentos e hidrobiología, con la meta de avanzar en este proceso para 2027.

Leonel Herrera Roa, subdirector de Ordenamiento y Planificación Integral del Territorio, destaca que “alcanzar esta certificación exigió personal especializado, rigor técnico y un trabajo organizado por etapas”.
Para María Alejandra Rincón, “este resultado es fruto de años de esfuerzo, perseverancia y trabajo en equipo, que permitieron superar las dificultades y alcanzar un objetivo fundamental para la institución”.
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Como reitera Rincón, la comunidad puede tener la tranquilidad de que los resultados emitidos por la entidad cuentan con el respaldo de procedimientos acreditados: “Esto fortalece la vigilancia sobre las actividades que pueden afectar los recursos naturales y permite actuar con mayores fundamentos frente a situaciones que comprometan la calidad del agua, los suelos y el ambiente”.
Se trata de una herramienta que, aunque funciona detrás de los procesos técnicos, tiene efectos directos en la vida cotidiana de miles de habitantes.

Con la inauguración de este laboratorio, la CDMB recupera una capacidad estratégica para proteger el patrimonio natural de Santander y fortalece su respuesta frente a los retos ambientales de una región en constante crecimiento.

Más que una edificación moderna o una colección de equipos especializados, el nuevo complejo representa una apuesta por la ciencia al servicio de la gente: por ríos mejor vigilados, decisiones ambientales sustentadas en datos confiables y mayores garantías para preservar los recursos naturales de las próximas generaciones.
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El resultado es un avance institucional que se proyecta más allá de sus instalaciones y que pone al servicio de los santandereanos una herramienta fundamental para cuidar su territorio, proteger su salud y construir un futuro más sostenible.

















