El fin de semana, con la noticia del cierre de un reconocido restaurante de Bucaramanga, se vio de frente la crisis que afronta el sector por las medidas de aislamiento en el marco de la prevención de la pandemia por coronavirus.

Publicado por: Daniela Puentes Rueda
Carlos Jesús Contreras Ayala, chef y presidente de la Asociación Colombiana de la Industria Gastronómica, Acodres, aseguró a Vanguardia que las noticias de cierres de restaurantes serán más frecuentes, todo por cuenta del COVID-19.
“Los costos de sostenimiento de los restaurantes, especialmente aquellos ubicados en estratos 5 y 6, se hacen muy caros y escasamente la operación por domicilio alcanza a cubrir los gastos”, dijo Contreras.
El chef, quien además es propietario del restaurante Maíz Pelao, explicó que Bucaramanga debe prepararse para ver más restaurantes cerrar, como pasó con Cabrón el pasado fin de semana.
Los propietarios de este restaurante, que combinaba la gastronomía típica de Santander con un toque moderno, anunciaron que cerrarían sus puertas a causa de la crisis económica que viene detrás del coronavirus.
“Un día nos unimos un grupo de santandereanos llenos de ilusión y diseñamos este sueño llamado Restaurante Cabrón, nuestro propósito era enaltecer a Santander y que cada detalle nos recordara lo fuertes que somos. Lo hicimos, lo cumplimos, pero hoy con mucha tristeza tenemos que reconocer que no pudimos seguir en la lucha. Somos uno más de los 22.000 restaurantes que están cerrando todos los días a causa de la crisis económica del Covid-19”, explicó el restaurante en sus redes sociales.
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De acuerdo con Rafael Mendoza, fundador de Zirus Pizza, la pandemia ha maltratado más a los llamados restaurantes ‘a manteles’, aquellos cuyo atractivo también es la experiencia, las locaciones.
“Los que vendemos comidas rápidas, que ya teníamos fuertes canales de venta vía domicilio, nos hemos visto en aprietos. Pero no tanto como aquellos que apenas estaban comenzando con esto o que tenían como modelo de negocio la experiencia de ir al sitio”, dijo Mendoza.
Tal es el caso de restaurantes como Battuto, Cotiza Longaniza y Chicken Box. Su chef y creador, Carlos Ibáñez, le contó a Vanguardia que actualmente está vendiendo entre un 15 y 18% durante el aislamiento.
“Ha sido complicado. Los esfuerzos para mantener la nómina completa han sido grandes. El panorama desolador. Quisiera ser más positivo, pero por ningún lado es alentador. Si no estamos vendiendo es imposible que nos mantengamos”, comentó Ibáñez.
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A este comentario se une Stella Acevedo Silva, propietaria de Stella Carnes y Vinos y Diner American Kitchen, quien explicó que, aunque no quiere perder la esperanza, el futuro no se ve tan consolador.
“Los restaurantes son uno de los lugares de esparcimiento de las personas, donde estaban acostumbrados a distraerse. En mi caso, Stella Carnes y Vinos se caracteriza porque la persona viva la experiencia, por lo que en domicilios no es muy conveniente. Con Diner American Kitchen tenemos más venta activa, pero está insostenible”, dijo Acevedo.
Parte de los problemas que afrontan estos establecimientos tiene que ver no solo con el alto canon de arrendamiento sino con los costos de servicios públicos, intermediaros como Rappi y la poca ayuda de los gobiernos locales y nacionales.
Antes del toque de queda y el aislamiento obligatorio, en el área metropolitana habían cerca de 6 mil restaurantes, de acuerdo con Acodres. Por el momento, es impredecible determinar el número de negocios que seguirá en pie después de la pandemia.
“No sabemos cuántos más han cerrado. Muchos no han renovado Cámara de Comercio. Es que incluso debemos seguir pagando obligaciones como Sayco y Acinpro pese a no abrir. La economía de restaurantes es del día a día y ya vamos para tres meses cerrados o trabajando a poca marcha”, enfatizó el chef.
Además de los problemas actuales, se suma la incertidumbre de cuándo podrán volver a funcionar como en época pre COVID, pese a que Fenalco anunció que están trabajando para que éste tipo de establecimientos abra sus puertas nuevamente.
“Todos estamos con el ánimo arriba, con las ganas de seguir, hasta que vemos las deudas. Y no sabemos qué viene. Porque fuimos los primeros en cerrar y seremos los últimos en abrir y tenemos claro que las restricciones serán estrictas. El panorama es muy complejo. No sabemos tampoco cómo se moverá el gasto de los hogares”, dijo Contreras.
El presidente de Acodres explicó además que la escena gastronómica de Bucaramanga se podrá ver severamente afectada por las medidas para evitar la expansión de la pandemia, que se ejecutarán cuando este tipo de negocios vuelva a abrir sus puertas.
“No sabemos cómo será después. No sabemos si los consumidores prefieran invertir en otras cosas, por la misma crisis económica. Bucaramanga tenía una buena escena y no hemos dimensionado qué tanto se va a afectar”, explicó el líder del gremio.
La pregunta, para Ibáñez, no es cuándo volverán a abrir sino cómo porque ningún restaurante se planeó para operar con solo el 30% de su capacidad. “Porque no es rentable que trabajemos a 30% de nuestra capacidad pagando arriendos y nómina completa. Los restaurantes dejan un 10 0 15% de ganancias y vendiendo el 30% no sobrevivirá nadie”.
Para Stella Acevedo, la idea es seguir ideando nuevas formas de atender al cliente en medio de los protocolos que les exigirán para abrir por eso, aseguró que no siente que haya perdido la batalla, “porque sigo estudiando y preparándome para cuando los clientes vuelvan. Tengo miedo, pero no he perdido la esperanza. Creo que a todos en este gremio nos toca volver a empezar, de cero”.















