lunes 17 de febrero de 2020 - 11:58 AM

Los sueños detrás de un puesto de empanadas

En la ciudad hay cientos de vendedores ambulantes que, muchas veces, pasan desapercibidos. Sin embargo, David Guerrero, un joven estudiante universitario pudo ver más allá y descubrió la historia de una familia con sueños, los cuales quiere ayudar a cumplir.
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La venta callejera de empanadas se ha convertido en una de las fuentes de ingresos más importantes de los trabajadores informales. Para todos se ha vuelto muy común ver cientos de ‘puestos’ localizados en cualquier parte de la ciudad y a cualquier hora del día.

Para la mayoría de nosotros, hombres y mujeres de ciudad, que casi siempre estamos afanados y preocupados por nuestros propios problemas, es muy difícil detenernos para descubrir y conocer a la persona que está detrás de ese puesto o venta ambulante que se encuentra en la calle, cómo es su vida, cuáles son sus sueños y sus metas.

Sin embargo, David Guerrero, un estudiante universitario, sí pudo ver más allá de lo que los demás ven. Allí, en donde la mayoría de personas observaba a unos simples vendedores de empanadas afuera de su universidad que pasaban desapercibidos, él logró descubrir a una familia con sueños, agradecida con su pequeño negocio, pero con la ilusión de crecer y buscar algo mucho mejor.

El puesto conformado por una pequeña mesa de madera, una ‘cava’ de icopor en donde se almacenan las empanadas y dos sillas, es mucho más sencillo que los demás que se hacen afuera de la universidad. Pero esto no fue lo que llamó la atención de David. En realidad, lo que lo soprendía era que en algunas ocasiones un niño y una niña acompañaban a una mujer en el negocio.

$!Foto: Jaime Del Río/ VANGUARDIA
Foto: Jaime Del Río/ VANGUARDIA

Fueron los pequeños quienes lo conmovieron y con los que empezó a acercarse para conocerlos mejor y quitarse cualquier tipo de prejuicio que había construido por verlos en la venta.

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Así fue como estableció una relación de amistad con José y Sofía, dos hermanos de 13 y 12 años, cuyas vidas no se alejan de las de cualquier niño de su edad. Al conocerlos, David se dio cuenta que como la mayoría, la inocencia era su rasgo característico, le contaron que una de las cosas que más les gustaba era jugar con sus amigos, que amaban la tecnología y que querían descubrir todo acerca del mundo.

Aunque tenían una vida normal, propia de cualquier niño, en algunas ocasiones José y Sofía sí debían salirse de la rutina para ‘echarle una mano’ a su madre, Ángela, quien con toda la ‘verraquera’ y el empuje de la mujer santandereana, había sabido sacarlos adelante, no solo a ellos, sino a su otra pequeña hija que tiene una discapacidad cognitiva.

Ángela, quien es madre soltera, incansablemente ha intentado por mucho tiempo encontrar un trabajo estable en donde su sueldo sea fijo y puedan brindarle todos los beneficios que un empleo legal es capaz de ofrecer. No obstante, aunque la búsqueda no ha surtido efecto, como toda buena colombiana se las ha ‘rebuscado’ para conseguir de manera honrada su sustento y el de sus hijos.

Hizo manualidades, también decoraciones, pero lo que más le ha ayudado para solventarse ha sido ‘plantarse’ por dos años afuera de la universidad donde estudia David a vender empanadas.

“Los muchachos de aquí son muy colaboradores y amables, pero yo quisiera tener un trabajo fijo porque a veces no nos alcanza la plata. Cuando no hay clase, eso me afecta mucho”, dice Ángela.

$!Foto: Jaime Del Río/ VANGUARDIA
Foto: Jaime Del Río/ VANGUARDIA

Por otro lado, no ha encontrado un colegio que tenga las condiciones especiales que necesita su hija más pequeña para recibir una educación, por lo que le tocado multiplicarse y ‘guerrearla’.

Esa ha sido la razón por la que José y Sofía, a pesar de su corta edad, han sentido que tienen el deber de minimizar el sacrificio que su madre hace por ellos. Al fin y al cabo, solo se tienen los unos a los otros.

“No hay ningún problema en ayudarle a nuestra mamá, para nosotros es una muestra de agradecimiento con ella por todo lo que ha hecho”, dicen los niños.

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Y es que, efectivamente, estar dispuestos a ayudarle a Ángela en lo que más pueden, no ha interferido en su proceso ni en su desarrollo. Es más, han sabido destacarse en su colegio como unos de los más ‘pilos’ de sus clases.

“Yo acompañé a José al grado de quinto primaria. Que estos hermanos le ayuden a su mamá, habla de sus personalidades, no pierden el tiempo en la calle, son unos niños responsables, tienen una muy buena actitud y se les hace muy fácil generar empatía con otras personas. Son muy serviciales, así es que se necesitan los profesionales”, expresa David.

Así fue como David tomó su celular, le tomó unas fotos a José recibiendo su diploma y vendiendo empanadas. La historia se hizo viral y emocionó a más de un internauta. La intención: lograr que José entrara a un curso de inglés y que su mamá encuentre un trabajo estable.

Gracias a la confianza y a la amistad que surgió, David descubrió que uno los sueños de José era estudiar inglés, sueño que su hermana Sofía también comparte y que, mediante la ayuda de las personas, también se pudo cumplir.

“La meta era también ayudar a Sofía. Hicimos colectas, recibimos donaciones y también logramos matricularla para que estudiaran los dos y quedaran en el mismo curso”, comenta David.

$!Jaime Del Río / VANGUARDIA
Jaime Del Río / VANGUARDIA

La felicidad fue enorme, no solo para los niños, sino para Ángela, quien se sintió conmovida y agradecida, no solo con David, sino con cada una de las personas que ayudaron.

“Nosotros llevábamos intentado entrar al curso desde hace rato, pero no habíamos podido. Me siento feliz porque para entrar a cualquier trabajo es muy importante el inglés, ellos son muy buenos estudiantes, yo sé que les va a ir bien porque el inglés les fascina, es la materia en la que mejor les va”, manifestó contenta Ángela.

Así, aunque diferentes, el sueño en común que tenían estos dos hermanos pudo hacerse realidad. Lo que significa que cuando Sofía llegue a ser la ingeniera de sistemas que anhela, con sus propia empresa multinacional, la barrera del idioma no será problema. Y José, cuando llegue a ser ese abogado que no le va a cobrar a quien lo necesite, también tendrá la oportunidad de llegar a más lugares con la facilidad que proporciona dorminar otro idioma como el inglés.

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Ahora, solo resta encontrar un trabajo digno para Ángela en donde pueda sentirse segura, confiada en que sin importar la temporada, su oficio no se va a detener y sus hijos no necesitarán ayudarla.

De esta manera, ‘los niños de las empanadas’, como ya muchos los conocen, y su mamá, han sabido salir adelante y alcanzar sus metas. No con limosnas, como muchos creen, sino con solidaridad, con ese impulso que a veces todos necesitamos para levantarnos, para seguir y hacer menos difícil el camino, no ignorando ni volteando la mirada, sino como hizo David, ver más allá de un humilde puesto de empanadas.

*Si usted conoce de algún empleo para Ángela, o desea ayudar a esta familia de alguna manera, puede contactarse al número 310 5331489

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