sábado 21 de marzo de 2020 - 12:00 AM

Historias de esperanza en medio de las dificultades en Bucaramanga

Aferrarse a la familia y solidarizarse con las personas más cercanas es la invitación que nos hacen esos héroes ocultos en la comunidad de Bucaramanga.
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Padre y madre, que estaban tristes porque su hijo parecía alejarse cada vez más, se dieron cuenta de que la actual crisis se los acercó nuevamente; una empleada de servicio, de 71 años, se quedó sin trabajo para pagar el arriendo, pero recibió, de una de sus patronas, la solución a sus problemas; un vigilante se convirtió en el ángel de la guarda de unos ancianos; y un niño de 10 años no se cambia por nadie porque tiene a sus padres las 24 horas.

En tiempos donde parece que el virus COVID-19 acaba con las esperanzas del mundo, en la comunidad del Barrio Diamante II de Bucaramanga se encuentran historias que demuestran el lado más humano de la gente.

En los últimos años, don Antonio y su esposa se han visto afligidos por el alejamiento de su hijo menor, quien por cuestiones laborales y la organización de su propio hogar, no pasa a visitarlos con regularidad.

Sin embargo, ante las noticias del virus, el ‘hijo pródigo’ apareció. “Ahora nos llama todos los días y pasa a visitarnos; nos trajo un mercado para que no salgamos, también nos compró tapabocas y alcohol; y nos recordó lo mucho que nos quiere”, relató emocionado don Antonio, quien por fortuna disfruta de su pensión y ahora la más feliz es su esposa que ya no tiene que cantaletear porque se va a jugar cartas con sus amigos.

“Me toca quedarme en casa, porque ya tengo 65 años y es mejor prevenir que lamentar, solo he salido, como ve, a comprar unas cosas a la tienda”, indicó.

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Cecilia, de 71 años, quedó desamparada ante la medida del Gobierno Nacional que la obligó a resguardarse en casa para reducir los riesgos de contagio, debido a que los adultos mayores son los más vulnerables frente al virus.

Es empleada doméstica y las familias en las que trabaja le comunicaron que mientras pasa la situación, no podrán darle empleo; y sin trabajo no tiene para comer y tampoco puede pagar el arriendo de su pieza.

Sin embargo, una de sus patronas le abrió las puertas de la esperanza. “Ella vive en la casa de una de las hijas, a quien le cuida la bebé; entonces me dijo que me fuera para la casa de ella, que está sola; me dio un dinero para que compre comida y así puedo estar más tranquila, porque me ahorro la plata de la pieza”, dijo Cecilia.

Uno de los guardas de seguridad de un conjunto residencial del sector asumió la responsabilidad de ayudar a un par de ancianos, que encontraron en él al hijo que les compra lo que necesitan y evita que tengan que salir a exponerse en la calle.

“Ayer me crucé al vigilante en el ascensor del conjunto. Llevaba unas bolsas con mercado y me comentó que eran para los abuelitos. También me dijo que les recogía la basura y los ayudaba en lo que podía”, relató un vecino.

Y el pequeño Pipe, aunque extraña jugar con sus amigos del colegio y también del barrio, por estos días no se cambia por nadie porque debido al teletrabajo, sus padres están en casa y puede compartir con ellos todo el tiempo.

“Nos tocó correr los muebles de la sala para jugar fútbol con una pelota pequeña, porque a veces el niño se aburre mucho y tampoco queremos que se la pase con los videojuegos”, dijo el padre.

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Cada día las calles están más desoladas y un buen número de los residentes del Barrio Diamante II decidieron tomar la medida de quedarse en casa, aunque otros, por tema laboral, no les queda otra que salir a buscar el sustento de sus seres queridos.

El parque del Diamante II, habitualmente centro de la congregación de los niños y los ancianos, por estos días están desolados como medida de prevención del COVID-19
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