lunes 15 de julio de 2019 - 3:37 PM

‘La calle de los libros’ en el Centro de Bucaramanga

Ejemplares de física, química, historia, hasta novelas románticas y de superación personal, es lo que puede encontrar en esta calle donde reposan miles de libros aguardando a ser leídos.

Hay un lugar en el Centro de Bucaramanga que todavía es desconocido por muchos, un rincón lleno de sueños, magia, historias, amor, física, química y un sin fin de posibilidades plasmadas en hojas de múltiples colores y olores.

Ya lo dijo Mafalda en una de sus tantas aventuras: “Vivir sin leer es peligroso, te obliga a creer en lo que te digan”. Y es que hay quienes creen que la lectura es fundamental para acabar con la ignorancia y formar ciudadanos inteligentes y críticos capaces de entender la realidad en la que se enfrentan.

Es por eso que esta calle, que deja de llamarse ‘La 42’ para ser conocida como la ‘La calle de los libros’, es un espacio modesto pero exorbitante de cultura y sabiduría para quienes decidan recorrer esos 100 metros buscando ilustrarse o entretenerse.

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‘Los libreros’

Al mejor estilo de El Centro son atendidas las personas. “Siga mami ¿Qué libro busca? Se le tiene el económico, el de pasta dura, original, de segunda ¿cómo lo quiere?”. Así, son varios los vendedores que tratan de ‘atrapar’ a cualquier transeúnte que vean con la intención de comprar.

Locales grandes, pequeños, sencillos. Con mesas, anaqueles y canastas que exhiben los libros dependiendo del precio y la promoción. Hay libros de mil, 2 mil, 5 mil... A veces puede llevarse 12 por 10 mil. Todo depende de lo que busca.

Reinaldo Vargas es uno de los ‘libreros’ más conocidos de la calle. Ha dedicado 47 de sus 70 años al negocio. A pesar de que no es un lector empedernido y que sus gustos de lectura no van más allá de textos sobre plantas medicinales u oraciones, decidió dedicarse a esto porque lo vio como una buena oportunidad económica. “Yo me motivé, dije, esto es lo mío. Me di cuenta que la gente botaba libros originales en buen estado, yo los recogía o los compraba y empecé a venderlos”.

$!Libros de todas las clases son los que puede encontrar en cualquiera de estos locales.
Libros de todas las clases son los que puede encontrar en cualquiera de estos locales.

La mayoría de los libreros de la calle no solo cumplen una función educativa y cultural, pues gracias a su labor permiten que las personas adquieran conocimiento y ejerciten su imaginación, sino que también cumplen con una tarea amigable con el medio ambiente, ya que casi todos los ejemplares que se venden son libros de segunda mano que fueron rescatados para ser renovados y que la gente pueda aprovecharlos.

Reinaldo expresa que él es uno de los últimos ‘viaja guardia’ que quedan en el negocio. Antes, este mercado de libros estaba ubicado en la carrera 15, pero por razones que en este momento no recuerda fueron sacados de allí y ubicados en la calle 42.

Se quita su gorra y se rasca la cabeza cuando le pregunto cuántos libros cree que tiene en su negocio. Contesta que alrededor de 3 mil o más.

Por fuera, el negocio se ve pequeño pero es, quizá, el más grande y el que más libros tiene de toda la calle. Cuenta con una pequeña entrada que conduce a un laberinto de conocimientos plasmados en paredes de papel con pasta de cartón de múltiples colores.

Como Reinaldo, por esa misma acera, se encuentra el local de Henry Hernández, quien tiene 52 años y desde hace 40 se dedica al comercio de los libros.

$!Él es Henry Hernández. Ha dedicado 40 de sus 52 años a la venta de los libros usados. Su negocio, un poco más pequeño, es grande en variedad y textos. Foto: Danilo Prada
Él es Henry Hernández. Ha dedicado 40 de sus 52 años a la venta de los libros usados. Su negocio, un poco más pequeño, es grande en variedad y textos. Foto: Danilo Prada

En su negocio, mucho más pequeño pero grande en variedad, se puede encontrar toda clase de géneros literarios. Decidió emprender en esto porque siente que “es un trabajo ‘descansadito’ y ayudo a que las personas se instruyan”. Expresa que la razón de la economía es porque siempre están pendientes de los libros que vayan a botar, compran grandes cantidades a buen precio y los venden a bajos precios. Manifiesta que este ‘rinconcito’ es una salvación para aquellas personas que viven en poblados rurales, donde todavía no hay Internet, ellos son los que dejan que todavía no se acaben las famosas enciclopedias.

En la acera de en frente se encuentra Juan Lizarazo, el librero más joven que pude encontrar. Su tienda va de acuerdo a su edad, tiene una entrada grande y luce más moderna y cuidada que los otros. Hace 15 años se dedica al negocio porque su papá también tenía una librería, luego trabajó con una tía y decidió independizarse.

$!En la imagen está Juan Lizarazo, el más joven de los libreros. Junto a él el hombre que se encarga de restaurar los libros que se encuentran en peor estado. Foto: Danilo Prada.
En la imagen está Juan Lizarazo, el más joven de los libreros. Junto a él el hombre que se encarga de restaurar los libros que se encuentran en peor estado. Foto: Danilo Prada.

El mecanismo es el mismo que usan los dos personajes anteriores. Rescata libros usados para luego venderlos a precios económicos.

Mientras le sigo preguntando, no descuida ni un segundo la entrada, me dice que lo acompañe al frente para estar pendiente y no dejar escapar ningún cliente.

‘El enemigo de los libros’

Los tres personajes anteriores, coinciden en que los tiempos han cambiado y con las nuevas tecnologías, la gente ya casi no lee el libro tradicional.

Reinaldo reflexiona y expresa que “el negocio está pesado. Antes se movía mucho más, pero ahora la gente casi no lee”. Para él, el enemigo más grande del libro es la Internet. “La gente ya no abre un libro, ahora todo es por los celulares”, dice. Cuando le pregunto sobre una solución a esta problemática, propone algo drástico, un tanto imposible “acabar con la Internet”, contesta.

$!‘La calle de los libros’ en el Centro de Bucaramanga

Juan piensa que la gente puede leer lo que quiera en Internet, es por eso que las ventas se han disminuido considerablemente en los últimos años.

Henry, manifiesta que personas de pueblos y veredas vecinas, vienen hasta su negocio para poder disfrutar de un buen libro, esto debido a que en esos lados el acceso a Internet es escaso.

Sin embargo, afirman que no todo se ha perdido, y a pesar de la revolución tecnológica en la que nos encontramos, todavía hay quienes prefieren un libro tradicional sobre los llamados ‘eBooks’.

“No hay nada como sentir la tapa, abrirla y empezar a ojear, utilizar el separador”, expresa Reinaldo.

“Todavía están los que prefieren el libero físico, porque les encanta el olor del papel, sea nuevo o viejo”, dice Juan.

Y Henry manifiesta que si todavía la gente compra libros, es por un tema de salud. “Leer tanto por celular y computador cansa los ojos y puede producir daño. Es ahí cuando las personas vienen”.

Por eso, en contra del pensamiento de muchos, el libro tradicional se mantiene vigente, pues solo los amantes de la lectura pueden valorar el majestuoso sentimiento de abrir un libro, sentir su olor y su textura, y adentrarse ahí para apartarse un poco de todo, la tecnología incluida.

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Los libros

Estos tres libreros concuerdan en que, en general, el público adulto y joven es el que más visita sus negocios. “Son ahorita los jóvenes los que más están leyendo, sobre todo universitarios”, cuenta Reinaldo. Sin embargo, en su negocio, son varios los adultos mayores los que llegan a comprar libros.

En cuanto a los géneros predilectos por la población, dicen que la literatura clásica, las novelas literarias y las historias adolescentes son los que mandan la parada. Coinciden en que hay un género especial que es buscado por muchos: superación personal.

Autores como Walter Rizo, Paulo Coelho y Carlos Cauhtémoc Sánchez, son los más solicitados por sus clientes.

Sin embargo, también hay de Historia Universal, Metafísica, Educación Sexual, entre otros. Quizá todo lo que una persona quiera y crea que pueda leer, puede encontrarlo aquí.

$!‘La calle de los libros’ en el Centro de Bucaramanga

Esta calle esconde innumerables tesoros, no solo por lo que pueden ofrecer a cualquier mente los libros que ahí tienen, sino porque allí habita lo que puede ser considerado como un patrimonio de memoria histórica, libros originales con ediciones de mitad del Siglo XIX y principios del Siglo XX. Reliquias preciadas que sostienen simples y sencillos anaqueles esperando a que algún coleccionista se los lleve. Claro está, estos ejemplares son mucho más costosos que los otros.

Es así como ‘La calle de los libros’ se convierte en la alternativa perfecta para aquellos amantes de la lectura que no tienen el suficiente dinero para invertir en un texto, para esos que piensan que, quizá, ya no tienen nada que leer. Un sitio, que todavía es dejado a un lado por muchos, sin comprender el valor que tienen esos 100 metros de pura sabiduría, imaginación y de historias aguardando por ser descubiertas

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