El profesor, humanista y académico santandereano dedicó varias décadas de su vida a la educación superior, la filosofía y la formación del pensamiento crítico. También dejó un importante legado como escritor y columnista de Vanguardia.

Publicado por: Redacción Vanguardia
Falleció en Bucaramanga el profesor Reynaldo Suárez Díaz, reconocido académico, humanista e intelectual santandereano, cuya trayectoria estuvo estrechamente ligada a la Universidad Industrial de Santander (UIS), donde dedicó buena parte de su vida a la enseñanza y la formación de nuevas generaciones.
Su partida representa una pérdida para la educación y la vida intelectual de Santander, departamento en el que dejó una huella a través de su trabajo como docente, sus reflexiones sobre filosofía y ética, y sus publicaciones en libros y columnas de opinión en Vanguardia.
Hijo ilustre de Zapatoca, Suárez Díaz fue alumno destacado del Colegio Salesiano Santo Tomás de ese municipio, institución a la que regresaría años después como profesor. Desde joven sobresalió por sus capacidades académicas y su interés por el conocimiento, cualidades que marcaron el rumbo de una extensa trayectoria dedicada a la enseñanza.
Su formación académica incluyó una licenciatura en Filosofía en la Pontificia Universidad Salesiana de Roma, además de estudios en Pedagogía y Sicología de los Adolescentes en la Universidad de Estrasburgo, Francia; Francés en el Institut Catholique de París, y Matemáticas en la Pontificia Universidad Javeriana. También realizó una pasantía en Ética Filosófica y Ética Médica en la Universidad de Illinois, Estados Unidos, y estuvo al frente del Instituto Internacional Salesiano de Filosofía y Teología en Bogotá.
Una vida dedicada a la UIS y la educación
En la Universidad Industrial de Santander construyó una trayectoria de varias décadas, durante las cuales asumió importantes responsabilidades académicas y administrativas. En 1971 se desempeñó como director del Instituto Superior de Historia de Colombia; posteriormente, entre 1980 y 1984, dirigió la Oficina de Perfeccionamiento y Evaluación Docente.
Entre 1984 y 1986 fue decano de la Facultad de Ciencias Humanas y Educación, y entre 1988 y 1989 estuvo al frente del Departamento de Artes. Su recorrido en la institución también incluyó su labor como profesor titular laureado del Departamento de Ciencias Sociales, desde donde contribuyó a la formación de generaciones de profesionales.
La UIS destacó su erudición, generosidad intelectual y compromiso con el fortalecimiento de la educación superior, el pensamiento crítico y la ética. En su mensaje de condolencias, la institución lo recordó como un maestro ejemplar y un amigo entrañable, que dedicó gran parte de su vida al desarrollo académico de Santander y Colombia.
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Un legado que trasciende las aulas
Más allá de sus reconocimientos y responsabilidades académicas, quienes conocieron a Reynaldo Suárez Díaz destacan su calidad humana, su generosidad y su compromiso con su tierra. Fue un hombre cercano a las actividades de su natal Zapatoca, un padre ejemplar, esposo y referente para quienes encontraron en sus enseñanzas una inspiración.
“Fue un gran ser humano con quien tuve la dicha de compartir 50 años de matrimonio. Fue excepcional, amoroso, responsable, respetuoso y lleno de innumerables cualidades”, relató su esposa, Constanza Villamizar, quien agregó que siempre ha tratado de inculcarles a sus hijos, Paola Juliana y César Felipe esos valores que para Reynaldo fueron muy importantes.
“Damos gracias a Dios por premiarnos con un esposo, padre y abuelo ejemplar que anidó solo bondad en su ser”, reiteró Constanza, quien insistió en que Reynaldo siempre consideró la envidia, el resentimiento y el orgullo como “las causas de las mayores desventuras”.
Precisamente, su pensamiento y sus lecciones de vida también encontraron espacio en la escritura. A través de sus libros y columnas en Vanguardia compartió sus reflexiones y conocimientos, aportando al debate intelectual y a la comprensión de distintos asuntos de la sociedad.
Con su fallecimiento, Santander despide a uno de sus destacados maestros, cuya vocación de servicio y amor por el conocimiento permanecerán en las instituciones, las páginas que escribió y, especialmente, en las personas que tuvieron la oportunidad de aprender de él.
“Imposible no llorar su partida a quien nos dio tanto. Sus lecciones de vida orientarán el resto de nuestros caminos. Lo llevaremos por siempre en nuestros corazones”, concluyó Constanza.














